En cine, series y videoclips, fumar dejó de ser tabú
El cigarrillo vuelve al centro de la escena: entre el glamour, la angustia y la rebeldía. De Beyoncé a Charli XCX, una estética de poder y desencanto renueva el culto al cigarrillo en la cultura pop
En la comedia romántica Materialists, la actriz Dakota Johnson interpreta a una casamentera neoyorquina que fuma con naturalidad en cada escena clave. No hay cuestionamientos éticos ni miradas reprobatorias: su personaje, Lucy, simplemente fuma. Y lo hace con estilo. “Materialists” —escribió Esther Zuckerman en The New York Times— “es apenas la punta del cigarro”.
Según el Times, el cigarrillo recobró protagonismo en la cultura pop. Desde la música hasta la televisión, fumar ya no carga con el estigma que marcó las últimas décadas. Addison Rae y Lorde lo mencionan en sus canciones más recientes. Beyoncé encendió uno sobre el escenario durante su gira Cowboy Carter, y lo arrojó contra un piano que se encendió en llamas mientras cantaba Ya Ya. La escena recorrió el mundo.
“Si Beyoncé lo hace, sabés que alcanzó el nivel más alto de la cultura”, señaló Zuckerman en su análisis. Y no es la única: Charli XCX —referente del hedonismo pop y autoproclamada fumadora— recibió un ramo de cigarrillos como regalo de cumpleaños de parte de Rosalía. Sabrina Carpenter, por su parte, usó un tenedor como boquilla en su videoclip Manchild.
El fenómeno va más allá de la ficción. En redes sociales, la cuenta de Instagram @Cigfluencers recopila imágenes de celebridades fumando con glamour. Su creador, Jared Oviatt, explicó que al comenzar en 2021 debía “bucear en los archivos”, pero que ahora encuentra contenido nuevo cada semana. Oviatt, fumador ocasional, resumió la fascinación en una frase: “Ese poder de estrella lo vuelve mucho más cool”.
Zuckerman señala que el cigarrillo se presenta como un recurso estético pero también simbólico. En The Bear, el chef Carmy Berzatto, interpretado por Jeremy Allen White, fuma mientras lidia con su angustia y su exigencia. “Nadie pensaría en Carmy como un modelo de salud. Pero los cigarrillos acentúan su tristeza y, al mismo tiempo, su atractivo”, advierte la crítica.
También Lucy, el personaje de Johnson en Materialists, encuentra en el cigarrillo un refugio frente a un mercado afectivo desigual. “Tiene un agujero en el corazón que llena con humo”, escribe Zuckerman. El cigarrillo no es solo adorno: simboliza su desencanto, su ventaja, su forma de resistir.
Esa rebeldía recorre otras escenas. En la canción What Was That, Lorde recuerda una relación pasada con una frase nostálgica: “Fue el mejor cigarrillo de mi vida”. En Headphones On, Rae canta: “Necesito un cigarrillo para sentirme mejor”. Ambas apelan a una imagen de melancolía estilizada, donde fumar se vuelve un gesto chic para lidiar con el vacío.
El contraste con la industria del bienestar es deliberado. La cultura del ciggy mommy, impulsada por la influencer Gabby Windey, irónicamente opone el cigarrillo al mandato del jugo verde y el colágeno. No se trata de fumar, necesariamente, sino de encarnar una actitud: una madre agotada, con gafas enormes, que “ya no da más”.
Zuckerman concluye que el resurgimiento del cigarrillo en la cultura pop funciona como una declaración de principios. En una era marcada por el control, el cigarrillo reaparece como símbolo de poder, hartazgo o simplemente —como dice Beyoncé— de ganas de “sacudir el culo” mientras arde todo alrededor.