Hambre infantil y cerebro
El sistema nervioso que no incorpore muy temprano los nutrientes necesarios disminuirá su potencial
"Un millón de niñitos se nos muere de hambre y un silencio se duerme contemplándolos"
Jorge De Bravo
(Poeta costarricense)
La infancia del humano es, probablemente, la etapa de desarrollo más compleja de todos los seres que habitan la tierra. El sistema nervioso del homo sapiens sustenta un gran desarrollo cognitivo que requiere de una difícil maduración, de muchos pasos. Esto se sustancia en una lenta maduración del cerebro, con una gran necesidad de proteínas y muy alto consumo metabólico correspondiente al 20 por ciento del consumo del cuerpo.
Durante la infancia existe una enorme plasticidad del sistema nervioso. Nacemos con mayor cantidad de neuronas pero con menor cantidad de sinapsis. A medida que crecemos incorporamos mucha información, con un aumento de miles de millones de sinapsis que transmiten neurotransmisores. Pero van muriendo las neuronas que no fueron activadas.
Existe un momento clímax para cada función, llamado período crítico. Por ejemplo, existen tiempos para sentarse, caminar o manejar utensilios como actos motores simples, entre muchos.
A pesar del lento neurodesarrollo, que finaliza a los 30 años, muy tardíamente, durante primera infancia existen momentos claves, de gran crecimiento cerebral. Ese es el momento de mayor requerimiento alimentario. Por ejemplo a los dos años de edad, el cerebro sapiens, ya detenta el setenta por ciento del tamaño del cerebro adulto. En ese tiempo ya aprendemos a autoconocernos, hablar, observar y tomar decisiones correctas. El sistema nervioso que no incorpore muy temprano los nutrientes necesarios, disminuirá claramente su potencial.
Existen en la infancia, grandes procesos de aprendizaje mucho más precoces de lo que se pensaba. El lenguaje comienza muy temprananamente, desde lo visual y empático, por ejemplo, a través de la sonrisa. En el segundo semestre de vida nos encontramos en el pico de memorización de sonidos y fonemas. A los veinticinco meses de vida se dispara el sistema de pensamiento semántico, es decir de la formación de los conceptos. Asimismo, muy pronto se aprende el procedimiento motor, con el que se incorporan actos motores simples y complejos.
Se memoriza también durante la niñez temprana conceptos emocionales que luego perdurarám toda la vida otorgando afectos, criterios culturales y morales. Todo aprendizaje se basa en la capacidad mnésica y todo tipo de memoria, consciente e inconsciente, se sustenta en proteínas.
Gran parte de la población mundial padece desnutrición consecuencia de la pobreza. Es más preocupante aún en los niños, fundamentalmente en los que se encuentran dentro de los dos primeros años de vida, pues presentan mayor susceptibilidad a padecerla.
Primero, porque los niños no tienen la capacidad de discernir voluntariamente sobre como alimentarse, pero además porque en ese momento es cuando se desarrolla muy activamente el cerebro humano ya que a los 2 años de vida el humano alcanza el 70 por ciento de su tamaño cerebral, mientras que el resto del cuerpo tarda 18 años en desarrollarse.
Un tercio de la población de niños africanos y la mitad de Asia meridional presentan signos de desnutrición infantil. Gran parte de nuestra región no escapa a estas características de déficit alimentario.
Durante los primeros años de vida humana se generan gran parte del desarrollo de cerebro. Por lo que es un momento irrecuperable si los factores nutricionales, especialmente proteínas y calorías no se incorporan adecuadamente.
Procesos como el lenguaje, la visión o los estímulos emocionales así como los procedimientos motores y sensoriales, tienen en este tiempo un momento único. Si el sistema nervioso se encuentra sin combustible no existirá el sustrato correspondiente para poder desarrollarse.
Así, diferentes trabajos, como el de los pioneros de Stoch y Smythe ya en 1963, postulan una disminución del crecimiento cerebral permanente en los niños desnutridos, que redunda una disminución la circunferencia craneal, atrofia cerebral y disminución intelectual.
Estos niños presentan disminución del tamaño cerebral observado con resonancia magnética y también de su coeficiente de inteligencia. Alargo plazo la carencia alimentaria acaecida a edad temprana genera: mayor deserción escolar, bajo ingreso a la educación superior y menor desarrollo social de los adultos.
Se ha descrito aumento de las patologías psiquiátricas en los niños que nacen de madres desnutridas o que sufren desnutrición en la infancia, como por ejemplo trastornos atencionales.
Se ha observado además que la desnutrición produce disminución en la reproducción de células del cerebro pre y posnatales. También se observa menor cantidad de proteínas, ADN, ARN, conexiones y neurotransmisores. Cada neurona de la corteza del niño al nacer tiene 2500 sinapsis con 18.000 a los 6 meses. Esta arborización es clave para constituir las redes que conforman la función cerebral, pero se genera los primeros meses de vida. En la desnutrición estas comunicaciones se observan claramente afectadas. El hambre dispara y regula genes patológicos, produciendo una epigenética muchas veces patológica. Como se ha observado en la hambruna generada en Holanda por los nazis en 1944, que aumentó patologías como diabetes tipo II y ezquizofrénica, heredada hasta en la cuarta generación.
Una vez que el cerebro no se ha desarrollado correctamente es difícil recuperarlo. Cuando se detecta estos problemas en un niño, además de recuperarse la alimentación debe activarse tanto la estimulación temprana como la red social y educativa, para pensar la posibilidad de evitar daños permanentes.
Las poblaciones empobrecidas están más afectadas por factores ambientales y familiares, lo que dificulta aún más la recuperación.
Las personas tendrán menores factores que colaboren a la capacidad para soportar la desnutrición infantil, como consecuencia de su precaria situación social.
La deprivación alimentaria actúa sobre todo el cuerpo, muchos trabajos muestran posibilidad de recuperación corporal de niños desnutridos, desde el punto de vista de la talla. Pues se crece hasta los 18 años y se tienen mayor tiempo para actuar.
Sin embargo esta posibilidad no se detenta en el sistema nervioso. Será muy importante, entonces, considerar como esencial alimentar a los niños durante el embarazo y los dos primeros años de vida.
Además de la cuestión social y médica, la sociedad debe atender el problema productivo que genera la desnutrición infantil a partir del daño del capital humano. Es así indispensable la intervención destinada a prevenir los daños cerebrales irreversibles, generados por el déficit alimentario durante el embarazo y la niñez temprana.
El cerebro humano pesa apenas el dos por ciento del cuerpo humano, pero requiere una importante alimentación. Necesita, especialmente en la niñez, gran cantidad de proteínas y vitaminas, además de la glucosa que le asigna la energía.
Desde muy temprano es imprescindible alimentarse correctamente, para generar la correcta actividad cognitiva. Los trastornos de acceso a los alimentos, generados por la pobreza, dificultan el intelecto y la cognición de cara al futuro; en forma permanente y en generaciones enteras.
*Neurocientífico. Doctor en medicina y Doctor en filosofía. Profesor titular UBA. Investigador del Conicet