Ausentismo récord en un una elección clave
Con solo 67,9% de participación, la elección legislativa 2025 tuvo el nivel más bajo desde 1983. El resultado refleja una creciente desafección política y deja un Congreso fragmentado
Este domingo 26 de octubre se celebraron las elecciones 2025. Una jornada especial en el que se determina el futuro del Congreso de la Nación y el nivel de gobernabilidad que tendrá el presidente Javier Milei en los dos años que le restan a su mandato. Sin embargo, el proceso electoral arrojó números negativos: votó el 67,9% del padrón electoral, el número más bajo desde el retorno a la democracia en 1983.
Argentina no alcanzó números similares de participación en las urnas, ni en las legislativas de 2001, ni en plena pandemia del 2021. Según la Cámara Nacional electoral, ambas elecciones legislativas alcanzaron el 75,47% y el 67,78%, respectivamente. La jornada electoral del 2021 se midió primero con una PASO y luego con las elecciones generales. Las primarias obtuvieron el menor número de participación hasta este domingo.
La composición de la Cámara de Diputados y del Senado es de vital importancia para la sanción de leyes, como también para la discusión sobre los vetos presidenciales, como los que firmó el jefe de Estado en emergencia universitaria y discapacidad, además de la emergencia en salud pediátrica.
"Desafección política": la erosión de la confianza ciudadanaLa baja participación no solo sorprende por el número, sino por el momento político en el que ocurre. A casi dos años de haber asumido, Javier Milei enfrentó su primer test electoral como presidente con una gestión marcada por tensiones internas y una economía que no termina de estabilizarse. Su apuesta era transformar el resultado de las legislativas en una ratificación de rumbo. Sin embargo, el ausentismo dejó un escenario menos nítido.
En este contexto, el Congreso se convierte en el nuevo campo de batalla. El oficialismo llega con un bloque atomizado y alianzas frágiles con figuras del PRO, que podrían dificultar la aprobación de leyes estructurales como la reforma laboral o la segunda etapa del plan de desregulación económica. En el Senado, el panorama es aún más ajustado: la oposición mantiene núcleos duros de poder en las provincias, mientras que los libertarios dependen de acuerdos caso por caso.
Para Andrés Malamud, que días antes de los comicios habló en la Cumbre Aseguradora Argentina, “en los últimos años se produjo un desacople” entre la dirigencia y la sociedad. El concepto resume un diagnóstico que atraviesa a toda la clase política: una democracia donde las instituciones funcionan, pero la confianza ciudadana se erosiona. En los hechos, ese desencuentro se traduce en apatía electoral y en un Congreso con cada vez más actores sin pertenencia partidaria definida.