Suecia, Finlandia, Dinamarca, Noruega e Islandia componen el grupo de países nórdicos, a menudo puestos como ejemplo de sociedades con buenos niveles de educación y garantía de derechos para su población. No se trata de las economías más poderosas del planeta, ni las de mayor Producto Bruto per cápita. Sin embargo, los países nórdicos se encuentran en los primeros lugares en los rankings de Desarrollo Humano así como del Índice de Felicidad realizado por las Naciones Unidas. El elogiado sistema educativo de Finlandia, las licencias por maternidad de 46 semanas de Noruega y en general los servicios públicos de calidad de todos estos países suelen ser motivo de comentarios en nuestro país y alrededor del mundo.

Estas naciones tienen en común su ubicación geográfica al norte de Europa, y también elementos culturales, históricos y lingüísticos. Pero además, tienen en común lo que se ha conocido desde antes de la Segunda Guerra Mundial como el modelo nórdico: un modelo económico, político y social que consiste centralmente en el compromiso entre diferentes sectores, desde el empresariado hasta los trabajadores, con fuerte presencia del Estado en materia de educación y salud, con libre mercado, y también con fuerte peso de los sindicatos y las negociaciones colectivas. Es un modelo de Estado de Bienestar, pero que conjuga una baja intervención del Estado en la economía, siendo definido como una economía de libre mercado.

Este modelo ha sufrido algunos retrocesos desde la década de los ochenta a esta parte, pero aún así el modelo nórdico se ha consolidado como un ejemplo exitoso en materia de desarrollo humano y calidad de vida de su población. En el modelo nórdico los sindicatos ocupan un lugar destacado, influyendo en el mercado laboral por medio de las negociaciones colectivas, las cuales son mediadas por el Estado y cuentan con el respaldo de este para su cumplimiento. Históricamente, los cinco países nórdicos tienen la tasa de afiliación sindical más alta del mundo. El primero en el ranking es Islandia, con 90 % de sus trabajadores afiliados a algún sindicato. Luego siguen Dinamarca (67 %), Suecia (65 %), Finlandia (58 %) y Noruega (50 %), de acuerdo a las estadísticas de la OCDE (2019). En comparación, actualmente en Argentina la tasa de sindicalización es del 28 %, apenas detrás de Uruguay, que lidera el ranking regional con un 30 % de afiliación sindical.

No se trata de un modelo de corte socialista, como han llegado a sostener algunos, ni tampoco de un capitalismo neoliberal. Se trata de economías capitalistas de libre mercado, con incentivos para la inversión. En el Ranking de Libertad Económica, creado por el Wall Street Journal, diario de Estados Unidos, los países nórdicos ocupan lugares destacados. El gran trasfondo del modelo es el gran pacto social entre el sector privado, los trabajadores y el Gobierno, iniciado en la década del 30 del siglo XX luego de sucesivas crisis. El acuerdo entre capital y trabajo. Este modelo comenzó a llamar la atención internacional a partir de la década del 50, y de manera creciente en las últimas décadas en virtud de los grandes logros en materia educativa y la amplitud del Estado de Bienestar (garantizando acceso a la salud, cobertura social y educación) combinado con el libre mercado. En el corazón de aquel acuerdo que dio origen al modelo nórdico se encuentra la negociación colectiva de salarios, es decir, el acuerdo entre capital y trabajo, mediado por la intervención del Estado. Por ese motivo, los sindicatos ocupan un lugar destacado en este modelo que se destaca por la calidad de vida para sus habitantes. 

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial los organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han medido a las economías a partir del Producto Bruto Interno (PBI) y del PBI per cápita. Sin embargo, en décadas recientes han cobrado relevancia los estudios que ponen el énfasis en otras variables además del tamaño de la economía. En síntesis, se pasa a medir la calidad de vida de la población, por consiguiente se incluyen indicadores de acceso a la salud, a la educación, trabajo, servicios públicos, etc. El Índice de Desarrollo Humano fue elaborado a partir de la década del 60 pero cobró relevancia en los 90. Es en este índice donde los países nórdicos se destacan. Otro índice ha sido el de Felicidad, creado por Naciones Unidas en 2012, aunque el concepto y algunas mediciones datan de la década del 70. Allí los países nórdicos también se destacan con los mejores indicadores

Otro aspecto interesante es lo que señala Ernesto Semán, historiador argentino residente en Noruega. Según Semán, las medidas de fuerza del sindicalismo, como paro de transporte o docente, gozan de legitimidad ante la población en Noruega a pesar de ver afectada su vida diaria. Según él, en aquel país los sindicatos suelen explicar a la población el conflicto y las medidas de lucha adoptadas. Por supuesto, esta legitimidad de las medidas de los sindicatos debe comprenderse teniendo en cuenta el alto nivel de sindicalización de los trabajadores y una cultura que evidentemente valora el rol de los sindicatos en la sociedad.

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