Bespoke y made to measure: lujo con encanto vintage
High class internacional que en Argentina se replica gracias a unos pocos zapateros y sastres que cultivan el costado más artesanal de sus oficios. Dónde vivir estas experiencias de compra ultrapersonalizada y cuánto cuesta incorporar estos fetiches de estilo al closet
El ritual de visitar al zapatero para que tome las medidas del pie con precisión de ingeniero y fabrique la horma exacta de ese calzado tan anhelado. La ceremonia de elegir desde el cuero de la capellada hasta el forro interior, la forma de la punta y del taco que el artesano confeccionará completamente a mano. La experiencia de regresar para las pruebas finales y recién varias semanas después -o incluso meses más tarde- ver materializada esa creación conjunta. Todo eso es una vivencia de consumo bespoke: un término anglosajón que remite a toda prenda realizada de forma personal y artesanal y que el mercado del lujo capitalizó para asociarlo a casi cualquier producto customizable.
Aquello que en Buenos Aires hasta los años 50 del siglo pasado era una costumbre habitual, hoy es una forma excepcional e hiper exclusiva de consumo que se puede experimentar en el local que Calzados Correa (www.calzadoscorrea.com.ar) tiene en Almagro. Es una empresa familiar con más de seis décadas de trayectoria. Felix Correa, hijo del fundador de esta firma, se crió en la trastienda de este negocio donde aprendió el oficio: "El cliente interesado en un calzado bespoke es aquel que realmente se ve obligado porque no consigue zapatos por algún inconveniente y precisa un par hecho completamente a medida o aquel que pretende algo distinto, exquisito y personalizado. Estos últimos siempre vienen con inquietudes, desafíos y deseos que nosotros podemos hacer tangibles. La gente de mucho dinero hoy no quiere productos de góndola, ni una camisa con un escudito de un caballito o con una banderita. Pretenden algo totalmente personalizado", opina.
Funcionarios públicos, diplomáticos, empresarios locales e incluso figuras internacionales son habitués de esta zapatería de élite donde el proceso de confección del calzado a medida lleva como mínimo cuatro semanas y vale desde doce mil pesos. Entre otras excentricidades, los clientes piden sus iniciales tatuadas en el interior del zapato o el uso de cueros exóticos como el de yacaré, caimán o mantarraya. "A algunos les genera tanta ansiedad ver el producto terminado que me piden que les envíe por Whatsapp videos del proceso de confección", cuenta Félix.
En Hurlingham, también se le rinde culto a la zapatería bespoke. Desde hace más de 125 años, Casa Fagliano (www.casafagliano.com) confecciona calzado de forma artesanal y a medida. Y aunque desde los años 30 su fuerte son las botas para la práctica del polo, también fabrican zapatos masculinos de estilo clásico. La prensa internacional acreditó el abolengo de la clientela de este taller que hoy llevan adelante tres generaciones de la misma familia. Desde Carlos, el príncipe de Gales, hasta Tommy Lee Jones o Will Smith han calzado sus creaciones.
"Quien viene a buscar un zapato nuestro sabe que se introduce en un mundo totalmente distinto. No tiene nada que ver con ir a un local, elegir un producto y llevárselo. Desde la primera vez que viene a vernos el cliente hasta que se lleva su calzado terminado pueden pasar cinco o seis meses. El precio nunca arranca debajo de los 1800 dólares. Hay quien puede pensar que es caro pero yo creo que eso es relativo porque estamos hablando de un zapato que puede durar 30 años", asegura Germán Fagliano. El prestigio de esta empresa familiar no reconoce fronteras y actualmente están desarrollando la marca en el viejo continente.
La posibilidad de lucir algo inimitable no se restringe solamente a los zapatos. En Zaffora Bespoke (www.nzaffora.com), una sastrería a puertas cerradas a la que se accede con estricta cita previa, los sibaritas del buen vestir invierten entre u$s2 mil y 50 mil para tener un traje a medida y confeccionado sin costuras a máquina. "El que disfruta de este tipo de experiencia es aquel que busca la excelencia ante un habano, un auto, un whisky o un café", explica Nicolás Zaffora, sastre y alma mater de este reducto hiper exclusivo de la calle Arroyo.
En la primera entrevista Zaffora ayuda al cliente a elegir el color, la tela y el corte que más lo favorece. Luego se le toman las medidas para confeccionar el molde. Más adelante vienen las pruebas. "Quienes hacemos trajes bespoke, trabajamos a mano, usamos muy poco la máquina recta común y somos muy precisos, no hay margen de error. Hay que tener al menos cinco años de aprendizaje y otro tanto de experiencia para hacer un traje así. En el made to measure (hecho a medida) hay participación humana pero muchas más cosas se hacen a máquina. Las sastrerías tradicionales no tenemos sucursales porque la mano de obra calificada es muy escasa", detalla el experto.
Como este tipo de prendas están pensadas para tener larga vida útil, los clientes se inclinan más por los diseños clásicos que por las tendencias: "Lo esperable es que sea un modelo que sobreviva al menos una década más. No es algo difícil porque la moda masculina es infinitamente menos variable que la femenina", reflexiona el sastre y subraya varias diferencias con los diseñadores de alta costura: "Ellos muestran todo, visten a las figuras mediáticas, exponen a sus clientas. En cambio, las técnicas sartoriales son como una masonería. El oficio está lleno de secretos cuando es artesanal. Los sastres tenemos cierto comportamiento de logia. No nos reunimos, ni nos hablamos entre nosotros, pero tenemos un compromiso de privacidad total con el cliente. Vestimos a los poderosos. Nunca decimos a quienes atendemos".
En una casona de Palermo que no tiene vidrieras, ni carteles a la calle, funciona el showroom de La Restinga (www.larestinga.com). La experiencia de compra incluye un agasajo epicúreo: al cliente se le sirven habanos, whiskies importados, chocolates y un blend de té propio de la marca, entre otras delicatessen. Mientras tanto dos asesores de moda lo ayudan a encontrar el mejor corte para su contextura y a elegir entre miles de opciones de géneros importados y tonalidades. Tener un un traje a medida de La Restinga cuesta entre 32 mil y 36 mil pesos. Para quienes no pueden esperar los 40 días que demora tener un traje terminado, también cuentan con un enorme stock de modelos ready to wear (listos para vestir).
"Nos dirigimos a ese perfil de personas que no se identifica con las marcas masivas. Al que es conocedor no le gusta la marca de shopping que te ofrece una campera de pluma china al lado de un traje de estilo italiano. En cambio, nuestra firma es homogénea como pocas y brinda garantía de por vida del producto", se jacta Márquez. Jueces, diplomáticos y políticos son habitués de este emprendimiento que puede dar cuenta del llamativo crecimiento de la demanda de la sastrería a medida. "El año pasado uno de cada diez trajes que vendíamos era made to measure, hoy ya representan un 27 por ciento", aporta Nicolás Márquez, CEO de la firma. Cifras que hablan de la revalorización del trabajo a medida, personalizado y hecho por artesanos. Datos que permiten asociar esta tendencia a la búsqueda de autenticidad y del consumo sustentable: por todo eso, el bespoke y el made to measure también se pueden interpretar como una buena noticia.