NEUROCIENCIA

El cerebro adictivo

Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.

Confucio

 

Es corriente mencionar como conductas adictivas a diferentes circunstancias relacionadas con actividades gratificantes que se repiten como un fenómeno de recompensa en las personas. Así, no sólo se habla de adicciones cuando se utilizan sustancias (lícitas o ilícitas) sino que el término se refiere también a conductas repetitivas que generan un principio de satisfacción como las ludopatías, internet o el tabaco. En ellas el sujeto invierte demasiado tiempo, siendo gratificantes al comienzo pero a costa de instancias laborales o sociales. Entonces, a largo plazo, se generan fenómenos de disminución del bienestar de la persona, trastornos en el trabajo y dificultades en su vida interpersonal.

Cuando se toma una decisión de consumo se activan zonas que evalúan costo- beneficio.  En el proceso adictivo se  presenta una conducta descripta por el economista conductual Gary Becker que denomina “descuento hiperbólico”, en la cual se toma una decisión de satisfacción inmediata dañina de consumo por sobre el beneficio de la espera de largo plazo sin consumir, que previene.

Existe una permanente discusión, desde la filosofía, el derecho, la neurociencia y la psicología, sobre el libre albedrío. En neurología cognitiva esto podría denominarse como la capacidad y libertad cognitiva de tomar decisiones. Los sistemas de creencias pueden modificar estas decisiones y su gran componente emocional, opina el profesor emérito de Harvard Gerald Zaltman, el 95 por ciento de nuestro comportamiento se realiza en forma inconsciente.

Existen zonas del cerebro relacionadas con la recompensa y la gratificación (como el núcleo accumbens de la subcorteza). Estas estructuras cumplen en nuestro cerebro la función de sentir el placer correspondiente a una situación que en general nos beneficia. Entonces, ayuda a elegir lo deseado, que en situaciones fisiológicas (sexualidad, alimentación) nos beneficia para poder generar procesos de supervivencia. Sin embargo, estos sitios cerebrales pueden hacer “trampa” cuando de tanta gratificación las células se adaptan a estos procesos. Esto provoca que se requiera cada vez más de esa estimulación (fenómeno llamado “tolerancia”), iniciándose un proceso adictivo.

Por supuesto que la recompensa es una función muy compleja e implica a otras estructuras del cerebro. Además ante el proceso adictivo existe la posibilidad de tratar de limitar el uso del producto que ocasiona la adicción. No obstante, una vez producidos los mecanismos adictivos, como en el caso de consumo de sustancias, sucede que las células abren nuevas puertas para la droga (receptores), y estos deben ser llenados por la sustancia causante de la adicción.  Se necesitan así cada vez más productos gratificantes (tolerancia); y al dejar de consumir se produce una debacle psicofísica, pues las puertas están vacías. Se produce entonces un deseo muchas veces insalvable (abstinencia).

 

Sistema de recompensa

Modificaciones en nuestro sistema de recompensas tiene como eje fundamental un neurotransmisor llamado “dopamina”, que incluso cuando es utilizado para tratamientos como en el Parkinson genera conductas adictivas como efecto secundario (por ejemplo ludopatías e hipersexualidad). Entonces las células que emiten o reciben a esta sustancia están implícitas en procesos adictivos, modificando su estructura y su  funcionalidad al existir circunstancias de consumo patológico.

Eric Nestler del Brain Institute at the Mount Sinai Medical Center en Nueva York describe al proceso anterior como la “memoria de las adicciones”. Entonces, así como existen  memorias cognitivas y conductuales, este autor describe las bases de este tipo de memoria diferente.

Describió además que las drogas modifican genes que se expresan (con síntesis de proteínas) sólo ante situaciones ambientales específicas. Este es un fenómeno muy extendido que se llama “epigenética” y que consiste en la activación de genes que se encontraban “tapados” (se da también en otras situaciones).

No todos tenemos los mismos genes; por eso las patologías de consumo dependen parcialmente de este factor. Una vez recuperada la persona de un trastorno por consumo  sigue padeciendo cierta predisposición adictiva, consecuencia de que en el cerebro nunca se deja de recordar ese aprendizaje. De ahí que muchos  plantean que un adicto nunca deja de serlo, sino que se encuentra recuperado, pero siempre con una predisposición mayor que el resto de las personas para sufrir una recaída.

Resultan mucho más efectivas los campañas públicas para dejar consumos en los que se otorga a los personas la posibilidad que manejen su libertad de decisión y del control de sus instintos. Esto se ha demostrado en un programa público australiano, donde se le indicó las problemáticas del tabaquismo, pero no se le sugirió ninguna incapacidad de libre albedrío.  El que  tuvo un alto éxito, según plantea el especialista Simon Chapman en un importante trabajo publicado en PLOS/medicine. Chapman plantea a estos planes como más efectivos. Podría considerarse que el mensaje de posibilidad de una toma de decisión adulta dignifica y valora a la persona, sin tratarla de discapacitado en una de las áreas de su vida. Esto puede aplicarse en consumos leves y/o legales pero posiblemente no en pacientes graves.

El concepto de memoria adictiva es realmente un cambio de paradigma, dado que implica un mecanismo mnésico sobre trastornos por consumo. Quien lo haya activado va a aumentar la susceptibilidad a padecer un problema adictivo. El concepto de memoria adictiva agrega una explicación revolucionaria para comprender este mecanismo y a partir de ello ofrecer nuevas alternativas de ayuda.

Otros procesos de consumo pertenecen a las adicciones ludopáticas tecnológicas, altamente difundidas en deportes y redes. Esto se torna aún más complejo cuando sucede en menores en juegos on-line que utilizan dinero en apuestas todavía solapadas y no muy difundidas.