El cannabis es, sin dudas, una planta que atravesó a la humanidad por siglos. Lejos de tratarse de un fenómeno "moderno" y "progresista" hay registros del uso del cannabis que datan de hace más de 10 mil años y su uso se dio en culturas tan contrapuestas como la india, asiática y romana.

En la antigüedad, el cáñamo (variedad del cannabis) era utilizado para fines medicinales e industriales. El cáñamo era tan común que hasta hay registros que declaran que partes del barco en el que Cristóbal Colón llegó a América estaban hechas con cáñamo. El propio Manuel Belgrano, en 1791, advirtió la utilidad que el cannabis tenía y escribió una misiva a la corona española detallando el potencial que el cultivo de cáñamo tenía para el crecimiento del Virreinato del Rio de la Plata.

Luego, un gran lobby de las industrias farmacéuticas y del alcohol al término de la ley seca buscaron, con éxito, demonizar el cultivo de cannabis. Para finales del 1937 el Congreso de Estados Unidos prohibió la planta y la catalogó como "hierba peligrosa" para luego ser nuevamente puesta en el closet en 1961 en la Convención de estupefacientes de la ONU en donde se la ubicó como "narcótico" y en 1971 en la Convención sobre sustancias psicotrópicas en Viena, en donde los presentes concluyeron que era una "sustancia prohibida".

Argentina, que a principio del siglo 20 había dedicado centenares de hectáreas a este cultivo para fabricar insumos industriales tales como zapatillas y textiles, suscribió a las convenciones que, si bien no prohibían su uso industrial, ponían trabas burocráticas y políticas que pisaron tanto el brote que Argentina eliminó por completo la producción de cáñamo.

Para entender el cannabis hay que, en primer lugar, saber reconocer que este cultivo no se limita sólo al consumo recreativo sino que se trata de una planta con un gran potencial tanto medicinal como industrial. En el mundo, se producen derivados no psicotrópicos del cannabis que son fundamentales para aliviar las dolorosas sintomatologías propias de la epilepsia, quimioterapia, esclerosis múltiples, dolores crónicos, psoriasis, insomnio, autismo, VIH, entre otros.

A su vez, se está utilizando a nivel internacional el cáñamo para proyectos industriales que van desde cosméticos, alimentos, textiles y papeleros hasta el automotriz, por sus contundentes propiedades que reducirían el peso de los autos y el consumo de combustible.

Hace años que el mundo le cerró las puertas al cannabis y este entró por la ventana y copó la casa: hoy en día es una industria emergente que vale millones de dólares y la tendencia ascendente del mercado es muy prometedora. Actualmente, el mercado mundial de cannabis está valorado en más de 21 mil millones de dólares y se prevé que para el 2026 este valor alcance los 90.400 millones de dólares.

Esa alza está principalmente palanqueada por el uso que el cannabis está teniendo en la industria médica. Paralelamente, la aceptación social de la marihuana tiene un crecimiento que acompaña, lento pero constantemente, a la industria. Adultos mayores, quienes consideraban a la marihuana como una droga dañina hoy en día se animan a probar los beneficios de los goteros de CBD para aliviar dolores.

Se registra una tendencia mundial a la legalización del cannabis para uso recreativo en diferentes regiones y los consumidores, asociaciones civiles y agrupaciones militantes tienen mucho que ver con esto. A través de manifestaciones y campañas de concientización la mirada prejuiciosa acerca del cannabis se emblandece y se prevé que el mercado recreativo de esta industria tenga mucho crecimiento a futuro a medida que se legalice en diferentes regiones del mundo.

Un informe de New Frontier Data, con sede en Washington DC, asegura que el consumo de cannabis recreativo, de legalizarse, podría duplicar las ventas mundiales de cannabis para el 2025. Esto no implica que el consumo aumente al ser legal sino que, sencillamente, expandiría el acceso legal a este insumo y reduciría al mínimo el acceso a la marihuana en la ilegalidad y, por lo tanto, al mercado del narcotráfico. En este momento, dada la clandestinidad que tiene el consumo de cannabis, las ventas ilegales cubren casi toda la demanda de los consumidores recreativos y, de incorporar ese consumo ilícito, el valor del mercado aumentaría.

El uso del cannabis, además de las oportunidades ya citadas, trae la posibilidad de explotación de un mercado denominado como "turismo cannábico" que implica la venta regulada de cannabis a turistas y trae aparejados beneficios para la balanza impositiva y de ingresos de divisas.

Durante el 2020, el mercado de cannabis totalizó en Alemania los 260 millones de dólares anuales, en Israel 200 millones de dólares, Puerto Rico 183 millones de dólares, Paises Bajos 137 millones de dólares y Australia los 113 millones de dólares según la consultora New Frontier Data.

Argentina, honrando un pasado en el que supo explotar el cáñamo, viene encaminada a flexibilizar las restricciones del cannabis. En marzo de éste año el Gobierno nacional reglamentó el Registro de Programa de Cannabis (REPROCANN) que contempla la autorización del cultivo personal y en red para pacientes e investigadores del cannabis medicinal.

Con este avance se permitió que aquellos que estén inscriptos en el Reprocann "puedan acceder, a través del cultivo controlado, a la planta de cannabis y sus derivados" según lo precisó la ministra de Salud Carla Vizzotti. Así, las personas, organizaciones cannábicas y universidades que lleven adelante investigaciones tienen, a partir de marzo, la posibilidad de cultivar siempre que estén registradas y su uso sea terapéutico.

Por otro lado, desde julio está siendo tratada una ley denominada "Ley de Cannabis y Cáñamo" que ya cuenta con la aprobación de la Cámara de Senadores y todavía resta atravesar la Cámara de Diputados. Este proyecto de Ley pretende dar un marco regulatorio a la industria del cannabis a través de múltiples medidas que comprenden también la creación de una agencia de regulación, la ARICCAME (Agencia Regulatoria del Cáñamo y del Cannnabis Medicinal).

De avanzar en Diputados, esta Ley buscará darle un especial apoyo a las Pymes, cooperativas y economías regionales para que se formen en la materia y puedan explotar industrialmente esta planta.

Según el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, esta industria redundará en la creación de 10.000 nuevos empleos, aportará 500 millones de dólares en ventas al mercado interno y 50 millones de dólares de exportación anuales hacia el 2025. A su vez, la intención es promover el desarrollo genético y la generación de valor agregado en más de 200 bienes y servicios como fabricación de equipos e insumos necesarios para el cultivo. Es importante destacar que la creación de empleo en esta industria es, prácticamente, una máxima: en Estados Unidos, mientras la economía caía durante el 2020, la industria cannábica generó más de 200 mil empleos y tuvo un crecimiento significativo.

Argentina tiene la potencialidad de convertirse en "líder a nivel regional" en la materia, según Kulfas, al tiempo que se encontraría en una posición innovadora al apostar en una industria nueva. En este sentido, Kulfas destacó que esta industria "está creciendo en el mundo" y tomó al cannabis como una fuente importante "para pensar nuevos trabajos y proyectos" que sirvan, a su vez, para "insertarse en el comercio internacional" con nuestros productos.

Por otro lado, la industrialización de la mano de la Ley de Cannabis y Cáñamo permitiría que las personas que padecen enfermedades, cuyas dolencias puedan ser disminuidas con cannabis, puedan acceder a su medicina fabricada íntegramente por laboratorios nacionales con condiciones de trazabilidad y calidad.

La sanción de esta Ley no sólo marcaría un nuevo hito en la historia del cannabis en nuestro país y en la región sino que abonaría, sin dudas, al desarrollo regional de muchas provincias que podrán legamente diversificar sus matrices productivas apostando al cannabis para generar exportaciones y productos de industria nacional.

Sin duda se están dando pasos en favor de la desestigmatización del cannabis y en el reconocimiento de este cultivo por su potencialidad medica e industrial. La discusión está sobre la mesa y lentamente en la sociedad se va desarticulando esa simplificación del cannabis como un cigarrillo para fumar y se están comprendiendo los beneficios que trae para la salud y las oportunidades industriales que este tiene.

En conclusión, se trata de una industria disruptiva pero millonaria y en crecimiento a nivel mundial. Requiere que saquemos a esta planta del armario y lo pongamos al sol para que crezca, que se cambie de paradigma y este se vea traducido en leyes que permitan que la Argentina pueda demostrar su potencial como referente en el sector a nivel regional.

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