Mariel Vanín, oriunda del departamento de Santa Rosa, es Ingeniera Agrónoma especializada en Estadísticas (Universidad de Buenos Aires) y en Biometría y Economía de los Sectores Sociales (Universidad Nacional de Córdoba). Ha trabajado en el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen) desde su constitución. Se ha desempeñado en diferentes emprendimientos tanto públicos como privados entre los que se destacan la Gerencia General del Instituto de Desarrollo Rural, la Dirección de Desarrollo Económico del Departamento de Santa Rosa y como oficial de Enlace Fairtrade International para Argentina y Uruguay.

En esta segunda entrega, la Ing. Agr. Vanín nos habló sobre la agricultura en la provincia, la importancia de la vid como factor productivo de Mendoza, los proyectos nacionales e internacionales del Iscamen, las capacitaciones para productores que brindan, el “Programa Agroecología” y su impacto positivo en el medio ambiente, entre otros temas.

-¿Cuáles son las principales actividades agrícolas?

-Mendoza tiene unas 300 mil hectáreas cultivadas. Y la provincia es un desierto, todo lo que se ha cultivado es en base a riego artificial, nosotros vamos conduciendo el agua por acequias para que llegue a las fincas y ahí regarlas. De estas 300 mil hectáreas, más o menos la mitad, un poco más, unas 160 mil hectáreas son de uva que está en toda la provincia. Tiene unas 75 mil hectáreas de frutales. Estos frutales son muy variados porque tenemos peras, manzanas, duraznos, ciruelas. Recientemente ha crecido mucho la superficie de frutos secos, especialmente el nogal.

También hay una importante superficie de olivo y de la parte hortícola, con hortalizas de verano y de invierno. Tenemos, principalmente tomates, en la parte de verano, que es la más importante, ya que se utiliza para fresco y para industria. Y tenemos al rey de las hortalizas que es el ajo, con una gran importancia exportadora.

Para todas estas actividades es que trabajamos mucho no solo en la liberación del insecto estéril o en los otros programas activos, sino también en muchísima capacitación a los productores. Hacemos mucho trabajo con ellos con las buenas prácticas agrícolas, el llenado del cuaderno de campo, la concientización del uso racional de agroquímicos y cómo deben cuidarse, para que todo esto, no solamente redunde en que tengamos una producción segura e inocua, sino que también, redunde en la salud del productor y de su familia.

-¿Qué proyectos se están llevando a cabo actualmente?

-Además de los proyectos que ya mencioné, me gustaría agregar que, en el último tiempo, ha tomado una gran dimensión y un gran interés nuestro programa de agroecología. Este programa se inició hace varios años en el Iscamen, donde lo que se hacía era criar insectos benéficos, por ejemplo, la más conocida, es la Vaquita de San Antonio. Porque cada plaga tiene insectos con los que pueden ser combativas, liberándolos en el campo y así acabar con esas plagas de una forma natural.

Al principio, se hacía con unas pocas especies, porque son todos insectos muy delicados, con los que hay que trabajar en cámaras de crías, en condiciones especiales, con dietas especiales. Y realmente, en los últimos años que ha habido tanto auge con el cuidado del medio ambiente y con la concientización en estos temas, y también, con tratar de minimizar la contaminación en todas las actividades, ha crecido mucho la demanda de la agroecología. También hay una demanda desde la producción orgánica, ya que muchos productos que se están exportando necesitan trabajar con algunos insectos como una alternativa agroecológica para evitar el uso de insecticidas.

En sus inicios, el programa se llamaba “Control Biológico”, pero luego nos dimos cuenta que al productor no sólo teníamos que darle los insectos benéficos sino que teníamos que enseñarle a hacer el manejo en la finca, para que los insectos al ser liberados se quedasen en la finca. Por ejemplo, hubo que enseñarles que no debían usar insecticidas por otro lado porque iban a matar a los insectos dañinos pero también a los benéficos. También que aprendieran a cultivar flores de ciertos colores, que pudieran atraer a los insectos benéficos. Hay que hacer ciertas prácticas que acompañen a la liberación de esos insectos.

Así que ahora no sólo trabajamos en la cría y la distribución de esos insectos sino que también hacemos muchísima capacitación para que el Programa Agroecología crezca y así está sucediendo. Creció muchísimo y estamos muy contentos porque significa que estas prácticas se van incorporando más a la producción tradicional.

-¿Se extendieron a otras provincias con el Programa Agroecología?

-La verdad es que esto lo hacemos nosotros a nivel provincial, si bien en algunos casos, quizás intercambiamos experiencias con otros organismos. Estamos trabajando mucho con el Senasa a nivel nacional, y son ellos quienes hacen el relacionamiento con otras provincias.

Por ejemplo, con el tema mosca de las frutas, nosotros liberamos moscas en Mendoza y en Patagonia. Todo lo que se pueda coordinar con otras provincias o regiones, lo vamos trabajando con el Senasa.

-Entiendo que tienen capacitaciones ¿de qué temas son y para quiénes están dirigidas?

-Justamente ahora estamos trabajando con el Sindicato de Contratistas. Ellos son trabajadores rurales que además participan con una proporción de la producción obtenida. En la provincia hay una ley que los rige y se llaman “Contratistas de Viñas y Frutales”.

Viven todo el año en la finca, viven con sus familias, y les proveen vivienda. El obrero rural trabaja todo el año allí, y cuando se cosecha le corresponde una parte de la producción. Entonces, como en ese trabajo, en general, se involucra toda la familia, trabajamos mucho con ellos en las capacitaciones de diversos temas, no solamente el cuaderno de campo y el uso de agroquímicos.

-¿La pandemia interfirió con sus programas?

-Interfirió pero de alguna manera nunca paramos. Desde el principio, desde el año pasado, cuando se empezó con las medidas restrictivas, lo primero que se hizo en la provincia fue apoyarse en las barreras sanitarias. El tránsito estaba restringido pero no se prohibía el ingreso de las cargas, entonces los transportes de cargas sí tenía permitido el ingreso. Y lo que se implementó fue pedirles a los transportistas una declaración jurada en las barreras sanitarias, y eso iba al Ministerio de Salud.

Así que por un lado se hizo esto y se contuvo también con el programa de mosca de la fruta. La bioplanta es algo imposible de parar, así que se armaron los protocolos correspondientes, se redujo un poco el nivel de operaciones, pero los programas nunca se detuvieron.

Lo que sí han cambiado son las capacitaciones: antes se juntaban los productores en algún lugar y nos reuníamos en un salón municipal o en una sede del INTA, y se exponía de manera presencial. Eso ya no se pudo seguir haciendo y no sabemos cuándo se pueda volver a hacer, así que ahora hacemos algunas actividades presenciales en alguna finca, con pocos productores y mucha virtualidad. Esto nos obligó a cambiar las metodologías, a contactarnos con el productor vía WhatsApp, estableciendo otro tipo de relación. Todo con mucho más esfuerzo pero haciendo todo para que el vínculo con los productores no se pierda.

-¿Con qué tipo de productores trabajan?

-Trabajamos con todos los tamaños de productores. Por ejemplo, el Programa de Agroecología que empezó con productores orgánicos que eran muy chicos, hace unos 6 años atrás, una empresa del sur de Mendoza que exporta pulpa de durazno, para alimento para bebé, nos pidió ayuda porque necesitaban que esa pulpa fuera orgánica. Y había una plaga específica que es como un taladrillo, que le decimos bicho mulita, que era sumamente difícil de combatir y causaba un daño muy grande. Siempre se había combatido con insecticidas y no había forma de lograr un cultivo orgánico. Y se ajustó la técnica, y con sus controles biológicos, se empezó a trabajar en aproximadamente 150 hectáreas de esta empresa, y se posicionaron como uno de nuestros principales beneficiaros. Para nosotros es una alegría que una empresa grande, que muchas veces son reacias a estas tecnologías, se las haya ingeniado para poder adaptarse y usar las tecnologías que nosotros tenemos.

Y los productores pequeños son los que nos ganan el corazón, así que siempre tratamos de llegar a ellos, de facilitarles un poco sus actividades con capacitación, con los insectos, con los cuadernos de campo, porque a ellos todo se les hace más difícil. Y en el caso de mosca o de lobesia, nosotros estamos trabajando en forma masiva, que es el manejo de plagas de grandes áreas. Tenemos distintas zonas de trabajo, entonces si nosotros hacemos una aplicación aérea de feromonas o hacemos una liberación de insectos, lo hacemos en una zona y en esa zona puede haber fincas grandes y pequeñas, se benefician todos.

Con la polilla de la vid, como es una plaga nueva, y nuestros agricultores no estaban acostumbrados a manejar insectos, tuvimos que dar muchísima capacitación que fue para los productores grandes y para los pequeños, para grandes empresas y para las bodegas internacionales. Ahí hubo que ponerse a trabajar en un tema nuevo y trabajamos con los agrónomos que están en las distintas organizaciones como, por ejemplo, en Bodegas de Argentina, como en la Coviar (Corporacion Vitivinícola Argentina), como en las Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (FeCoVitA). Hemos trabajado mucho con estas organizaciones que integran productores porque tuvimos que salir a aprender todos al mismo tiempo.

-¿Qué planes tienen a futuro?

-Nosotros tenemos como uno de nuestros objetivos, que toda la provincia de Mendoza tenga el status de libre de mosca de la fruta. Eso nos permitiría incorporar las zonas norte y este de la provincia con cultivos como la cereza, que al ser zonas más cálidas podríamos sacar frutas más tempranas, y si son de zona libre, podrían llegar a mercados más exigentes.

En cuanto a lobesia y polilla de la vid, nosotros tenemos el objetivo de lograr el status de libre, por lo menos en la zona sur y en el Valle de Uco y todo lo que es la zona norte y este, en la cual tenemos como el 70 por ciento de todos los cultivos, o sea casi tres cuartos de los cultivos de la provincia. No es tan fácil lograr el status de libre pero querríamos lograr un status de tener a la plaga en el umbral mínimo, que también lleva mucho trabajo.

Y también deseamos seguir siendo referentes en la técnica del insecto estéril, entonces debemos seguir fortaleciendo nuestra bioplanta, trabajando en varias especies, no solamente para nosotros sino también para proporcionarlos a otros programas del país y también para exportar. Ya estamos exportando moscas a Bolivia, estamos empezando a trabajar con Uruguay y con Chile. Y también habíamos ganado una licitación internacional para proveerle al programa de marruecos pero la pandemia nos interrumpió ese proyecto. Nosotros vemos que el Iscamen se puede fortalecer y proveer tecnología a otros países y obtener así una ayuda financiera también.

Estamos deseosos de compartir el conocimiento y la tecnología que hemos desarrollado. Todo lo que hemos logrado en mosca ha sido también con la colaboración de otros programas como el de Guatemala y el de México y la Agencia Internacional de Energía Atómica. Nos han dado consultorías y también realizamos intercambios técnicos. Esto es algo que fortalece mucho.

En el caso de la lobesia, tuvimos el apoyo del departamento de Agricultura de Estados Unidos, porque ellos en una zona de California, en el Valle de Napa, habían tenido esta plaga, y los puso en estado de alerta y tomaron ciertas medidas que luego nos compartieron generosamente para que podamos aplicarlas en nuestro país. Estamos muy agradecidos a las comunidades científicas que nos han ayudado a desarrollarnos.

Seguir leyendo: Agricultores familiares mendocinos producirán sus propias semillas hortícolas

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