Egipto elige mañana presidente en una elección cuestionada
Despojado de opositores con peso, Abdel Fatah al Sisi se presenta a una reelección cantada
Tras casi cinco años en el poder, uno como líder militar golpista y cuatro como presidente electo, el mandatario de Egipto, Abdel Fatah al Sisi, se presenta mañana a una reelección cantada, en medio de un boicot convocado por la mayoría de la oposición y denuncias de las principales organizaciones de derechos humanos del mundo.
Sin candidatos opositores de peso en la contienda, nadie duda en Egipto que Al Sisi ganará la reelección en los comicios de esta semana que comienza y que se realizarán en tres jornadas consecutivas: lunes, martes y miércoles.
La gran incógnita será el nivel de participación ya que de él dependerá la futura legitimidad electoral del segundo mandato de Al Sisi.
"Sean cuales sean sus decisiones y opiniones políticas, su intensa participación en las elecciones dará un gran empuje a esta patria” afirmó el jefe de Estado en los últimos días de la campaña.
Al Sisi eligió no encabezar los actos de campaña de su partido; en cambio, utilizó los actos oficiales de gobierno para difundir su mensaje.
Los medios de comunicación, en tanto, se dedicaron a repetir al unísono los “logros” del gobierno, especialmente los económicos y su “lucha contra el terrorismo”.
Sólo en los últimos días de campaña, se vieron en los canales de televisión entrevistas a ciudadanos que hicieron críticas a la gestión incondicional, inclusive críticas a la falta de libertad de expresión.
A modo de respuesta, en una entrevista, Al Sisi destacó que los egipcios votarán “con total libertad”, pese a tener -reconoció- sólo dos opciones presidenciales.
El año pasado, la organización Amnistía Internacional acusó al presidente egipcio de estar persiguiendo y de sacar de carrera a todos sus contricantes electorales
Uno fue arrestado, otro acusado, otro condenado y otro decidió abandonar sus aspiraciones presidenciales tras recibir amenazas. A último momento, y cuando las críticas de la oposición y de la comunidad internacional se habían vuelto ensordecedoras, un candidato con ninguna popularidad se presentó como único rival: Musa Mustafa Musa.
La campaña estuvo marcada por la asimetría. Las ciudades fueron empapeladas con la imagen de Al Sisi, mientras que la cara de Musa apenas aparecía en las plazas y las principales avenidas.
Al Sisi llegó al poder hace casi cinco años como jefe de las Fuerzas Armadas que encabezaron un golpe de Estado contra el primer presidente democráticamente electo del país, el islamista y aliado de los Hermanos Musulmanes Mohamed Mursi.
Meses después, Al Sisi ganó unas elecciones convocadas por el gobierno de facto. Sacó 97% de los votos con una participación que no llegó al 25% del padrón electoral.
A esa victoria le siguieron cuatro años de detenciones, juicios y todo tipo de medidas que fueron restringiendo la capacidad de líderes políticos, periodistas y referentes civiles de expresarse en contra del gobierno.
Pese a la “total libertad” que prometió Al Sisi, una coalición de ocho partidos egipcios y más de un centenar de figuras públicas llamaron a principio de año a boicotear las elecciones presidenciales.
Hamdeen Sabahy, el dirigente que terminó segundo en las elecciones de 2014 que coronaron a Al Sisi como presidente, convocó en esa ocasión a otros grupos opositores a sumarse al boicot.
‘Vengan y juntémonos. Este es un momento en que la gente dará a conocer su opinión y, si Dios quiere, prevalecerá la opinión de la gente”, aseguró el político y el éxito de su convocatoria está aún por verse.
En paralelo, un grupo con algunas de las organizaciones de derechos humanos más reconocidas del mundo también lanzaron un alerta global y llamaron a la comunidad internacional a exigir transparencia y libertad política a Egipto.
"Los aliados de Egipto deberían hablar públicamente ahora para denunciar estas elecciones, que son una farsa, en lugar de continuar con un apoyo en gran medida incuestionable a un gobierno que preside la peor crisis de derechos humanos del país en décadas”, dijeron las ONGs en un comunicado, firmado, entre otras, por Human Rights Watch, Reporteros Sin Fronteras, la Federación Internacional de Derechos Humanos y la Organización Mundial Contra la Tortura. Pero esta presión nunca se cristalizó.
Ayer, a dos días del inicio de las elecciones, el gobierno egipcio volvió a expulsar a otro periodista internacional, esta vez la corresponsal del diario británico The Times.
La periodista, que trabaja en El Cairo desde hace siete años, fue detenida hace tres semanas después de realizar una entrevista al pariente de un hombre que murió en una patera camino a Europa.
Mientras la salida de la periodista británica no agitó el clima local, sí lo hizo un atentado contra el jefe de la Policía de Alejandría, una de las principales ciudades del país, ayer en esa ciudad.
Un artefacto explosivo colocado debajo de un vehículo estalló al paso del coche en el que viajaba el jefe policial Mustafa Al Nemr, pero éste sobrevivió. Un policía, sin embargo, falleció y otros resultaron heridos.
El atentado se enmarca en la llamada lucha contra el terrorismo que el presidente y candidato Al Sisi enarbola como uno de los pilares de su gobierno.