Si hay algo claro de esta  pandemia es que, de todas las consecuencias que generó, dejó expuesta y vio crecer la desigualdad educativa. Hay chicos que han tenido más contenidos que lo habitual porque se han conectado por plataformas como zoom. Otros, que con un solo celular en la familia y sin acceso a datos, o peor aún, los que no alcanzan a tener Wifi, han visto reducidas notoriamente sus posibilidades de acceso al sistema educativo.

De esta manera, el acceso a los contenidos no se dio de un modo uniforme en todo el territorio nacional. Los estudiantes de las escuelas rurales (son 15.305 en el país según datos oficiales, con 793.899 alumnos y 84.140 docentes) y de barrios urbanos marginales son los más vulnerables en esta situación.

Desde el interior bonaerense, Javier Cabrera, secretario de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) Las Flores, nos contactó con Florencia Vilches, directora con alumnos a cargo de la Escuela Nro 15 de General Alvear, declarada de interés histórico.

Como sus alumnos no tienen conexión de internet y comprar datos les resulta complicado, ella durante el confinamiento les dejaba las actividades en las tranqueras para que puedan trabajar desde sus casas, y admite que en algunos casos los padres pueden ayudar pero no en todos. “Hay familias que apoyan en el aprendizaje y otras que no pueden porque son analfabetos o migran de otras provincias y no comprenden”, enfatizó.

Sobre la deserción escolar, otro de los efectos de la pandemia, explicó que el 2020 fue un año que se sintió, pero la matrícula del ambiente educativo rural es muy fluctuante. “Cuando ingresé a la institución en el 2019  había 13 alumnos, hoy tengo 7, pero no quita que mañana vengan  nuevos alumnos, porque el ámbito en el que está instalada la institución, tiene mucho movimiento de trabajadores golondrinas”, detalló.

La zona donde se encuentra la escuela es netamente rural, hay puestos de estancias, granjas de pollos, granjas porcinas, y el  movimiento de alumnos se basa en eso. Además, en el mismo establecimiento  funciona un Jardín Infantil Rural Matrícula Mínima (JIRIM), que tiene 9 niños y niñas, de esta manera concurren a la escuela un total de  16 alumnos.

A partir de este año, la docente pudo sostener un vínculo más directo con los alumnos. Concurría a las casas de los estudiantes a dar clases. “Iba con una pizarra a los hogares, daba clases y dejaba actividades para que ellos puedan realizar como tareas”, expresó orgullosa.

Hoy, la escuela está trabajando con presencialidad completa las 4 horas y con protocolos de cuidado correspondientes. Además,  entre docentes de otras especialidades y las familias conforman “una comunidad educativa muy linda”, destacó Florencia. Y en este sentido afirmó: “Me gusta que se realicen cosas en pos de recaudar dinero para la escuela, para que los nenes y nenas puedan tener las mismas posibilidades que estudiantes de escuelas urbanas, viajes de estudios y  conocer otros lugares”.

Al respecto, agregó sobre la idiosincrasia de la familia rural: “A veces el trabajador rural se encuentra limitado por sus ingresos o por su situación de trabajos para poder llevar a sus hijos a conocer otros lugares, entonces es a través de la escuela que buscamos brindarles esa posibilidad”.

Con un gran sentido de pertenencia y fuerte compromiso la maestra expresó que “la escuela rural es mi vida”. Descubrió su vocación como docente del ámbito rural luego de transitar por otras escuelas del ámbito urbano. “Descubrí mi pasión por educar a través de los niños del campo. Su ingenuidad, su espontaneidad, su naturaleza es diferente y me siento identificada; de niña fui alumna rural y mi experiencia fue hermosa”.

Escuela patrimonio histórico

En cuanto a la realidad edilicia de la Escuela es muy buena, de arquitectura española con paredes limpias y pintadas mantiene una estructura original de la época 1839. Época en que el marqués José Rufino de Olaso llegó y se instaló en las tierras del General Alvear. Allí construyó lo que es el casco de la estancia que en este momento funciona la Unidad Penitenciaria Número 14. Muy cerquita de ahí, su hijo Luis de Olaso, a partir del año 1920 construye la portada de la escuela.

En 1957, uno de los hijos de Luis, II marqués de Olaso, Fernando y su madre la marquesa Carmen Villar, realizan los trámites para que la escuela sea acreditada dentro de la Educación Oficial, para educar a los hijos de empleados rurales de la época.

En noviembre de 2017, la Escuela junto a las demás instalaciones de la ex estancia del marqués de Olaso tiene una Ley propia que la cuida y un montón de voluntades que la resguarda. Reconocida como patrimonio histórico, la escuela nació de la iniciativa de sus constructores, la familia Olaso, hace ya más de 150 años.

Fotos: Florencia Vilches

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