Género y brecha de protección
A nivel mundial, las mujeres tienen menos oportunidades económicas. Menos de la mitad de todas las mujeres que podrían trabajar actualmente participa en la fuerza laboral, en comparación con el 75% de los hombres
La economía, como disciplina, se nutre de datos e indicadores como fuente de información que se configuran como una verdad de carácter absoluto que derriba mitos, posiciones, prejuicios, interpretaciones y emociones; es decir, subjetividades. Aunque también es preciso decir que el dato por sí solo no provoca impacto, no irrumpe, sino se convierte en un insumo para cambiar la realidad, para tomar decisiones.
Según el Foro Económico Mundial, en un reciente informe de 2023, para cerrar la brecha de género total se necesitarán 131 años y 169 años para alcanzar la paridad económica.
Cuando se habla de "brecha de género" no se hace como sinónimo de paridad económica, y de allí la diferencia en años, dado que ese índice global de brecha se compone de cuatro áreas: participación económica y oportunidad; logro educativo; salud y supervivencia, y empoderamiento político. En términos regionales, América latina y el Caribe cerraron el 74,3% de su brecha de género total.
Ahora bien, al campo de "participación económica" también se le añade el de "oportunidad", que engloba conceptos como accesibilidad y así, sobre todo, al de "inclusión financiera" y "brecha de protección".
A nivel mundial, las mujeres tienen menos oportunidades económicas. Menos de la mitad de todas las mujeres que podrían trabajar actualmente participa en la fuerza laboral, en comparación con el 75% de los hombres. Las mujeres también tienen más probabilidades de trabajar en empleos informales y en trabajos vulnerables, mal remunerados o infravalorados. Un contexto que se profundizó con el advenimiento de la pandemia, cuyos impactos, también comprobadamente, afectaron más a las mujeres.
Educación e inclusión financieraRetornando al párrafo anterior, la inclusión financiera se refiere al acceso que tienen las personas y las empresas a diversos productos y servicios financieros útiles y asequibles que atienden sus necesidades (transacciones, pagos, ahorro, crédito y seguros) y que se prestan de manera responsable y sostenible, a lo cual se suma una adecuada educación financiera.
Así definida, la inclusión financiera es condición necesaria (no suficiente) para cerrar la brecha de género, ya sea que las mujeres realicen tareas de cuidado en el hogar (remuneradas o no), que trabajen formal o informalmente, en relación de dependencia o como emprendedoras.
Pero hoy, contrastablemente, no poseen el mismo acceso a todos los servicios financieros que los hombres. Por citar una de esas herramientas financieras, ya desde antes del 2020, las mujeres conformaban el 56% de las personas (mil millones) que no tenían una cuenta bancaria.
Y a este escenario se suma la presencia de una brecha de protección de género, con menos mujeres con acceso y siendo tomadoras de seguros en comparación con los hombres. Párrafo aparte, o todo un artículo aparte, significaría hacer este análisis en términos de diversidad, con indicadores más pronunciados. Entre las principales barreras que conforman esa brecha de protección figuran el predominio de las mujeres en el sector informal de trabajo, los niveles más bajos de educación financiera, el menor acceso a la digitalización y la incapacidad, aún en algunos países, de celebrar contratos legales sin hombres como firmantes.
Y el acceso a los seguros es aquí un tema crucial, que suele abordarse en menor intensidad cuando se analiza la inclusión financiera, pues queda eclipsado por temáticas inherentes a bancos y créditos, pero que permite a las mujeres su protección actual y futura respecto de sus familias (seguros de vida) y de sí mismas (un estudio realizado por ONU Mujeres y el Banco Mundial mostró que las mujeres individualmente tienen más probabilidades de ser pobres entre los 20 y 34 años; mientras que el divorcio, la separación y la viudez también las afecta más negativamente a las mujeres que a los hombres). Y aquí la educación y la cultura financiera/aseguradora juega un rol importante, aún en mercados más maduros de mayor tradición aseguradora, como Estados Unidos: según un estudio de 2021 de LIMRA y Life Happens, solo el 47% de las mujeres posee pólizas de seguro de vida en comparación con el 58% de los hombres.
Al mismo tiempo, esta accesibilidad a la actividad aseguradora también les permite gestionar diferentes riesgos (hasta el cambio climático) que les impactan a nivel tanto personal como comercial cuando se trata de empresas y emprendimientos liderados por mujeres (para los cuales, por cierto, se les dificulta acceder también a líneas de financiamiento). Respecto de este último punto, según el informe She for Shield: Insure Women to Better Protect All, publicado por IFC (Corporación Financiera Internacional), AXAGroup y Accenture, que estudia la actividad aseguradora en los mercados de diez economías emergentes, sin seguros para este aspecto empresarial o emprendedor, las mujeres pueden preferir elegir estrategias comerciales de bajo riesgo para reducir el potencial de desventajas, restringiendo de este modo su potencial de crecimiento.
Ese mismo estudio enuncia que para 2030 se espera que la industria de seguros reciba hasta USD1,7 billón proveniente únicamente de mujeres, la mitad de ellas en tan solo estas diez economías emergentes. El informe identifica dos impulsores de esta proyección: mejoras en las condiciones socioeconómicas de las mujeres, incluida una mayor participación en la fuerza laboral que les permita tomar sus propias decisiones de gasto, y un aumento en la disposición de las mujeres a invertir en seguridad y protección para sus familias.
Con la yapa de que, de acuerdo con estudios realizados por el Banco Interamericano de Desarrollo, las mujeres incurren en menos mora en el pago de sus créditos que los hombres, son más leales a la hora de de promover los instrumentos financieros y tienen más aversión a la pérdida.
Y, si se quiere observar este contexto desde un aspecto macroeconómico, una mayor inclusión de las mujeres en la economía permite ganancias en el PBI de entre 2% y 3,5%. Así, la eliminación de la brecha de género en América latina provocaría un aumento del 34% del PBI.
¿Qué sucede en Argentina?Un Estudio específico de la Consultora DAlessio Iral expresó que las mujeres ocupan actualmente solo un tercio del mercado asegurado y son mayoría entre los que nunca tuvieron una cobertura. El 87% cree que debe existir alguna cobertura que contribuya a su tranquilidad y a seis de cada diez mujeres estarán interesadas en contratar un seguro.
Existen aseguradoras que han diseñado coberturas específicas para mujeres, especialmente vinculadas con seguros de salud. Y un ejemplo nacional, que es histórico y mundial de cooperación público privada, es una iniciativa que reúne al Ente Regulador y a cinco compañías de seguros que han lanzado un combo de cinco productos para proteger integralmente la vida de las Mujeres (vida, salud, accidentes personales, bolso protegido y hogar; ninguna de ellas es una cobertura obligatoria en el país, a diferencia del seguro automotor).
Cerrando este artículo, un indicador nos debe interpelar para no quedarnos con el dato sin transformarlo en acción, en acciones que contribuyan a cerrar esa brecha de género, que no se simplifica solo en igualdad de salarios, sino fundamentalmente en igualdad de oportunidades, de conocimiento, de accesos y de protección.
* Belén Gómez es Doctora en Ciencias Económicas; Magister en Economía Solidaria e Innovación Social por la Universidad de Salamanca y el BID; Economista especializada en Sustentabilidad por la Universidad de Oxford. Integrante de Paridad en la Macro.