Es bastante conocido el fuerte vínculo de Jair Bolsonaro con los evangélicos de su país, así como con los miembros de las Fuerzas de Seguridad, desde policías hasta parte de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, posiblemente el sector más estratégico que respalda a Jair Bolsonaro sea el agropecuario. Brasil se ha convertido en las últimas décadas de manera creciente en un país cada vez más agrario y menos industrial. Actualmente, el sector agropecuario representa algo más del 5% del PBI brasileño, de acuerdo a los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas sobre 2019 (IBGE). Los bienes y servicios del agronegocio, en cambio, alzaron el 21,4% del PBI, de acuerdo a la Confederación Nacional de Agricultura (CNA). Además, el sector absorbe cerca de 1 a cada 3 trabajadores brasileños.

El proceso de reprimarización de Brasil tiene varios puntos de inflexión, pero del lado de la expansión del agro se destaca la introducción masiva de la técnica de siembra directa a partir de la década de los 90 (acompañada de un proceso de expansión de la frontera agrícola) y el crecimiento de la demanda china, fundamentalmente de soja. Esa expansión desde los 90 se registró centralmente en la región Centro-Oeste, donde se encuentran los estados de Mato Grosso, Mato Grosso del Sur y Goiás, de la mano de la soja y el maíz y el avance del área de siembra en el bioma del Cerrado, la sabana tropical que circunda a la selva amazónica de este a sur. En los últimos años, y a pesar del estancamiento de la economía brasileña con posterioridad a la recesión del bienio 2015-2016, el agronegocio ha crecido de manera considerable. En 2017 el crecimiento del 13% de la agricultura evitó que el desempeño del PBI fuera todavía menor al 1% registrado. Durante la pandemia, la actividad del sector se mantuvo, haciendo que la caída económica en los estados productores sea mucho menos drástica.

La región del Centro-Oeste, corazón sojero de Brasil, es una de las regiones donde el presidente Jair Bolsonaro encuentra sus mejores índices de aprobación.

Precisamente el Centro-Oeste, corazón sojero de Brasil, es una de las regiones donde el presidente Jair Bolsonaro encuentra sus mejores índices de aprobación.  De acuerdo a la encuesta recientemente publicada por Poder Data 360, allí tiene un 43% de aprobación, seguido de la región Norte con 41%, Sur con 34%, Nordeste con 28 y por último el Sudeste, con 27%. Según esa encuestadora, la aprobación al trabajo de Jair Bolsonaro a nivel nacional es del 31%.

Dado el creciente peso del agro, el apoyo del sector resulta cada vez más relevante para los proyectos políticos que ansían llegar al poder. Tal fue el caso de Jair Bolsonaro durante la larga precampaña electoral iniciada por su parte casi inmediatamente después de las elecciones presidenciales de 2014. El actual presidente brasileño comenzó en 2015 a recorrer el país para aunar voluntades en torno a su candidatura. En el caso del sector rural se dio el fenómeno de un crecimiento desde las bases de los productores hacia las entidades representativas del sector. Así, a inicios de 2018, año de las elecciones, Bolsonaro llegaba con un fuerte apoyo en el sector, pero con la desconfianza de las entidades, las cuales continuaban teniendo preferencia por el histórico PSDB, partido que protagonizó la disputa presidencial junto con el Partido de los Trabajadores (PT) entre 1994 y 2014. La seducción de los productores rurales por parte de Bolsonaro se dio a través del discurso contra las ocupaciones de tierra del Movimiento de los Sin Tierra (MST, vinculado al PT), contra las reservas indígenas y el ambientalismo. Con la inminencia de las elecciones y ante un Geraldo Alckmin, del PSDB, que no subía en las encuestas, el agro terminó cerrando su apoyo al hombre que despuntaba como la alternativa conservadora que podría evitar el regreso de la izquierda al poder.

En 2019 Brasil superó a Estados Unidos como principal productor de soja y se espera que la producción del grano llegue a las 130 millones de toneladas para 2021.

Una vez en el gobierno, Bolsonaro avanzó con fuerza en la autorización de pesticidas genéricos, los cuales de acuerdo al Ministerio de Agricultura reducen los costos en para los productores. Fueron autorizados cerca de mil nuevos pesticidas, la inmensa mayoría de los cuales son genéricos de sustancias ya autorizadas. Además, el Plan Zafra avanzó con el otorgamiento de créditos y subvenciones a la producción, a pesar de que continúa vigente el reclamo por las altas tasas de interés que los productores deben pagar a los bancos privados. En 2019 Brasil superó a Estados Unidos como principal productor de soja y se espera que la producción del grano llegue a las 130 millones de toneladas para 2021. Resulta polémica, en cambio, la política de vaciamiento de los órganos de control ambiental como el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (IBAMA) y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE). Los incendios en el Amazonas y la región del Cerrado han encendido las alertas en el sector más vinculado a la exportación, incluyendo algunos movimientos del sector para intentar contener el daño generado por el gobierno a la imagen internacional del agro.

Dado que en los estados del Centro-Oeste el agro representa el grueso del PBI de la región, existe cierta disociación de lo que sucede con los estados costeros, sobre todo en el poblado Sudeste (con los gigantes Río de Janeiro, San Pablo y Minas Gerais), que si bien tienen una fuerte economía de materias primas, el peso relativo es menor. La falta de recuperación económica con posterioridad a la crisis del bienio 2015-2016, cuando el PBI se contrajo más del 7%, todavía se siente en las grandes ciudades brasileñas. Así, las dos regiones más pobladas de Brasil son las que tienen mayor índice de rechazo por el presidente, el Nordeste, bastión del PT, y el Sudeste, donde Bolsonaro pisó fuerte en las elecciones de 2018 pero que luego pasó a darle la espalda de manera creciente. Del análisis de los datos del instituto de opinión pública Datafolha, que en enero mostraban una aprobación del 31%, se puede decir que hoy la popularidad del mandatario se sustenta mayormente en las regiones Sur, Norte y Centro-Oeste,  y desde hace algunos meses se abrió una diferencia de entre 7 y 10 puntos en la imagen positiva entre regiones metropolitanas y ciudades del interior. La pujanza del agro y su efecto en las economías locales se encuentra sin dudas entre los motivos de la buena aprobación de Jair Bolsonaro en el interior brasileño y las regiones mencionadas.

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