Daño colateral: el ataque de Irán a Israel complica el préstamo de Arabia Saudita a Argentina
El ataque de Irán a Israel puso en alerta a todos los gobierno del G7 y, en especial, a las fuerzas de seguridad de Argentina. La Republica Islámica de Irán llevó adelante el ataque como represalia a lo hecho por los israelíes en el consulado de Damasco (Siria), luego de varios días alertando sobre la inminencia del ataque. Así, con el lanzamiento de más de trescientos drones suicidas y misiles balísticos, es la primera vez en la historia moderna que el régimen iraní ataca Israel de forma directa. Si bien el sistema antiaéreo israelí, según el estado judío, pudo repeler gran parte de los drones y los misiles, los cohetes iraníes lograron alcanzar una base militar. En ese marco, la posibilidad de una escalada del conflicto complica la estrategia de Luis Caputo para negociar con Arabia Saudita un préstamo que permita salir del cepo.
De este modo, las esquirlas del ataque iraní parecen haber llegado hasta Buenos Aires. Y es que la agresión del Estado chiita no solo determinó el final de la gira de Javier Milei sino que puso en alerta máxima a gran parte de los países occidentales. La prueba más clara de esto es la reunión que encabezó ayer por la noche el Presidente argentino junto a funcionarios de los ministerios de Defensa, Seguridad y Relaciones Exteriores, así como también del área de Inteligencia, para analizar la situación crítica que atraviesa Oriente Medio.
Lo cierto es que en el mundo de las relaciones internacionales se esperaba una acción violenta de Irán desde hace más de una semana, luego de que Israel acabará con la vida de varios comandantes de la Guardia Revolucionaria durante el ataque al consulado en Damasco. Entre los muertos se encontraba Mohamed Reza Zahedi, general responsable de la coordinación de las operaciones con Hezbollah, la milicia chií libanesa, por lo que Irán advirtió que ese atentado no quedaría impune y que se vería obligado a responder ante la agresión israelí. Los iraníes dicen que su objetivo, por ahora, está cumplido. En tanto, desde la Casa Blanca no quieren que el conflicto "se intensifique". Según reveló The New York Times, una conversación entre Joe Biden y Benjamin Netanyahu hizo que Jerusalén descartase una represalia. También por ahora.
A nadie en el G7 se le escapa que Irán está poniendo en práctica lo que en Estados Unidos llaman "La teoría del caos". Y esa teoría está lejos de ser algo abstracto: desde la toma de Gaza en 2007, Irán fue el principal patrocinador del grupo. La teocracia de Teherán le brindó apoyo militar y económico a la organización terrorista para concretar la masacre del 7 de octubre. Dicha asistencia incluyó tecnologías militares, inteligencia y hasta USD300 millones en ayuda financiera, de acuerdo con los datos de la revista Foreign Affairs. Irán no solo proporcionó drones y cohetes, así como también infraestructura y entrenamiento para ayudar a Hamás a construir sus propias armas, sino que las milicias respaldadas por Irán también intensificaron sus actividades: según indican diversos datos extraoficiales, ya le han causado más de cien bajas al servicio estadounidense. En tanto, los hutíes, el grupo armado respaldado por Irán que gobierna gran parte de la población de Yemen, atacó barcos que navegaban por el Mar Rojo, lo que derivó en que el tránsito por el canal de Suez cayera en un 50% durante los primeros dos meses de 2024. Una catástrofe para el mundo árabe y el levante, pero también parte de "la teoría del caos": Teherán aprovechó sucesivas conflagraciones en el vecindario para fortalecer su posición. Sembrar el caos para cosechar adhesiones, una estrategia que hasta el momento le reportó resultados mixtos.
Pero, esta vez, el ataque iraní es más arriesgado que nunca y pone a toda la región al borde de convertirse en un polvorín. La ruptura del equilibrio que había entre las dos potencias regionales se rompió. Hasta el momento, Irán e Israel evitaron atacarse de manera directa, optando por objetivos iraníes en terceros países como Siria, Líbano o Irak, en el caso de Israel, u operando a través de terceros países o "proxies", como se dice en las relaciones internacionales, en el caso de Irán.
En los hechos, los analistas plantean tres escenarios: una desescalada de Israel a través de un ataque a grupos proiraníes en Siria, Irak o Líbano presionada por un gobierno estadounidense que ya estaba molesto tras la operación de Israel en la Franja de Gaza. Esto no sería una buena noticia para Netanyahu, quien no cuenta con el apoyo de la opinión pública israelí, en medio de una fuerte presión internacional por lo hecho en Gaza. Tampoco ayuda el ataque iraní: muchos en Israel lo culpan por la escalada del conflicto con Irán, aunque el primer ministro sabe que las guerras blindan a los gobiernos. El segundo escenario es que Israel ataque a Hezbollah en el sur del Líbano, lo que le evitaría ir directamente contra Irán. El tercer escenario es que Israel ataque directamente a Irán, lo que involucraría a otros países y actores de la región.
Pero acaso lo que más preocupa en el Palacio de Hacienda (mucho más que la situación en Oriente Medio) es lo que suceda con Arabia Saudita si, de manera soterrada, el reino islamico ingresa en el conflicto. Y es que, dentro de en La Libertad Avanza, hace meses sostienen en off que el as en la manga del Gobierno para salir del cepo es un préstamo de más de USD10.000 millones que Argentina podría recibir de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Un crédito que, para muchos en Washington y Tel Aviv, parece haberse esfumado en la noche del 13 de abril.