Daron Acemoglu alertó sobre los riesgos y las ventajas de la IA en el empleo
El ganador del Nobel de Economía advirtió que, sin una regulación adecuada, la expansión de la inteligencia artificial podría profundizar las desigualdades
El reciente ganador del Premio Nobel de Economía, Daron Acemoglu, alertó sobre los efectos potencialmente destructivos de la irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito laboral. Según señaló el economista, la implementación de esta tecnología podría resultar en una significativa reducción de empleos si no se regula adecuadamente, así como también generaría una caída de los salarios y un agravamiento de las desigualdades económicas a nivel global.
"Si no corregimos el rumbo podríamos ver un sistema laboral dividido en dos niveles. Una pequeña élite controlará el desarrollo y el uso de estas tecnologías y la mayoría estará relegada a relizar trabajos marginales o de escasa relevancia", aseguró Acemoglu durante entrevistsa con medios internacionales. Este futuro, indicó, traería consigo remuneraciones más bajas y condiciones de labor precarias para la mayor parte de la población.
Consenso
Acemoglu, quien junto a su antiguo colaborador Simon Johnson publicó recientemente el libro Poder y progreso, subrayó que su objetivo no es promover una resistencia a la IA sino abogar por un enfoque más equilibrado y consciente de las consecuencias sociales. Si bien reconoció el potencial de la IA para transformar el trabajo, consideró que su éxito dependerá de un consenso entre trabajadores, formuladores de políticas, investigadores y líderes tecnológicos. Para lograr un impacto positivo, el economista recomendó abandonar el "tecnooptimismo ciego" que actualmente impulsa las decisiones de los sectores más privilegiados.
En una entrevista reciente, Acemoglu apuntó a esto. "Todas las semanas sale un gurú a decirnos que no hay motivos para inquietarse, que la inteligencia artificial resolverá todos nuestros problemas, que solo debemos preocuparnos de los intentos por parte de los gobiernos de regularla. La sociedad está mostrando una actitud ingenua y, por desgracia, muchos periodistas se han subido a ese carro y se tragan la propaganda de las grandes compañías", detalló.
Desafío sin precedentes
Uno de los aspectos más preocupantes de la IA, según Acemoglu, es su velocidad y omnipresencia. "La IA se está aplicando a un ritmo mucho más rápido que las tecnologías anteriores y en prácticamente todos los sectores. Esto significa que una dirección errónea en su implementación podría volverse dominante de forma acelerada", explicó. En ese sentido, advirtió que la falta de un control adecuado podría llevar a consecuencias perjudiciales que se extiendan rápidamente en la economía.
A pesar de que todavía no es unánime entre sus colegas, el pensamiento de Acemoglu está empezando a ganar terreno en los debates sobre la regulación de la IA. Un ejemplo notable es el discurso de Gita Gopinath, subdirectora del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien en junio de este año instó a los gobiernos a regular la IA en beneficio de la sociedad, citando los estudios del Nobel.
Un futuro incierto
Por su parte, Paul Romer, ganador del Premio Nobel de Economía en 2018, manifestó que comparte la visión optimista sobre el desarrollo tecnológico, pero que cambió su perspectiva coincidiendo con Acemoglu en que muchas formas de tecnología pueden ser dañinas sin una intervención adecuada. "Es claro que necesitamos una entidad que actúe en nombre de la sociedad para promover las tecnologías que nos beneficien y limitar aquellas que puedan generar perjuicios", señaló Romer.
Acemoglu también mostró su preocupación por la falta de creación de empleos que compensen los puestos eliminados por la IA. Un estudio reciente realizado por el economista reveló que las empresas que aumentaron sus contrataciones de especialistas en IA redujeron en gran medida la contratación de otros tipos de personal. Esto sugiere que la tendencia predominante es utilizar la IA para reemplazar a los trabajadores en lugar de complementar su trabajo para hacerlo más eficiente.
"La automatización puede ser beneficiosa, pero en las condiciones actuales, donde solo el 10% de la fuerza laboral está sindicalizada, los trabajadores no tienen poder de negociación para influir en cómo se implementa la IA. Esto podría traducirse en una mayor concentración de riqueza en manos de unos pocos, mientras la mayoría sufre los efectos de la precarización", destacó Acemoglu y añadió un ejemplo concreto de la realidad reciente: "En Estados Unidos llevamos cuarenta años con un retroceso continuo de los ingresos de los trabajadores sin formación superior. Si el panorama no cambia, la inteligencia artificial reforzará esta tendencia, ayudando solo a las personas con más medios y más cualificadas, pero no deparará nada bueno para la mayoría".
Sumado a esto, el Premio Nobel alertó sobre el debilitamiento de las instituciones democráticas debido a la desinformación y el uso de tecnologías como los deepfakes, lo que podría empeorar la situación. "Sin un marco regulatorio fuerte, el desarrollo de la IA podría estar al servicio de los intereses de unos pocos, sin considerar el bienestar general", advirtió.
Oportunidades
A pesar de los riesgos, Acemoglu mantiene la esperanza de que la IA pueda utilizarse de manera positiva. "La IA generativa tiene el potencial de aumentar la productividad de los trabajadores del conocimiento, lo que podría traducirse en mayores beneficios tanto para ellos como para sus empleadores. El desafío está en utilizar la tecnología para empoderar a los trabajadores, en lugar de reemplazarlos", afirmó.
Respecto de las posibles herramientas para impulsar el uso de tecnología a favor del empleo, el economista analizó: "Nuestros sistemas impositivos están claramente sesgados en detrimento del trabajo humano. En Estados Unidos, el tipo impositivo medio sobre los ingresos del trabajo lleva mucho tiempo estable, cerca del 25%; sin embargo, la presión fiscal sobre las inversiones en máquinas y software se redujo del 15 al 5% en treinta años".
Para Acemoglu, el futuro del trabajo dependerá en gran medida de cómo se utilice la IA. "Si conseguimos desarrollar herramientas que complementen el trabajo humano en lugar de suplantarlo, podríamos crear un sistema donde los beneficios de la tecnología sean compartidos de manera equitativa", concluyó.