Cuando hablamos de mujeres que habitan en el campo hablamos de una gran diversidad de personas, campesinas, indígenas, afrodescendientes, de todas las generaciones, que viven y transitan campos, parajes, bosques, selvas, etc. Se trata de mujeres que juegan un rol central en la producción y el abastecimiento de alimentos, constituyendo un 43 % de la mano de obra agrícola del mundo.

En Argentina, el 50% de la población rural está representado por mujeres que labran la tierra, cuidan los animales, trabajan la materia prima y plantan semillas que alimentan a pueblos enteros. Ellas son tamberas, apicultoras, ganaderas, agricultoras, laneras, artesanas, técnicas, amas de casa, profesionales, que trabajan día a día por el desarrollo de sus comunidades y por un mayor acceso a sus derechos sobre la tierra, el techo y el trabajo.

El Agrario comparte en este mes donde se celebra el  Día Internacional de las Mujer Rurales, historias de mujeres. Ellas nos contaron: ¿Cómo se vive en el ámbito rural? ¿Cuáles son las labores que desarrollan? ¿Qué significa el campo en sus vidas?; entre otras cuestiones.

Marta: "El campo me da libertad, vida, soy feliz en el campo"

Marta Raquel Fernández, de 45 años, vive en la localidad de Aimogasta, provincia de La Rioja. Trabaja en el proceso de elaboración de la aceituna y aceite de jojoba desde el año 2006. Entre las tareas que realiza en este proceso, Marta dedica su tiempo a la cosecha de jojoba y la cosecha de aceituna. Consiste en un trabajo que realiza junto a otras mujeres, "desde el primer día de cosecha hasta la ultima variedad de la aceituna, es un trabajo continuo de todos los años", precisó.

Si bien mencionó que el trabajo y el reconcomiendo del trabajo de la mujer en el ámbito rural es parejo, destacó algunas dificultades que se presentan en la labor: "En la parte de la actividad de la aceituna, son los manejos de las escaleras, no tenemos la misma fuerza que un hombre, pero lo hacemos igual.  En la parte de la jojoba se nos dificulta aventar, pechar o sacar la jojoba de adentro del campo para afuera, pero son tareas que se hacen igual, trabajamos a la par de los hombres ".

Consultada por esta desventaja, profundizó: "Ellos son un poquito mas fuertes que nosotras, pero igual logramos hacer el mismo trabajo. Mientras que ellos sacar una cierta cantidad de semillas en 2 horas, nosotras los hacemos en 4, pero el trabajo es el mismo".

Por ultimo sobre su vida en el campo expresó: "Me gusta el campo, no lo cambio por nada, el campo me da libertad, me da vida, soy feliz en el campo".

Griselda: “El campo es un ambiente libre, que se vive rodeada de animales”

Griselda Itatimiño tiene 27 años. Vive en el Paraje Rincón del Yaguari, a 105 kilómetros de Mercedes, provincia de Corrientes, junto a su marido y una hija de 7 años. Vivir en el campo es parte de su naturaleza. De niña vivía con su abuela en otro paraje de la provincia, junto a 3 hermanos de 16 que son.

Ella se considera lechera, consultada sobre las principales actividades que realiza en el campo, nos contó: “Me levanto temprano  a las 5.30 o  6 de la mañana, para ordeñar y preparar quesos, tengo dos terneros y un cordero guacho”.

Sobre el proceso de elaboración de quesos, tarea que le lleva toda una mañana, nos indicó que “sí hay leche, se coloca en un  balde con una tela”, de esta forma, la leche que se va ordeñando y cae sin el pelo de la vaca.

De ahí se traslada para el interior de la casa y continua con el proceso de elaboración. “Le saco la tela y con una tapita mido la cantidad de leche. Después de dejar reposar unas horas la leche se comienza a cortar. Una vez cortada,  con un cucharon de madera se empieza  a romper el queso con las mismas manos, para que el suero se vaya para arriba, quedando la cuajada abajo. Luego se busca el molde y se arma el queso en la quesera. Finalmente se pasa la prensa, para que el suero se vaya secando, se lo deja un día de reposo y se pasa a un nuevo molde y se lo deja en una fiambrera o heladera para que mantenga más seco el queso”, precisó sobre esta tarea artesanal que realiza todas las mañanas.

Además, Griselda se ocupa de otras tareas junto a su marido en  la cría de animales y la elaboración de la huerta. Es un campo propio y viven de vender verduras, gallinas, huevos, pollos, y corderos. Sobre lo que le significa vivir en el campo, nos explicó que “es un ambiente libre, que se vive rodeada de animales"; y cerró: "La crianza en el campo es algo único”.

Patricia: “Vivir en el campo significa renunciar a muchas cosas”

Patricia Irigaray tiene 38 años, vive con su familia en un campo que se llama La Promesa, ubicado en la Zona de Tapalqué, provincia de Buenos Aires. Con 4 hijos, dedica su vida a colaborar con donaciones en escuelas rurales de la zona, realiza las tareas de ama de casa y trabaja junto a su esposo en las tareas del campo.

"Con voluntad se puede", indicó Patricia que además se capacitó en  acompañante terapéutico. Con un hijo con parálisis cerebral, se puso a estudiar para acompañar a su hijo Joaquín. "Con mucho sacrificio logramos hacerlo tratar en la Clínica Fleni y hoy está cursando el último año en la secundaria", contó orgullosa.

“Vivo en el campo desde que tengo uso de razón, mis papás fueron empleados rurales”, recordó sobre su infancia. “Vivir en el campo significa renunciar a muchas cosas, no hay ciertas comodidades y confort como en la ciudad, pero se disfrutan otras, como por ejemplo la familia, hay más tiempo para dedicarle a cada  integrante”.

En relación al trabajo, Patricia disfruta de algunos quehaceres pero deja entrever que el trabajo de la mujer en el campo es muy sacrificado. “Muchas tareas implican el uso de fuerza y no está reconocido el trabajo que se realiza. La mayoría de las mujeres desarrollamos las mismas tareas que realiza el hombre  y no se ve”.

Entre las tareas que realiza mencionó la cría y atención de animales. “Criamos pollos, nos dedicamos al cuidado de animales de granja. A veces ayudo a mi marido a que algún animalito pueda parir, y ahí estoy para darle una mano”. “También me ocupo de la huerta y la producción de alimentos. Comer una ensalada elaborada y producida por mis propias manos es algo hermoso que me emociona”, agregó

Entre los desafíos que se presentan en el ámbito rural mencionó la falta de acceso a educación secundaria, la falta de  atención de salud, la falta de conectividad y la ausencia de buenos caminos para llegar a la ciudad.

“Vivir en el campo es un desafío, pero hay recompensa, la tranquilidad del lugar, la emoción de ver un animalito nacer, son cosas únicas e impagables”. “Lo elegí y lo volvería a elegir, el campo es mi lugar. Hablar del campo me emociona, es sacrificado, pero brinda satisfacción. En el campo se trabaja en familia, la familia siempre acompaña”, concluyó.

Romina: “Las tareas del campo, son tareas que uno disfruta de hacerlas en familia”

Romina Paola Machiri tiene 38 años, vive junto a su pareja y sus 4 hijos en el paraje Huachana, provincia de Santiago del Estero. Hace 17 años que vive en el campo. Se crio en el ámbito rural en la provincia de Salta, completó sus estudios y viajó a Buenos Aires. Allí conoció a su marido y decidieron regresar al interior y vivir en Santiago del Estero.

¿Cómo es un día de trabajo en el campo?, le preguntamos a Romina que disfruta de cocinar, y además es enfermera y masajista terapista: “De lunes a viernes me levanto temprano, hago el fuego, pongo la pava, le preparo la ropa a mi hijo para que vaya a la escuela. Después me voy en bicicleta a un establecimiento educativo, allí realizo tareas de cocinera, les preparo el desayuno a los alumnos. También mantengo las plantas del lugar. A veces colaboro con escribir las tareas en los cuadernos para los alumnos y el armado de adornos para los actos de la escuela”, detalló sobre su trabajo fuera del campo.

“Cuando vuelvo a casa hay que preparar el almuerzo, después me ocupo de las tareas de mi hijo y de lavar  la ropa”. Al finalizar con las tareas domesticas Romina se ocupa de los animales del campo. “Crio y atiendo a los cabritos, es una tarea que hago con mis hijos. Tenemos más de 100 cabras, y cada cabra tiene 2 cabritos, y nos aseguramos que puedan mamar”.

Puntualmente sobre las tareas del campo contó que además de la producción caprina, tienen caballos, crían cerdos y realizan corte y venta de leña. Entre las actividades rurales que más disfruta, destacó: “llevar los caballos al rio para que tomen agua, porque uno de paso se refresca”.

El tema del medio de transporte, para salir del campo, es una dificultad que se presenta de manera casi cotidiana. “Recorremos 10 kilómetros en bici, moto o caballo para llegar a la ruta donde recién ahí aparece el transporte que me lleva a la ciudad, para hacer alguna compra, trámite o llevar a mi hijo a controles médicos”. A modo de reflexión expresó: "Vivir en el campo  es algo que a la larga uno se va acostumbrando. Los desafíos son muchos, a veces uno tiene que idear una mejor forma de vivir".

Mary Ester: “En el campo se aprende a vivir y sufrir”

Mary Ester Scolari tiene 46 años, vive en el paraje de Zapallar, provincia de San Luis, desde niña. Más tarde junto a su marido se fueron a vivir al campo llamado Vuelta del Rio, donde vivió 24 años y crio a sus 3 hijos.

Dentro de las tareas que realiza en el campo detalló: “Me levanto  todos los días muy temprano. Hago el fuego para tomar mate, después voy al corral atender a las cabras. También hago mamar a los chivos, saco la leche. Después voy a buscar los caballos para mandar a mi hijo a la escuela que le queda lejos".

"También busco agua en el rio, para lavar la ropa o cocinar, y leña para hacer el pan, todo se hace a fuego leña". Para Mary Ester vivir en el campo "es todo", expresó y en este sentido indicó que se trata de una experiencia "donde se aprende de todo un poco, se aprende a vivir y a sufrir también”.

 Natalia: “El campo es mi pasión, es una elección de vida”

Natalia Cabrera, desde muy pequeña vivió una vida difícil, sus papas enfermaron cuando tenía 12 años y le toco salir a trabajar. Con muy corta edad recorría entre 5 y 6 kilómetros a caballo para ocuparse de llevar a su hermana menor a la escuela.

“Fue una época difícil, éramos 4 hermanas, no teníamos en donde apoyarnos, sufrimos muchas dificultades y adversidades y decidimos estudiar para prosperar y salir adelante”, nos contó Natalia.

Hoy Natalia de 39 años, vive en la ciudad de Las Flores, provincia de Buenos Aires. Durante la semana trabaja junto a su marido, en un campo en Pardo. También trabaja en la ciudad, es tesorera de un centro tradicionalista de La Tacuara. “Un trabajo también vinculado al campo”, subrayó con orgullo.

Entre las tareas que disfruta contó que le gusta cocinar y ocuparse de las tareas del hogar. Además es mamá de una joven de 15 años.

Sobre las tareas específicas en el ámbito rural, expresó que trabaja con su marido en las tareas del campo: “Mi esposo trabaja como puestero. La mayoría de las tareas en el campo las realiza el, pero lo acompaño porque me gusta y lo ayudo con los animales, en vacunaciones, recorridas”.

Criada en el campo, pese algunos malos recuerdos de su infancia, elije vivir y trabajar en el ámbito rural: “Mis padres me transmitieron que hay que acompañar la labor de mi compañero. Si hay que alambrar o juntar hacienda, salgo a caballo, tenemos huertas, caballos, ovejas, también tenemos gallinas”.

Lo que más me gusta hacer es todo lo que tiene que ver con la la crianza de ovejas: “Es un trabajo de cuidado, se desparasitan, se descolan, se capan los corderos. Cuando hay heladas tenemos un lugar donde hay una salamandra donde llevamos a los corderitos más pequeños con sus mamás y se los resguarda del frio. También está, la época de esquila, se encierra las ovejas y hay gente especialista que se ocupa”.

Entre los desafíos recordó como una diferencia en el trato por ser mujer. "Otros patrones preferían el trato directo con mi marido", señaló. "En el campo prefieren un trato directo con el hombre, a las mujeres se las ubica en el rol de ama de casa”.

Pese a esto, y algunas otras dificultades que se presentan como el clima, las inundaciones, “al campo lo elijo siempre”, destacó Natalia.

Foto de portada: Diario Rio Negro

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