En el Festival de Berlín chocan la crisis sanitaria en China con el crecimiento de las plataformas
El eclipse de ese país genera nuevos modelos para el negocio del cine
El cambio de fecha de la 70° edición del Festival Internacional de cine de Berlín para no coincidir o quedar muy cerca de la ceremonia de los Oscar (el año que viene la Berlinale volverá a su fecha habitual, del 11 al 21 de febrero de 2021, en tanto la academia retornará a fines de febrero) era visto como una oportunidad para más y mejores negocios. El hecho de estar más cerca del inicio del año y de que existiera un lapso de dos semanas entre Sundance y la Berlinale, llamaba a la ilusión. Claro está que tampoco existían demasiadas opciones: marzo, dijo Carlo Chatrian, nuevo director del festival, nunca podía ser considerado por su superposición con otros grandes eventos del sector como South by Southwest en Austin y Filmart en Hong Kong.
Cuando la oportunidad parecía inmejorable y todos apostaban por cuál sería el nuevo "descubrimiento", la nueva Parasite (el fenómeno de la película coreana ha llevado a los compradores a explorar con más ahínco cinematografías no tradicionales o no tan difundidas alrededor del globo), la aparición del coronavirus puso en crisis los planes. China, el jugador más poderoso de los últimos años en el mercado, tomó las conocidas medidas para intentar evitar la pandemia y disminuyó su presencia en el mercado europeo más importante después de Cannes. A los problemas reales se suma la psicosis que genera el temor a lo desconocido, en una escalada que supera a la de 2003 con el SARS. Menos películas, menos compradores, noticias que hablan de la necesidad de cerrar por un tiempo las salas en la gran potencia de Oriente, así como de suspender estrenos.
En ese contexto, la salida, la necesidad de sobrellevar este momento en el que la incertidumbre agiganta la crisis es la calma, la razonabilidad, la creatividad. Así, frente a la guerra del streaming de la cual se venía hablando hasta hace bien poco, aquí las voces del sector llaman a la concordia y el entendimiento. Claro que los ruidos en torno a los exhibidores que se niegan a programar películas de Amazon o Netflix continúan, pero la idea que se impone es la de tender puentes: los distribuidores independientes buscan nuevos modelos para lanzar películas en plataformas SVOD de una manera que se adecue a los requerimientos de tales suscripciones sin alejar a la gente del cine. Mubi, con sede en el Reino Unido, ofrece tickets gratis a sus socios para asistir semanalmente a las salas. Este sistema (Mubi-go) ha servido para que mucha gente en India viera Entre navajas y secretos y es uno de los ejemplos de lo que se piensa para que exhibidores y plataformas trabajen de manera coordinada.
En este escenario, con los ánimos alicaídos que temían un annus horribilis, los números del Mercado generan un moderado optimismo. Sin compras enormes ni números rimbombantes, la ausencia de compradores asiáticos se vio sustituida por una mayor movilidad en cuanto a producciones independientes y europeas, sobre todo con base en esto que apunta a ser una nueva relación con las plataformas.