El presidente próximo a asumir este martes, Alberto Fernández, sostuvo que no habrá una "imposición" por parte del gobierno del Frente de Todos en lo que respecta al aumento de retenciones a los productos agropecuarios, pero remarcó que "los que están mejor tienen que darle una mano a los que están peor".

"Entre los problemas que tenemos está el déficit fiscal, que es muy alto. No se trata de imponer nada, quiero que todos entendamos que los que están mejor tienen que darle una mano a los que están peor. Eso es parte de la solidaridad que se ha perdido: esta idea de la meritocracia, donde cada uno se salva a sí mismo, es una idea perversa", sostuvo durante una entrevista que brindó esta mañana a Radio Con Vos.

Sobre el adelanto de liquidaciones que se hizo desde el campo para atajarse ante una eventual suba de las retenciones, Fernández puntualizó: "Ellos, que decían querer tanto al gobierno de Mauricio Macri, le hicieron un daño incalculable".

En tanto, adelantó que "el aumento de las jubilaciones mínimas debe ser antes de fin de año para que todos pasen una Navidad y un fin de año más tranquilos". "El monto lo estamos viendo, estamos viendo también las cuentas públicas, que son un desastre, y de dónde podemos ahorrar para trasladarlo a los que menos tienen", explicó.

Ante la consulta de si habrá aumentos para trabajadores privados, aseguró que no hay nada definido aún, pero aclaró que "sería bueno que todos entendamos que hay salarios que no lo necesitan y hay salarios que sí". "No se trata de generalizar sino de tender la mano a los que peor están", remarcó, y adelantó que podría haber "algo así" como un bono selectivo.

"Por momentos siento que el presente es un deja vú y que estoy en el mismo laberinto en el que lo dejaron a Néstor en el 2003 y del que pudimos salir. Tengo mucho respeto por el presente y mucha seguridad para hacer lo que hay que hacer", manifestó.

En referencia al panorama que le espera en sus primeros meses de gestión, analizó: "Yo quiero que todos entendamos un par de cosas: primero, que el escenario que tenemos es muy feo, es una situación muy difícil por donde se la mire. Sólo con pensar que 4 de cada diez argentinos es pobre, uno se da cuenta de la dimensión del conflicto y por eso tendremos que ir despacio".

"El rumbo del país va a cambiar. Desde el primer día tenemos que hacer que la gente sienta que cambió el chofer del colectivo y que ese colectivo que iba a 200 km por hora directo al precipicio, frenó y empezó a girar hacia un rumbo que atienda a los que peor están", metaforizó.

Además, enfatizó que "en la Argentina que viene los únicos privilegiados son los que están mal porque tienen urgencias. Nosotros podemos esperar un poco, ellos no. Vamos a ir por el camino que nos lleve a un tiempo mejor".

"Lo primero que vamos a hacer es trabajar en el tema del hambre y los sectores más postergados y al mismo tiempo trabajar en el tema de la deuda. Lo que Macri llamó 'reperfilamiento', las consultoras los llamaron 'default técnico': el anuncio de no poder pagar", aseguró.

Sobre su relación con el presidente saliente, contó: "Yo no soy amigo de Macri, lo traté pocas veces en mi vida. Pero hemos tenido un trato correcto entre ambos. Tenemos que aprender a convivir y respetarnos, más allá de lo que pensemos porque con Macri yo estoy en las antípodas."

El proceso en lo emocional

Consultado sobre qué le pasa por la cabeza a pocas horas de asumir como presidente de la Nación, se mostró muy emocionado al enumerar: "Mi hijo, mi vieja que se fue este año, el compromiso que tengo con todos esos que confían en mí. Es muy conmocionante. Con la esperanza y el compromiso de no defraudar a ninguno".

Sobre su mamá, contó que falleció en abril y no llegó a verlo como candidato a presidente "sólo por unos meses". "Ella fue todo para mí. Lo que soy, la decencia, eso me lo inculcó ella. Lamento mucho que no esté", expresó con la voz temblorosa.