Atravesar una crisis no habilita a rifar nuestro país
En estas próximas elecciones estamos decidiendo el futuro de nuestro país, hacia dónde va Argentina. Siempre que hay elecciones presidenciales nos planteamos cuestiones similares, pero ésta vez la decisión es más profunda: hay tantos modelos de Argentina cómo candidatos. Podríamos decir que las propuestas son muy dispares, por no decir disparatadas.
Los y las argentinas tendremos que definir entre estas opciones: una candidata que nos ofrece una nueva filosofía de vida, un confuso plan económico, que ni ella puede explicar. Otro que nos ofrece una motosierra para cortar con los derechos adquiridos, que deja bien claro que su programa de gobierno toma el mango y que nosotros estamos del lado de la sierra, junto con la educación y salud pública, la universidad gratuita o la libertad absoluta para contaminar a nuestros mares, ríos. Un candidato cuya filosofía es “sálvese quien pueda”. Finalmente, un candidato que es Ministro de Economía, que asumió en un momento muy difícil, con un acuerdo cerrado con el FMI que nos sobreendeudaba y establecía compromisos imposibles de cumplir. Un hombre que demostró capacidad para renegociar las condiciones que nos imponen ajuste, que ejecuta medidas concretas para marcar un rumbo coherente con su plan futuro de gobierno.
Si bien describimos la situación del país como complicada, mala, difícil, lo que la sociedad exige es que los candidatos a conducir nuestros destinos le expliquen cómo piensan estabilizar la economía nacional.
Ya no esperamos eslóganes, sino la mayor claridad posible y mecanismos efectivos y viables.Tenemos la seguridad de que esto no se logra con motosierras, reducción del Estado, nuevas filosofías tiktokeras de vida, destruyendo oponentes, proponiendo ajustes sin sentido para que los números cierren para un mercado que no piensa en quiénes quedan afuera. Por el contrario, se transmite con calma, seguridad y firmeza explicando con claridad qué medidas se van a tomar y cómo se va a fortalecer la economía interna, protegiendo la Industria Nacional para que efectivamente genere empleo genuino y de calidad.
Es cierto que tuvimos algunos escollos en el camino de crecimiento de estos últimos cuatro años: como la deuda, la gestión de la pandemia, la guerra o la sequía, pero debemos reconocer que nuestros problemas no se basan sólo en estos inconvenientes por más importantes que hayan sido; estos fenómenos los conocemos. Debemos, de una vez por todas, realizar los cambios profundos que la Argentina necesita.
¿Cuál es el verdadero cambio? Alguien que nos propone políticas liberales que ya se aplicaron en los años 90, la dolarización de Ecuador y El Salvador, en principio sin los recursos para hacerlo, con un diario del lunes poco alentador y nada mejor que nosotros, con la propuesta de pérdida de autonomía con el cierre del Banco Central y con la expectativa de convertirnos en paraíso fiscal.
¿La revolución la realizará alguien que fue miembro fundamental de un gobierno que duplicó la pobreza, cerró industrias y nos sometió a la deuda más importante que haya tomado nuestro país?El verdadero cambio es de la mano de alguien que reconoce y asume los problemas y nos propone una moneda digital global; modificar la penal tributaria para penas importantes, para aquellos que evaden a costa de los que pagamos impuestos; exportar con valor agregado nuestros productos provenientes del campo, de la energía; revalorizar la Industria Nacional creando empleo genuino y, lo más importante, con unidad nacional.
No podemos dar cheques en blanco a nadie, el pueblo no puede seguir haciendo el sacrificio. No está todo roto como nos quieren hacer creer. Tenemos todo para salir y seguir creciendo. No se sale con negacionismo sobre las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar en nuestro país, ni promoviendo la venta de órganos, ni la portación libre de armas, ni sacando la obligatoriedad de la escuela primaria, ni permitiendo el arancelamiento de la educación y la salud o permitir libremente la contaminación. Este retroceso nos somete, no es sinónimo de libertad. Quizá muchos piensan que todas estas ideas no se pueden llevar a cabo: es profundamente grave que permitamos la mera discusión de cercenar el acceso a todas aquellas políticas que son emancipatorias como el acceso a la salud y la educación en igualdad de oportunidades. Sin herramientas y enfermos es menos difícil que cuestiones el yugo. Pensemos por un momento si todas estas ideas efectivamente se concretan, qué sería de todos los afectados, qué sería de nosotros mismos, quién nos protegería sin un Estado que vele por nosotros.
Queremos vivir mejor, concretar cada día mayores derechos, cuidar nuestra casa común, estar atentos al cambio climático.Tenemos posibilidades de debatir y analizar. Atravesar una crisis no habilita a rifar nuestro país.
Por último, quiero referirme a la actividad política como instrumento valioso que debemos valorizar, “La política es la expresión más alta de caridad” nos dice el Papa Francisco, es la herramienta para cambiarle la vida a las personas.
Aquellos que no lo entienden son los que toman la política como un punto de partida y no como un recorrido, irrumpen en ella sin una historia y aparecen como mesías que prometen salvarnos a todos y todas con espejitos de colores. De ellos tenemos que desconfiar, no hay salidas mágicas a problemas estructurales. Las salidas son colectivas, sociales y apostando a la unidad nacional y en paz.
La mejor manera de proyectar un futuro es dejar el enojo y el resentimiento de lado. La Argentina se caracteriza por revalorizar en el tiempo los valores de la democracia, justicia e igualdad y no es el mejor momento para dejarlos en el camino. Tenemos con qué y con quién.
* Titular Programa El Estado en tu barrio
Dirigente del NEP y UXP CABA