Por Juan I. Martínez Dodda

Nacido en 1962 en Puerto San Julián, hoy con 59 años, siendo tercera generación de productores ovinos, Pércival “Perci” Tejedor, ha visto (y lo que no vio se lo contaron bien de cerca), los vaivenes de la producción ovina santacruceña.

Hoy, con genética, tecnología y forrajes para suplementar, busca la fórmula que le permita obtener lanas más finas de manera más amigable con el ambiente. Pero no sólo se trata de sortear escollos climáticos o productivos, también hay que sobrevivir a la inflación y la carga impositiva, que dejan un negocio muy finito para una actividad que vende dos veces por año (carne y lana).

“Vengo de una familia de ganaderos, mi abuelo pobló Estancia La Chacra, en la zona de Manchuria, luego mi padre administró varios años un campo de una familia de Gobernador Gregores al norte y recién en 1973 pudo comprar un pedazo de campo en Fuentes del Coyle, que es donde yo estoy ahora”, recordó Tejedor en diálogo con Santa Cruz Produce.

El padre de “Perci” falleció a tres años de haber recibido la estancia en el Coyle, que se llama “Namuncurá”.

“Tengo dos hermanos, un varón mayor que yo y una mujer menor, pero a mí el campo me gustó de chico, por eso, cuando falleció mi padre les fui comprando las partes a ellos hasta que quedé con la mitad del campo, la otra mitad se la quedó mi madre, que falleció hace 7 años, y les compré la parte que les tocaba de la sucesión a mis hermanos”, contó Tejedor, que tiene tres hijos varones: Iñaki (21 años, estudiante de medicina), Martiniano (17) y Felipe (13).

Hoy tiene entre 4.500 a 5.000 ovejas (supieron tener 7.000, pero en un invierno crudo perdieron la mitad) y un lote de 40 vacas. Según el ganadero, “el campo está en una zona bastante privilegiada para lo que es la provincia de Santa Cruz”.

Golpe de timón

“Tradicionalmente, tuvimos majada Corriedale, pero hace 20 años me di cuenta que el grosor de la lana que estaba obteniendo ya no era demandado y si te lo compraban te pagaban muy poco, por eso empecé a hacer cruzamientos a través del programa Ovis 21, para alcanzar Merinos Multipropósito (MPM)”, recordó Tejedor.

Una apuesta al cambio hace dos décadas atrás hoy da sus frutos más que positivos

Dos décadas más tarde, logran mayor prolificidad y lanas por debajo de los 20 micrones, de las cuales más de un 40% son lanas especiales. “También logramos buenos porcentajes de señalada y destete, pasamos de tener 75-80% de destetes hace 20 años, cuando estábamos con 90-92% ahora, incluso, hace siete años, que se alinearon los planetas, climáticos y productivos, y tuve un 100% de destete”.

Ninguna majada MPM es igual a otra, porque todos empiezan de manera distinta, yo arranqué desde Corriedale, pero usando carneros con un 50% de Finnish Landrace que son muy prolíficos y me dieron muchas pariciones de mellizos y algunas con trillizos, también me hizo un aporte importante en cuanto a res carnicera”, contó Perci.

En este sentido, el productor pensó que iba a perder kilos comparado con los que le daba su majada Corriedale donde obtenía 11 -12 kilos de destete, pero no. Al final del ciclo obtiene con lanas más finas, más kilos del carne.

Tecnología

El clima juega un rol fundamental, y estar “pertrechado” con alimento y la mejor condición de los animales posible ante una posible nevada, es fundamental.

“El riesgo invernal lo contuvimos bastante porque trajimos una moto de nieve, que nos permite acceder a lugares que antes no podíamos llegar ni con los caballos, y así podemos darle forraje a las ovejas después de temporales”, contó el productor ganadero. Antes, “había que esperar a que termine el invierno y vaya saber con qué desastre te encontrabas”.

En lo genético casi todos los años hacen inseminación artificial usando 4-5 padres del programa Ovis21. También trabajan para producir carneros propios. “Es importante tener una oveja que facture, porque la esquila y otros costos fijos los vas a pagar igual por un vellón de 30 que por uno de 20 micrones, y la rentabilidad cambia diametralmente”.

Desafíos

“Ideas en la cabeza siempre hay, pero lo que tengo que hacer es mantener la genética, animales de alta producción para mantener la rentabilidad porque hoy con 4500 animales de baja producción, con lanas de 26 micrones en vez de 20, este negocio no sería viable”.

El otro desafío es abastecerse de forraje propio. Para ello, Tejedor se compró una chacra en Trevelin, Chubut, en la que le faltan los aprontes finales para poner en marcha un riego por pivote para producir más alimento y, así, compensar las caídas de crecimiento invernales que tienen los animales.

También piensa en un esquema llevando terneros a Trevelin o trayendo pasto a Namuncurá. “La chacra tiene unas 80 hectáreas, tiene buen régimen de lluvias de 700 mm, pero en verano se seca mucho, entonces, si puedo cubrir el bache de agua sería ideal para tener un buen volumen de forrajes”.

Cómo está el negocio

Hace 20 años, Percival Tejedor vislumbró que había que concretar un cambio, y lo hizo con la introducción de la genética MPM.

Hoy hay otros desafíos por delante, que no pasan sólo por lo productivo. Clima y economía son otras variables.

“El campo tiene muchas oscilaciones y las tuvo siempre, pero mirando el presente se ven algunas cosas que preocupan, como la carga impositiva que tenemos en Argentina”, lamentó Tejedor.

El campo tiene muchas oscilaciones: producción, clima y economía. La clave es cómo minimizarlas

La inflación es otro de los grandes problemas, más en una actividad que tiene sólo dos entradas al año”, al vender la lana y la carne. Y no se pueden escalonar. La primera se vende entre octubre y noviembre. La segunda a fines de febrero, principios de marzo.

Tejedor contó que para sobrevivir algunos años tienen que pedir créditos, pero tampoco es una solución porque al final se termina armando una rueda de endeudamiento complicada. “No se puede ahorrar en dólares, y se hace difícil aguantar en pesos”, dijo.

Como tantos otros ganaderos, en estas inhóspitas tierras del confín del mundo, Percival Tejedor apostó por el legado.

Seguramente muchas noches gélidas o días de copiosa nieve, se debe preguntar cómo hacer para seguir. Por ahora, se aferra como náufrago en medio del mar a la tecnología, la genética y el manejo, esos son sus aliados.


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