Este domingo Brasil va a las urnas para elegir intendente y concejales de los 5568 municipios del país. Si bien las elecciones municipales del gigante sudamericano tienen mayormente un carácter local, es decir, la política de cada municipio incide más que lo nacional, existen algunos elementos que permiten realizar una proyección nacional tanto del estado de ánimo de los brasileños como de la popularidad de las principales fuerzas políticas. Lo más importante para observar del resultado del domingo, así como de la segunda vuelta que tendrá lugar el 29 de este mes, será el desempeño de las fuerzas que encarnan la polarización brasileña: Jair Bolsonaro y el Partido de los Trabajadores de Lula da Silva.

El actual presidente se desafilió del Partido Social Liberal (PSL), por el que fue electo en 2018 y actualmente se encuentra sin filiación, aunque ha construido una alianza con partidos del denominado Centrão. Este grupo informal de nueve partidos en total en verdad no constituye un centro ideológico, ni tampoco tiene una vertiente ideológica que lo caracterice, sino que lo que lo define es su histórica predisposición a formar parte de las coaliciones oficialistas. En su mayoría han sido aliados de los gobiernos del PT, aunque fueron claves en la destitución de Dilma Rousseff en 2016. Bolsonaro se ha metido de lleno en la campaña de varios candidatos, en su mayoría del Centrão, pero también de otros con afinidad ideológica y así como con la finalidad de polarizar y vencer a la izquierda. Hasta aquí, las apuestas de Bolsonaro no han sido muy exitosas de acuerdo a los sondeos de intención de voto, y es probable que el resultado del domingo confirme la tendencia del traslado de la popularidad del presidente desde los grandes centros urbanos hacia el interior, y desde el Sudeste (donde se encuentran los tres estados más poblados, San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais) hacia la región del Centro-Oeste, donde se encuentran los grandes estados agropecuarios y sojeros, como Mato Grosso y Mato Grosso del Sur.

Del otro lado de la polarización, Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores han optado por una estrategia que priorizó las candidaturas propias por sobre la posibilidad de alianzas con otros partidos de izquierda. La intención es la de fortalecer la marca y la identidad del PT, aún fuertemente afectado por las causas de corrupción y la crisis económica de 2015 y 2016. Las elecciones municipales de 2016, posteriores al impeachment de Rousseff, fueron muy malas y los petistas vieron perder gran parte de los grandes municipios y reducir su liderazgo a pequeños y medianos. En 2016 el PT ganó solo un municipio con más de 200 mil electores (Río Branco, capital de Acre, en la frontera con Perú) y siete con más de 100 mil. Pero posteriormente incluso dejó de gobernar la capital de Acre debido a que el intendente, Minoru Kimpala, abandonó el partido en 2017 en medio del apogeo de la Lava Jato. Estas elecciones no van marcar la recuperación del PT y es posible que la estrategia de no coaliciones redunde en triunfos de la derecha y la centroderecha. No obstante, se espera que esta elección sea mejor que la de 2016: podría ganar la intendencia de Vitória, capital de Espírito Santo (al norte de Río de Janeiro), tiene una candidata muy competitiva en Recife, capital de Pernambuco (800 km al norte de Salvador de Bahía) y podría recuperar uno o hasta dos intendencias en el ABC paulista, el polo industrial que fuera la cuna del Partido de los Trabajadores.

Otros dos grandes actores que vienen tomando cuerpo a nivel nacional son las alianzas de derecha y de izquierda que pretenden situarse, no sin dificultades internas, por fuera de la polarización. La derecha no bolsonarista está encabezada por el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB, que gobernó con Fernando Henrique Cardoso entre 1995 y 2003) y el Democratas (DEM), aliados históricos. Se suma a ellos parte del tradicional Movimiento Democrático Brasileño (MDB, anteriormente denominado PMDB, partido de Michel Temer, quien ocupó la presidencia luego de la destitución de Rousseff, en 2016). La alianza PSDB-DEM podría ser el gran ganador de las municipales. Sin embargo, en su posicionamiento contra Bolsonaro esta alianza tiene la dificultad de que parte de sus miembros son afines al gobierno y que además no se diferencia de este en cuanto a programa económico, por lo que la diferenciación con el bolsonarismo pretende ser más por el lado de la agenda conservadora y las posiciones extremistas.

Desde la izquierda, el grupo que pretende construir por fuera de la polarización es el del Partido Democrático Laborista (PDT), el Partido Socialista Brasileño (PSB) y en menor medida el Partido Verde (PV) y la Rede Sustentabilidade. La alianza de estos cuatro partidos fue oficializada a inicios de año y tiene a Ciro Gomes (del PDT) como el principal referente con intenciones de competir por la presidencia en 2022. Ciro (sin esos aliados) salió tercero en la elección de 2018, detrás de Fernando Haddad (PT) y Bolsonaro, con el 12% de los votos. Desde aquella campaña, su estrategia ha sido deliberadamente la de criticar por igual a Bolsonaro y al Partido de los Trabajadores, captando parte del voto de clase media desencantado con el PT. Recientemente trascendió que Lula da Silva y Ciro Gomes mantuvieron una reunión en el mes de septiembre, lo que generó especulaciones de una posible unidad de la izquierda para 2022. En dicha reunión, sin embargo, lo que se habría acordado fue el fin de la beligerancia entre ambos durante la campaña de las municipales.

Estos cuatro sectores (Bolsonaro y aliados del Centrão; PSBD-DEM; PDT-PSB; y PT) se observan nítidamente en las elecciones de Río de Janeiro y de San Pablo. Ambas ciudades se perfilan para un triunfo de la derecha no bolsonarista y una derrota de la izquierda dividida. Proyectar ese escenario, aún hipotético, al plano nacional no es del todo correcto, ya que como hemos comentado prevalece la dinámica local y la gravitación de los líderes nacionales es limitada, pero posiblemente las municipales de este año muestren un contraste con las elecciones de 2018 que llevaron a Bolsonaro al poder y estuvieron marcadas por el auge del conservadurismo y la antipolítica. Los aires del triunfo de Joe Biden, en Estados Unidos, entusiasman a las oposiciones brasileñas, que pos elecciones municipales comenzarán a buscar las alternativas electorales para 2022. Por lo tanto, el resultado de estas elecciones será uno de los principales puntos de partida para la negociación y construcción de alianzas que pretendan alterar el mapa político del gigante sudamericano dentro de dos años.

Te invitamos a seguir leyendo: El triunfo de Biden y la reconfiguración política en Estados Unidos

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