El Papa León XIV citó a Francisco y pidió frenar la guerra en Medio Oriente
El Papa condenó el conflicto entre Israel e Irán y recordó el legado pacifista de Francisco. Qué dijo
En su Audiencia General del miércoles 18 de junio, el papa León XIV lanzó un fuerte llamado a la paz en medio de la creciente tensión global. Desde la Plaza de San Pedro, el pontífice se refirió con preocupación a los focos de conflicto activos, entre ellos Israel, Gaza, Irán y Ucrania. Con un mensaje directo, instó a los líderes del mundo a “detener el sufrimiento” y recordó las palabras de su predecesor, el papa Francisco: “La guerra es siempre una derrota”.
El mensaje resonó en un contexto internacional cada vez más volátil, marcado por el uso de armamento de alta tecnología. León XIV denunció que en las guerras modernas “se emplean armas llamadas científicas”, lo cual constituye “una barbarie superior a cualquier otra”. La alusión no pasó inadvertida, dado el despliegue de misiles inteligentes y drones autónomos en los recientes enfrentamientos.
En su intervención, el Sumo Pontífice también evocó una célebre frase del papa Pío XII: “Nada se pierde con la paz, todo se pierde con la guerra”. La continuidad con el pensamiento de anteriores papas evidenció la voluntad del Vaticano de mantener una postura clara y coherente en defensa de la dignidad humana frente a la violencia bélica.
León XIV advirtió sobre el drama de las poblaciones civiles atrapadas en los conflictos. “El sufrimiento de los inocentes debería hacernos repensar qué entendemos por victoria”, señaló, en referencia a las consecuencias humanas de la guerra. Y agregó que las soluciones diplomáticas deben prevalecer sobre cualquier respuesta militar.
Durante la catequesis, el Papa centró su reflexión en el pasaje bíblico del paralítico de la piscina de Betesda. Invitó a los fieles a pensar en sus propias situaciones de bloqueo, comparándolas con las de los pueblos atrapados por la violencia. “A veces nos resignamos y no tenemos más ganas de luchar”, reflexionó.
La imagen de Betesda, que significa “casa de la misericordia”, fue utilizada por el pontífice como símbolo de la Iglesia: un espacio donde los más vulnerables encuentran esperanza. León XIV subrayó que la sanación empieza por recuperar la voluntad de vivir y asumir la historia propia, por dolorosa que sea.
Citando a San Agustín, recordó que el paralítico necesitaba “no solo un hombre, sino un hombre que fuera también Dios”, en alusión a la figura de Jesús. Ese encuentro, dijo, permite a cada persona dejar atrás el fatalismo y tomar decisiones conscientes para transformar su realidad.
El Papa también animó a los creyentes a identificar sus propias zonas de “parálisis interior” y rezar por quienes no encuentran salida. “¡Pidamos regresar a vivir en el Corazón de Cristo, que es la verdadera casa de la misericordia!”, concluyó con firmeza, dejando en claro que su llamado a la paz es también un llamado a la conversión personal.