El presente continuo de Vladimir Putin
El mundo se pregunta qué hay en la cabeza de Putin, porque todos sabemos qué curso de acción puede acordar la cacofonía de líderes que deben acordar y negociar agendas dentro de la OTAN
Durante años, las fronteras estuvieron en silencio y lo único que sucedía en la ex Unión Soviética era la reaparición de antiguos conflictos históricos que despertaban poca atención en el mundo. El Kremlin parecía más un edificio histórico que un punto referencial de la política global, como sí lo fue durante el siglo XX.
¿Qué cambió para que, de repente, nadie pueda dejar de hablar del mandamás ruso Vladimir Putin?
Moscú no ataca Ucrania, ataca el statu quo. Aunque muchos comentaristas opinan que la estrategia en Ucrania, y en el resto del mundo, puede ser correcta o incorrecta, ese no es el objetivo de Putin.
"El ajedrez hace al hombre más sabio y perspicaz", señaló en alguna oportunidad el presidente ruso y el juego en Ucrania demuestra cómo un hombre sabio y perspicaz capitaliza la impaciencia ajena. Si el actual orden de las cosas no conviene, ¿cómo cambiarlo desde la debilidad?
Rusia no puede dictar términos para reconfigurar el planeta: sin relevancia económica, con un PBI menor que el brasileño y con un poderío militar convencional limitado. Por caso, el país cuenta con catorce cazas de última generación Su-57 operativos; la contrapartida de la OTAN, el formidable F-35, tiene al menos 700 unidades desplegadas.
Sin embargo, Rusia cuenta con algo que Occidente no tiene: tiempo.
Desde hace años, nunca se puede llegar a un equilibrio con Rusia. El Kremlin crea constantes alteraciones, como en Georgia, en Crimea o en otros puntos del planeta. Esto no permite que la política cierre la situación y cristalice una nueva realidad. Todo el tiempo se vive el "acá y ahora" de lo que piensa una única persona con capacidad para romper los planes futuros y devolver a todos los actores a un interminable presente.
El presente continuo es una inestabilidad estratégica que socava el orden establecido. Esto habilita largas negociaciones en las que se pueden seguir extrayendo concesiones y se está siempre en un conveniente "estado de excepción".
El mundo se pregunta qué hay en la cabeza de Putin, porque todos sabemos qué curso de acción puede acordar la cacofonía de líderes que deben acordar y negociar agendas dentro de la OTAN, con marcadas diferencias, como las existentes entre Joe Biden y Recep Tayyip Erdogan, por ejemplo.
Mientras los organismos internacionales deliberan con las puertas casi abiertas y ante un coro de opiniones, la realidad en el terreno cambió. Rusia ya ocupa militarmente dos áreas del este ucraniano y, mientras tanto, es tarde: Occidente discute qué hacer ante un fait accompli.
Decenas de líderes mundiales practican el presente continuo, incluyendo los políticos argentinos. Y esta táctica brinda fortaleza al débil que sabe ser paciente. Y, ante seguidas victorias de Moscú, repitiendo la misma rutina de acción en tantos puntos de su zona de influencia, es de esperar que el presente continuo sea la táctica más redituable políticamente más allá del actual inquilino del Kremlin.
Este eterno estado de excepción, como nueva rutina de la política internacional, nos permite prever shocks internacionales, como los que ven los mercados financieros y energéticos en estos días, y sacan a los ciudadanos del mundo de su soporífera rutina diaria. La humanidad debe aprender a vivir de una nueva manera, ante relaciones que no encajan en nuestras antiguas concepciones dictadas por un pasado y un futuro.
* Filósofo, autor de Desilusionismo (ed. Planeta)