El FMI y la guerra eliminan las anclas inflacionarias
Los compromisos de evitar los atrasos cambiario y tarifario, con un crawling peg más acelerado y aumentos en marzo, generan presiones extra. A eso se le sumará el efecto de la invasión rusa en los costos de la generación de energía
La posibilidad de que la inflación logre desacelerar respecto al 50,9% que marcó durante el 2021 ya era compleja. Ahora, entre el acuerdo con el FMI, que obliga a elevar algunos de los anclas principales, y la guerra en Ucrania, que le pone combustible a la inercia por la suba en el precio del gas, la cuestión se puso más difícil aun. Febrero cierra nuevamente en torno al 4% y marzo arrancará con presiones extra por la suba en prepagas, el aumento de la electricidad y la estacionalidad en educación. Sólo el primer trimestre terminará en torno a 13%, que es un 63% anualizado.
Desde una perspectiva ortodoxa, encabezada por los requerimientos del FMI para los próximos dos años y medio, la inflación debería ajustar por la búsqueda de un menor déficit fiscal y de una baja en la emisión monetaria como consecuencia. Pero desde la heterodoxia algunas de las medidas son vistas como candidatas a generar el efecto contrario. La experiencia del acuerdo de 2018, que generó el récord de 53,8% en 2019 pese al déficit y emisión cero, aparecen como antecedente cercano.
Por caso, para intentar bajar el déficit se aumentarán las tarifas energéticas, lo que tendrá impacto inflacionario en lo inmediato. Se lo espera para el mismo marzo. Además, la decisión de acompañar el ritmo inflacionario con la velocidad del crawling peg también aportará lo suyo. También la búsqueda de que el salario deje de atrasarse agregará lo suyo. Y la novedad reciente es la invasión rusa a Ucrania, que sumará por el lado de los precios internacionales.
La consultora Sarandí ya corrigió su proyección para el 2022 por esa razón específica y le apunta a un IPC de 50% interanual en diciembre. Un empate frente al año previo. Según su escenario base, la guerra en Ucrania le agrega 3 puntos a la inflación. En una mirada pesimista, esa incidencia puede llegar hasta 10 puntos.
A mediados de septiembre, el texto del Presupuesto 2022 planteaba una inflación de 33% que resultó poco creíble para el mercado y para la oposición. En base a ese argumento, el proyecto se terminó cayendo. En el borrador del acuerdo con el FMI el número apuntado fue 43% (en rigor, un rango entre 38% y 48%). Tal vez hubiese sido más creíble a mediados de septiembre pero hoy, con la nueva información, ya es visto como un imposible.
Desde la consultora PxQ señalaron al respecto: “No queda claro cuáles podrían ser los factores que desaceleren la inflación en 2022, tal como espera el Gobierno y el FMI. Al contrario, un mayor ritmo de crawlipeg, reducción de subsidios, corrección de precio de la nafta y negociaciones paritarias en un contexto de aceleración de precios parecen indicar que igualar el registro de inflación de 2021 sería un logro para el Gobierno. Esperar que el cierre del acuerdo con el FMI y el anuncio de un sendero de reducción del déficit fiscal y la asistencia monetaria reduzcan las expectativas de inflación parece demasiado arriesgado”.
La consultora dirigida por Emmanuel Álvarez Agis resaltó que el acuerdo con el FMI vino con la promesa de que el crawling peg irá en línea con la inflación, lo que implica el fin de un clarísimo ancla ya que entre mayo y noviembre del año pasado el ritmo fue de 1,1% promedio mensual, y de que habrá un aumento tarifario. “Salta a la vista que a 2022 le falta un ancla. Si bien en 2022 se esperaba que los precios internacionales no agreguen presión sobre la inflación local, la crisis climática y el conflicto entre Rusia y Ucrania están generando una nueva escalada en el precio de los commodities agropecuarios y en el precio de la energía”, señalaron.