NEUROCIENCIA

Enfermedad de Alzheimer y transcultura

Hasta dónde y cuánto influyen los marcos culturales, por cierto disímiles, en el hombre

¿Qué valor tiene toda la cultura cuando la experiencia no nos conecta con ella?

Walter Benjamin

 

Entender las enfermedades cognitivas, en especial la enfermedad de Alzheimer, la pandemia crónica no infecciosa más prevalente, resulta sustancial. La investigación cerebral transcultural analiza hasta dónde y cuánto influyen los marcos culturales, por cierto disímiles, en el hombre.

El novelista y ensayista francés André Malraux decía que la cultura es lo que queda después de haber olvidado lo que se aprendió. Eso es cierto en cierto modo, ya que la cultura es un proceso social que interrelaciona lo aprendido para luego traspasar las informaciones aprendidas a través de la copia y la innovación; es decir, un aprendizaje nuevo que vuelve a transmitirse.

Esta sería una hipótesis actual del proceso evolutivo del cerebro humano, otorgándole su carácter de excepcional entre todas las especies, desarrollando la capacidad de abstracción, el razonamiento tanto lógico como el metafórico y el lenguaje, áreas afectadas sustancialmente por la enfermedad de Alzheimer.

Diferentes sociedades pueden enmarcar su cognición general, sin grandes modificaciones entre regiones, a través de su cultura. Sin embargo, existen diferencias cognitivas específicas interculturales. Por ejemplo, varios estudios plantearon diferencias entre Oriente y Occidente debido a que, por lo general, la cultura oriental muestra a las personas con un pensamiento holístico destinado a lo general, mientras que en el occidental se prioriza lo singular e individual por encima de lo grupal. Los occidentales no detectan las pequeñas diferencias en un conjunto, mientras que los orientales sí.

De este modo, los asiáticos clasifican las imágenes individuales según la relación existente entre ellas (por ejemplo, mono y banana o caballo y pasto), en tanto que los occidentales se basan en criterios (los monos y los caballos son mamíferos).

Sistema atencional

Algo parecido sucede con los sistemas atencionales que encienden el lóbulo frontal y el temporal, estudiados por el investigador John Gabrieli y su grupo del McGorven Institute for Brain del MIT. A través de un estudio pudieron describir una gran diferencia entre los educados en culturas occidentales, más puntuales e individuales, y los orientales, más interdependientes. Esto fue más marcado ante cuestiones no emparentadas con su cultura; es decir, se encendieron señales de alerta atencional en las cuestiones extrañas a su cultura, siendo la respuesta inversa entre personas orientales y occidentales. Así, el estudió permitió definir que en culturas diferentes cambian las respuestas cognitivas ante iguales estímulos y esta diferencia se profundiza cuando el individuo está más arraigado a su cultura.

Se podría definir a enfermedad de Alzheimer como un envejecimiento cerebral acelerado que desarticula el paso del tiempo cerebral con el corporal, dejando de este modo un cuerpo entero con un cerebro que es afectado progresivamente en sus funciones. El 21 de septiembre de cada año se conmemora el día internacional de esta enfermedad, una fecha impuesta desde el hemisferio norte. Resulta paradójico que se recuerde mundialmente este problema cuando comienza la primavera: el revivir. Pero esto, en verdad, es porque en el hemisferio norte comienza el otoño, la caída de las hojas, remedando la pérdida de la memoria. Quizá entonces sea posible plantear si, además de ser diferentes en este punto metafórico, nos estamos perdiendo el eje de esta grave problemática abandonando la visión desde nuestra región.

La pérdida de autonomía

El Alzheimer comienza implicando las funciones cognitivas (generalmente la memoria reciente) y la conducta a nivel general. Posteriormente afecta el resto de las funciones, alternándose el sistema motor, el sensorial y el autónomo y los ritmos biológicos para convertirse en una afección global del sistema nervioso central que lleva a la persona a perder totalmente su autonomía. Todo esto sucede entre los diez y quince años de duración de la enfermedad, siendo muy heterogénea la presentación de sus síntomas, que varían intensamente entre las personas y sus características, influyendo también la idiosincrasia regional.

Es además un problema sanitario porque multiplica por diez el gasto en salud, que ya de por sí es muy elevado, siendo el Alzheimer la enfermedad crónica no infectocontagiosa más discapacitante, que afecta no solo a miles de personas sino también a sus familias (principalmente a los cuidadores). Existe la sobrecarga del cuidador, que generalmente es también un adulto mayor que se encuentra en estado de vulnerabilidad. Es así que diversas cuestiones tanto familiares como de la red social o del sistema de salud impactarán muy diferentemente en distintas regiones. Diversas culturas y costumbres necesitaran diferentes evaluaciones diagnósticas y recomendaciones consecuentes. Los esquemas familiares no son iguales en aquellas culturas en donde los hijos se alejan tempranamente del hogar que en las que cuentan con estructuras sociofamiliares más sostenidas. Tampoco serán iguales las indicaciones en regiones con arquitecturas diferentes, con disímiles costumbres alimentarias (tipos y horarios de las comidas) o con distintas costumbres para dormir. Cuando estas difieren intensamente serán distintas no solo las recomendaciones socioambientales sino también las terapéuticas, farmacológicas y no farmacológicas.

Diferente también será la ancestría genética poblacional (genes étnicos), así como también los genes de riesgo para nuestra población. En este estudio se encuentra embarcado el Programa de Alzheimer de la Universidad de Buenos Aires conjuntamente con un grupo de científicos latinoamericanos, pues tenemos claras diferencias de genes de riesgo. Esto genera consecuencias en la resiliencia cognitiva de las personas, como la capacidad para tolerar injurias tanto biológicas como ambientales. Se condiciona así la expresión de esta enfermedad esporádica y multifactorial en cuanto a su prevalencia, su diagnóstico y su tratamiento.

Es hora que en nuestra región entendamos una cuestión: esta patología de alto impacto debe ser considerada desde la idiosincrasia sociocultural. Quizá el Día Mundial del Alzheimer en el hemisferio sur debería ser el 21 de marzo: día de comienzo del otoño, cuando caen las hojas. O por lo menos tener presente que una vez más utilizamos paradigmas foráneos en una problemática que no solo es biológica sino que además afecta la subjetividad misma. Esta condición no solo puede condicionar cuestiones culturales e higiénico-dietéticas sino que también afecta la toma de decisiones sobre el correcto trabajo social y sanitario de los pacientes y su familia.

Entonces, diferentes culturas van a engramar diversos entendimientos, redes y contenciones sobre la enfermedad de Alzheimer. Comprender esta cuestión resulta clave a la hora de hablar de una enfermedad cognitiva, pandémica, crónica y universal.

*Neurocientífico y profesor. Decano de la Facultad de Ciencias Médicas (UBA). PhD en Medicina y en Filosofía