Cómo es el esquema arancelario que anunció Donald Trump y qué consecuencias económicas tiene
Donald Trump anunció tarifas a las importaciones, por ahora en pausa, que superan los niveles de reciprocidad. Economistas y mercados financieros advierten consecuencias severas
El nuevo esquema arancelario anunciado por Donald Trump, y que ahora puso en pausa por 90 días, lejos de aplicar el principio de reciprocidad que él mismo proclamó, se basa en los déficits comerciales bilaterales y no en las barreras al comercio exterior. La diferencia no es menor y marca una ruptura con el sistema tradicional de relaciones comerciales. “Mientras que se presenta como un sistema de ‘aranceles recíprocos’, no se intentó medir las barreras comerciales extranjeras; el aumento se calculó únicamente sobre la base de los déficits bilaterales”, explicó Abiel Reinhart, economista de JPMorgan Chase.
En los hechos, Estados Unidos impuso, suspendió y volverá a intentar poner luego de una negociación de 90 días, a los países del mundo aranceles significativamente más altos que los que estos aplican sobre productos norteamericanos. El caso de Vietnam es paradigmático: Washington anunció que cobraría un 46% de arancel a sus exportaciones, cuando el promedio simple de aranceles vietnamitas es del 9,4%, y el ponderado apenas llega al 5,1%, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Taiwán, que grava la mayoría de las importaciones con un arancel del 2%, debería pasar a enfrentar un arancel del 32% en Estados Unidos. Desde Asia hasta América Latina, la lógica se repite. Corea del Sur, que en la mayoría de los casos no impone aranceles a los productos estadounidenses, fue alcanzada por un gravamen del 25%. Chile y los países de América Central, que tienen acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, recibieron un arancel del 10%.
La excepción fue Brasil. A pesar de aplicar un promedio ponderado de aranceles del 9,3% y de establecer duras restricciones no arancelarias, como elevados impuestos internos y burocracia para importadores, se le aplicó la tasa más baja del nuevo esquema: 10%.
La administración Trump descartó el proceso ordinario, que suele durar varios meses, y utilizó una ley de los años setenta para imponer los aranceles de forma inmediata. En una conferencia en la Casa Blanca, Trump justificó su decisión con un ejemplo: “Nos cobran 52% y nosotros no cobramos nada desde hace años y décadas”, dijo refiriéndose a India. Pero, según la OMC, el promedio ponderado real de India es de 7,7% y el simple, de 15,9%.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos argumentó que los déficits comerciales reflejan un conjunto de factores tarifarios y no tarifarios, como regulaciones internas que distorsionan el comercio. También señaló que los impuestos al valor agregado (IVA) en países europeos discriminan contra productos importados. La mayoría de los economistas disiente: el IVA se aplica tanto a productos nacionales como importados si se consumen en el país.
China es otro caso que refleja el nuevo enfoque. Antes de la guerra comercial que Trump lanzó en 2018, China cobraba más que EEUU en promedio: 8% contra 3,1%. En 2020, tras las represalias mutuas, la carga impositiva se equilibró en torno al 21%. Ahora, los nuevos aranceles elevaron la tasa estadounidense a 76%, mientras China respondió con un 56,6% y EEUU contraatacó con un extraordinario 125%. Es la primera vez en años que EEUU grava más a China que al revés.
Argentina también fue alcanzada, pese a que EEUU mantiene superávit comercial. Con un promedio ponderado de aranceles del 12,3% —uno de los más altos del mundo—, Argentina pasó a pagar nuevos aranceles. El caso evidencia que la lógica del nuevo esquema no depende del proteccionismo ajeno, sino del saldo comercial con Washington.
Bill Ackman, inversor y uno de los principales financiadores de Trump, criticó abiertamente la medida: “Al aplicar aranceles masivos y desproporcionados a nuestros amigos y enemigos por igual y lanzar una guerra económica global, estamos destruyendo la confianza en Estados Unidos como socio comercial, lugar para hacer negocios y mercado para invertir capital”, escribió en X.
Brent Neiman, economista de la Universidad de Chicago y exfuncionario del Tesoro bajo el gobierno de Biden, señaló que muchos superávits con Estados Unidos no responden al proteccionismo. “Algunos países tienen recursos que necesitamos pero no demandan nuestros principales bienes, como maquinaria o servicios educativos”, explicó. Agregó que otros acumulan superávits por razones demográficas o de inversión, según describió The Wall Street Journal.
Neiman advirtió también que el modelo económico que utilizó la Casa Blanca para fijar los aranceles malinterpretó el impacto de los gravámenes sobre los precios, lo que infló las tarifas finales. Según sus cálculos, una corrección técnica reduciría las tasas a una cuarta parte de las establecidas.
Mientras tanto, la Unión Europea, que aplicaba un arancel promedio del 3% frente al 2,2% estadounidense, quedó sometida a un nuevo gravamen del 20% por parte de EEUU. Según fuentes comunitarias, Bruselas evalúa represalias focalizadas, como aranceles a productos puntuales o restricciones a servicios estadounidenses.
El impacto ya se refleja en los mercados. “El intento por eliminar déficits comerciales es mucho más complejo y disruptivo que nivelar barreras tarifarias”, afirmó Reinhart. Ackman fue aún más directo: “La economía global está siendo arrastrada por una mala fórmula matemática”.
Quizá las críticas ayudaron a tomar una pausa de 90 días en la medida. Habrá que esperar.