Economía y Salud Mental
El 10 de Octubre se conmemoró nacional e internacionalmente el Día de la Salud Mental. La conmemoración de este día comenzó en 1982 y fue impulsada por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH), con apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su propósito es visibilizar a través de una fecha el compromiso con la salud mental, y que se recuerde la importancia de movilizar esfuerzos para solucionar los problemas vinculados.
La salud, ha sido definida por OMS en 1946 como un "estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad".
Pandemias, guerras, fenómenos económicos, políticos, impactan significativamente sobre la salud mental.
Precisamente, según OMS, mil millones de personas en el mundo, una de cada ocho, vive con un problema de salud mental.
El vínculo entre inequidad socio económico y salud mental es rápidamente descriptible. Ante condiciones económicas positivas (crecimiento, empleabilidad, estabilidad de precios, entre otros) se infiere bienestar y mejor salud mental producto de una seguridad financiera y mejores perspectivas de ingresos. Todo lo contrario, genera una incertidumbre que puede provocar niveles más altos de estrés, ansiedad, depresión. Ni hablemos de sumar a ello un proceso eleccionario también dotado de incertidumbre.
Y siempre que se hable de equidad o de brechas es necesario pensar en términos de accesibilidad, de garantizar igualdad de oportunidades, porque a su vez las variables económicas son determinantes para el acceso a la atención de salud mental y a los servicios de apoyo. Las personas que enfrentan limitaciones financieras pueden tener dificultades para pagar terapias, medicamentos u otros tratamientos de salud mental, lo que resulta en una atención retrasada o inadecuada.
En términos estrictamente económicos, se estima que el costo de este deterioro en la salud mental a nivel global ascenderá en 2030 a 6 billones de dólares. En 2010 esa cifra era de menos de la mitad, 2,5 billones.
Para mencionar algunas cifras globales y, sobre todo, a partir del advenimiento de la pandemia de COVID-19, en menos de un año y medio, 53 millones de nuevos casos de depresión y 76 millones de ansiedad se experimentaron en el mundo, de acuerdo al Institute for Health Metrics and Evaluation. Y precisamente es destacable que los casos que más crecieron no fueron los referidos a las afecciones tradicionalmente más conocidas como esquizofrenia o bipolaridad, sino precisamente ansiedad, depresión, pánico. Afectando fundalmentalmente a jóvenes y mujeres en mayor medida alrededor de todo el mundo. Así, dos tercios de los nuevos casos los sufrieron mujeres y, teniendo en cuenta la edad, el mayor incremento fue entre los y las menores de 25.
Dejar el tabúHoy las propias empresas comienzan a incorporar programas vinculados a la salud mental, dejando de ser un tema tabú, bajo el paradigma de que el capital humano que goza de una buena salud mental por supuesto que resulta más motivado y productivo. Entendiendo que esa salud mental puede estar impactada por factores externos, pero también es incidida por lo que suceda en el propio contexto laboral.
Precisamente, las OMS tiene en marcha un Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, en el cual insta a una serie de acciones, entre ellas a reorganizar los entornos que influyen en la salud mental, como los lugares de trabajo.
Y en este marco, con la reciente ganadora del Premio Nobel de Economía, Claudia Goldin (tercera mujer en recibir el galardón, luego de Elinor Ostrom y Esther Duflo), que explica la evolución de las mujeres en el mercado laboral y de qué manera se van sorteando obstáculos pero aún persisten brechas, no debemos olvidar que al hablar de brecha no sólo se contempla lo económico, sino también la salud considerada integralmente y si precisamente son las mujeres junto con jóvenes quienes más experimentan casos de afecciones vinculadas a la salud mental, cualquier programación debería contemplar principalmente a estos colectivos.
Por citar un ejemplo, según el Instituto de la Menopausia de España, "las mujeres que sufren un alto nivel de estrés durante un tiempo prolongado tienen un 80% más de riesgo de tener la menopausia de manera precoz", con todos los riesgos, entre ellos, cardiovasculares, a los que esto conlleva. ¿Están preparadas las organizaciones para acompañar estos procesos?