TECNOÉTICA

Cómo adoptar la inteligencia artificial en nuestro día a día de forma consciente

El futuro es la simbiosis entre humano y máquinas. En esta nueva era donde la innovación técnica es constante, debemos ser prudentes a la hora de trazar la línea entre uso y abuso

De piedras y palos a finas piezas de ingeniería, el hombre fue siempre encontrando la manera de tener las herramientas más eficaces no solo para sobrevivir, sino para ir más allá de sus capacidades. Quizás, tras 200.000 años en este planeta refinando artefactos, esta última innovación se nos fue un poco de las manos – para pasar a estar servidos en las suyas. 

La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil – hemos hablado ampliamente del tema en artículos anteriores –, sin embargo, su uso excesivo puede traernos problemas cognitivos: según aseguró la Dra. Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro, “reducir el esfuerzo neurológico disminuye nuestra capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera independiente”.

No ser dependientes de esta tecnología debe ser el nuevo objetivo a alcanzar. Puede ser una gran facilitadora, pero no debe impedirnos el refinamiento de nuestras capacidades. Hay tres pasos clave a seguir, que son claves para evitar el abuso de IA: establecer límites, cuestionar y ser transparentes con su uso.

 

1. Establecer límites

Hoy en día casi todo se basa en algoritmos (instrucciones ordenadas, acotadas que están destinadas a resolver un problema). Con ellos, las marcas, las aplicaciones, todo lo que esté en la nube realiza análisis estadísticos de nuestra información personal – a la que acceden gracias a las cookies - para adaptarse a tu alter ego virtual y así brindarte una “experiencia única, personalizada” a costo de tu privacidad. 

Según Cammertoni, Giusti, Viñas & Viñas exponen en su artículo “La escritura académica y el rol de la Inteligencia Artificial (IA)”, la IA se hace presente de múltiples formas en nuestra vida cotidiana:

Impacto en nuestros hábitos y preferencias de ocio y consumo: Las tecnologías influyen en cómo elegimos y disfrutamos nuestras actividades, mediante la generación automática de ofertas personalizadas, recomendaciones de películas y música en plataformas digitales, y el uso de sistemas de reputación para seleccionar servicios como alojamiento y restaurantes.

 

Cambios en el ámbito laboral: La automatización de tareas y el rediseño de los procesos de trabajo están transformando profundamente las ocupaciones profesionales y la forma en que desempeñamos nuestras actividades laborales.

 

Influencia en aspectos clave de nuestras vidas: Estas tecnologías afectan áreas fundamentales como la economía doméstica, al determinar la concesión de créditos o las decisiones de inversión, y la salud, contribuyendo al diagnóstico y tratamiento de ciertas enfermedades.

 

Asistencia en la toma de decisiones vitales: Actúan como apoyo, e incluso reemplazo, en decisiones importantes, como en la conducción asistida o la implementación de sistemas automáticos de seguridad.

 

Pero, siendo que abarca tantas áreas, ¿cómo podemos poner límites claros en su empleo? 

Buscá responder estas dos preguntas antes de recurrir a la IA, de cualquier tipo que sea: ¿compromete tu privacidad con los datos que pide?, ¿Es realmente necesaria o podrías resolver esa tarea por tu cuenta?

Puede ser una gran ayuda para tareas repetitivas, toma de decisiones difíciles y para aumentar la productividad en el estudio (ya sea resumiendo apuntes o corrigiendo estilísticamente trabajos), por dar algunos ejemplos. Cada uno debe trazar la línea entre uso y abuso según las exigencias bajo las que se encuentre.

 

2. Cuestionar

Las respuestas que otorgan los chatbots así como las creaciones de IA generativa deben ser revisadas y cuestionadas. Esto es por dos motivos:

Sesgos: al recuperar datos de la web, está sujeto a las cosmovisiones y posicionamientos de donde extrajo la información.

 

Alucinaciones: ante una pregunta, la IA produce “simulacros” – da una respuesta con información creíble pero inventada.

 

En caso de utilizar ChatGPT, por ejemplo, sus producciones deben ser siempre leídas y reescritas para obtener un texto con información confiable. Nadie puede decir que el “fact-checking” toma mucho tiempo: con una búsqueda de Google puede saberse si lo que el bot escribió es tal como dice o no.

En ocasiones, cuando se le pide al bot que cite fuentes inventa nombres y bibliografía. A veces deja oraciones a medias. No puede pasarse por alto la revisión.

Hay otra cuestión que queda al descubierto cuando se realiza una lectura crítica de los textos creados con Inteligencia Artificial y – siento yo – poco se habla: el formato estandarizado, impersonal y “objetivo” de la escritura.

Puede preguntársele a ChatGPT y responderá con completa sinceridad todas las marcas que deja como enunciador. Lo más común es el uso de tercera persona, un léxico sencillo y pocas veces subjetivo, construcciones gramaticales de sujeto + predicado + objeto y un contenido que pretende ser “neutral”, informativo respecto al asunto del que se habla. 

Quizás peco de lingüista con esto, pero un texto que no pasa por el proceso de corrección resulta distante con el lector. Vayamos más allá: ¿qué refleja de nosotros? No plasmamos nuestras ideas, opiniones, ni “visión creativa” en la construcción de ese enunciado. La muerte del autor debe darse con la reinterpretación, pero ¿qué sentidos podemos sugerir en nuestro lector, si no hay un escritor consciente detrás de lo que se presenta?

 

3. Ser transparentes

Por último, el plagio es un problema que no puede pasar por alto. ChatGPT a partir de su última actualización tiene la capacidad de buscar en la web, y utilizar información de diversos sitios. Otros generadores de textos, como Perplexity, también lo hacen: la cita se marca con un número y la url de la página web. Es fundamental, en caso de que esa producción vaya a ser parte de un trabajo académico o profesional, citar las fuentes a las que recurrió la IA.

Hay quienes proponen citar al mismo ChatGPT para atribuirle el texto creado. En la 7ma edición de las Normas APA, de 2023, se contempla emplear la siguiente referencia bibliográfica: OpenAI. (2023). ChatGPT (versión del 15 de julio) [Modelo de lenguaje de gran tamaño]. https://chat.openai.com/chat. 

Su uso académico es común, ya que – como exponen Cammertoni et. al – “facilita la indagación de información, y el esclarecimiento de conceptos, términos desconocidos y explicaciones sobre temas complejos”. Por ende, poco debería sorprender el verlo entre las referencias. 

También en el ámbito periodístico la IA se utiliza para pasar de audio a texto, sintetizar fuentes, ahondar en algunas consultas, llegar a una cierta cantidad de caracteres o reescribir una nota. La transparencia siempre que haya otra fuente citada es fundamental.  

Estos tres ejes parecen simples y, una vez incorporados en lo cotidiano, pueden serlo. Mucho se habla de la ética de la IA a gran escala, pero poco a nivel personal. Espero este artículo sea de ayuda para quienes busquen incorporar las nuevas tecnologías en su día a día, sin que ello termine por menoscabar su integridad ni su potencial creador. 

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