El problema es el modelo
Opinión
El problema no son los nombres de los funcionarios, es el modelo. Como si se tratara de habilidades futbolísticas, en vez de gestionar la política monetaria, analistas intencionados destacan veleidades con las que contaría Luis Caputo pero no contaba Federico Sturzenegger. El desarrollo de la ronda cambiaria del viernes último tiró por la borda esta teoría. La jornada mantuvo una tendencia alcista de la cotización del dólar del orden del 1% después de una –llamativa- merma inicial. El acumulado de la última semana muestra una depreciación del 10%, que trepa al 50% si se compara respecto a inicios de 2018. Semejante devaluación no puede ser subestimada, en tres importantes aspectos: precios, salarios reales y actividad económica.
En lo que a la inflación respecta, el traslado a precios de todo salto del dóalr ha sido una regularidad histórica. Dado lo abrupto del proceso devaluatorio actual, es posible que se distribuya paulatinamente en los próximos meses, en vez de transmitirse a precios internos de manera automática y proporcional. Ocurre que los empresarios y comerciantes no cuentan con más margen para descargar los efectos de la inflación de costos sobre sus precios de venta. El acumulado 5 meses del índice de precios mayoristas ya se posiciona en 22,3% para el nivel general y en 33,1% en los rubros importados. No obstante, el IPC acumula poco menos del 12%. Este traspaso gradual a los precios internos explica que mayo cerrara precios minoristas en 2,1%, a pesar de que fue, hasta el momento, el mes del año de mayor impacto devaluatorio. La “cuotificacion” del pass through, implicará un piso inflacionario no menor para los próximos meses, con lo cual habrá que prestar atención a las posibilidades de real cumplimiento de los parámetros para 2018 señalizados en el acuerdo con el FMI.
La dinámica salarial de este año sigue siendo, sin lugar a dudas, el principal punto de tensión social interna. El incomprensible sostenimiento de paritarias en 15%, se desmadró en tan sólo medio año. Con la significativa inercia que nuestro país presentó históricamente, era ilusorio proyectar una desaceleración de la inflación del 40% en un año, desde el 24,8% al 15%. Los resultados son elocuentes: la meta de inflación se transformó en “meta de paritarias” y este sigue siendo el único marco institucional favorable que el gabinete económico le garantiza al capital concentrado: competitividad por medio de la licuación de salarios (en pesos y en dólares). En los próximos meses ya está descontado un aumento de la conflictividad. El –eventual- adelanto de revisiones paritarias del 5% para julio y agosto se asemeja a una aspirina para hacer frente a una enfermedad terminal: el último cuatrimestre del año será una ventana abierta de par en par a la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores con ingresos fijos.
Por último, pero de no menor importancia, el descalabro cambiario impactará sobre la actividad interna. Además de la consignada influencia sobre insumos dolarizados, presentes en todos los bien y servicios de la economía, cuanto menos por el componente de servicios públicos, se suman la caída en la demanda y la menor previsión de crecimiento económico. Como un círculo vicioso donde los fenómenos se retroalimentan, fue el inicio de la crisis de los últimos meses lo que redundó en una baja en las previsiones de crecimiento. La volatilidad asociada a la cotización del dólar no hace más que retrasar los planes de inversión de empresarios, además de encarecer el costo de financiamiento, producto de los niveles prohibitivos de tasa de interés para desalentar la demanda de dólares como vehículo de ahorro. En suma, se trata de un diseño de políticas enteramente orientado a los incentivos de valorización financiera, en detrimento de la producción real.
Transcurridos tres años de continuidad plena del modelo económico Cambiemos, los desbarajustes no se moderan; se profundizan. Desoyendp el diagnóstico que hasta economistas del establishment han realizado, acerca de la problemática de restricción externa y la insustentabilidad del déficit de cuenta corriente asociado a un modelo de aperturismo total, el gabinete económico del oficialismo cambia de nombres, pero no de fórmula. El problema de fondo es el modelo y, hasta que esto no se asimile, los resultados van a ser idénticos.
*Director de la Licenciatura en Economía
de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNdAv)
e integrante del Colectivo Economía Política para la Argentina (EPPA)