Economía plateada: la nueva fuerza que crece en la región
Una tendencia que, aunque requiere romper barreras digitales, culturales y financieras, irrumpe con enorme potencial en América Latina
Olvidemos la postal de la vejez asociada a la inactividad. Los adultos mayores ya no son simples espectadores del mundo que los rodea: estudian, emprenden, consumen y exigen. La denominada economía plateada, que engloba la actividad productiva y de consumo de las personas mayores de 50 años, está dejando de ser un concepto de nicho para transformarse en uno de los motores económicos más relevantes del siglo XXI. Y América Latina, que fue durante décadas sinónimo de juventud demográfica, se convierte ahora en un escenario donde ese cambio avanza con mayor rapidez.
Un giro demográfico sin precedentes
De acuerdo con los datos del Banco Mundial y de la ONU, en 2024 había 166 millones de personas de 50 años o más en América Latina y el Caribe, lo que equivale al 25% de la población. Para 2050, el número escalará a 280 millones; es decir, casi el 40% de los habitantes. Más aún: la región será la más envejecida del planeta en 2090, con más del 36% de su población por encima de los 60 años. El fenómeno deja de ser una proyección lejana para convertirse en una realidad inmediata que tensiona los sistemas de salud, pensiones y cuidados, pero que al mismo tiempo abre una nueva ventana de oportunidades económicas inéditas.
La pandemia aceleró la visibilidad de este proceso. Los mayores fueron los más expuestos al virus y, al mismo tiempo, los que más dificultades encontraron para adaptarse a la digitalización forzada por los confinamientos. Las extensas filas frente a las sucursales bancarias, integradas en su mayoría por jubilados que intentaban sortear interfaces digitales poco amigables o que directamente carecían de conexión estable a Internet, se convirtieron en una postal de la exclusión tecnológica.
Mercado en expansión
Las estadísticas lo confirman: si bien en la región había 56 millones de personas mayores de 65 años en 2019, para 2050 serán más de 144 millones. En el mismo período, el crecimiento poblacional general apenas rozará entre 0% y 1% anual. El envejecimiento, entonces, no es una tendencia marginal, sino un dato demográfico central que redefinirá el futuro de América Latina.
El potencial económico es enorme. Según señaló la Asociación Americana de Personas Jubiladas, la economía plateada representaba cerca del 34% del PBI mundial (unos USD45 billones) en 2022. Para 2050 se proyecta que llegue al 39% del producto global, lo que se traduce en unos USD118 billones.
Japón, pionero en este proceso, ya cuenta con un mercado plateado superior al billón de dólares, equivalente a la mitad del consumo total del país. El interrogante que se abre ahora es si la región logrará capitalizar esta ola o si dejará pasar una de las mayores oportunidades de su historia.
La inclusión financiera, la gran deuda
Actualmente, gran parte de las empresas que se involucran en este sector en América latina está concentrada en cuidados de salud, farmacéuticas o residencias. Sin embargo, un reciente estudio del BID reveló que el espacio de expansión es mucho más amplio: turismo, educación, entretenimiento, vivienda y tecnología son áreas todavía incipientes que podrían convertirse en locomotoras de desarrollo. La demanda existe, pero la oferta no está a la altura. Ahí radica el desafío.
El sistema financiero ocupa un lugar clave. Los adultos mayores requieren productos que acompañen su longevidad, como planes de ahorro adaptados, créditos accesibles para salud y vivienda, seguros flexibles y asesoramiento especializado. No obstante, los prejuicios relacionados con la edad, la falta de datos y la escasa innovación generaron un importante vacío. El resultado es una exclusión silenciosa: millones de personas que ahorran, consumen y producen siguen sin acceso a herramientas financieras a la medida de sus necesidades.
Las mujeres mayores necesitan una atención especial. Representan el 55% de la población mayor y viven, en promedio, siete años más que los hombres. Pero al mismo tiempo acumularon menores ingresos a lo largo de su vida, cotizaciones más bajas en los sistemas de pensión y una presencia marcada en empleos informales. Crear cuentas de ahorro flexibles, seguros pensados para ellas y programas de educación financiera con perspectiva de género es clave para revertir desigualdades históricas.
La experiencia internacional demuestra que los modelos innovadores funcionan. En Chile, la entidad Caja Los Héroes dirige dos tercios de su cartera de crédito social a adultos mayores y promueve la educación financiera con apoyo del BID. Iniciativas similares se multiplican en instituciones como Caja 18 o el Banco PAN de Brasil, con un enfoque que combina rentabilidad y responsabilidad social. Son ejemplos de cómo se puede transformar una necesidad en un negocio sostenible.
Un futuro en construcción
Un informe reciente elaborado en Chile junto con el Grupo BID lo confirma: a mayor edad, mayor percepción de incertidumbre frente al futuro. Esa fragilidad se refleja en cómo se valora la educación, el sistema de pensiones o el cuidado del medioambiente. Pero, al mismo, tiempo aparece un sentimiento de esperanza vinculado con la necesidad de instituciones más sólidas que brinden certezas. La economía plateada se apoya justamente en esa búsqueda: ofrecer confianza a través de productos y servicios que respondan ante las expectativas de quienes ya aportaron toda su vida al desarrollo social.
El futuro de América Latina dependerá de cómo se gestione este cambio. Los países que comprendan la magnitud del envejecimiento y construyan políticas activas alrededor de la inclusión financiera tendrán una ventaja estratégica.
Será un gran desafío no solo económico sino también cultural y político. Reconocer el valor de los mayores implica derribar prejuicios y apostar por una visión de desarrollo donde la longevidad sea sinónimo de productividad y no de carga. En ese marco, América Latina está ante una encrucijada: puede seguir relegando a quienes representan una parte creciente de su población o puede transformar esa experiencia acumulada en un activo estratégico.
La economía plateada no es una moda ni una tendencia pasajera: es la llave para construir una región más inclusiva, con crecimiento sostenible y un nuevo contrato social que coloque a todas las generaciones en el centro de su futuro.