Inflación, impuestos, empleo: prospectivas del laberinto argentino
Tener una política de multilateralismo amigable y diversificado no consiste en “adquirir los que los terceros nos quieren vender”, sino en “comprar lo que necesitamos nosotros para resolver nuestros problemas de desarrollo”
Todos los argentinos, independiente de su situación social o económica, se sienten victimas del actual sistema nacional; todos están quejosos por alguna u otra causa. Son muy pocos los que se encuentran a gusto o relajados, viviendo felizmente en Argentina. Sea por inflación, impuestos, inseguridad, o empleo, nadie está tranquilo. Sienten que la sociedad y la política los ha abandonado, o directamente los agrede, de una u otra forma.
La teórica soberanía del pueblo es atropellada permanentemente por grupos de poder financieros, económicos y políticos, que han tomado al Estado como botín de guerra, privatizando sus recursos o sus políticas, sin solucionar ningún problema del pueblo. Aquellos que se arrogan su representatividad, en la práctica no devuelven nada positivo al pueblo. Es el sistema en su totalidad el que no funciona. Al pueblo no le quedará más remedio que rescatarse a sí mismo.
Estamos transitando una época donde visiblemente el poder de Occidente, pro-financiero y globalizante está entrando en un cono de sombra y está dejando su lugar a una nueva era menos geoeconómica y más geopolítica, más diversa.
La fuerte irrupción de Rusia en el tablero mundial afecta fuertemente a Europa, algo menos a EEUU, pero también complica a China. Podría ser que nos encaminamos hacia un mayor multilateralismo, donde podrían convivir diversidades culturales e institucionales y sistemas de representación popular diferenciados.
Tensión política y militarA partir de la invasión a Ucrania por parte de Rusia es muy probable que se genere durante bastante tiempo una fuerte tensión política y militar, en todo el globo. Ningún lugar podrá estar libre de esas tensiones. Tampoco Argentina, que ya soporta lo propio. La viabilidad de un país, además de su potencial en territorio, población, economía, poder militar, necesita disponer de inteligencia estratégica, identidad nacional, valores morales, calidad de su dirigencia, para saber hacia dónde dirigirse, cuál es su proyecto de vida nacional, porqué se está luchando.
Milei expresó una versión opositora de corte ultraliberal; una variedad subdesarrollada de la ideología Thatcheriana; quien, recordemos, dijo que “no hay sociedad, sólo hay individuos”; enmascarando así al verdadero poder dominante, que es el financiero
Cuando nada de eso está mínimamente claro, comienzan las grandes incertidumbres, la decadencia y la frustración generalizada. Si nos asombramos de las guerras que ocurren en otros lares, no nos asustemos cuando las apetencias de terceros puedan mostrarnos algún interés en nuestros recursos, apelando inicialmente a crear peleas internas que nos lleven a una escalada de violencia. Los requerimientos de una “Nación Mapuche” no son ideas estrafalarias o exóticas, aunque por ahora la tomamos a la ligera. También cierto progresismo ambientalista “bienpensante” podría ser el ariete de proyectos externos para complicar nuestro crecimiento económico y desarrollo industrial. Desde la doctrina de la “Guerra Irrestricta” del Gral. Quiao Liang, todas estas maniobras no son casualidades sino causalidades.
La nueva carta de situación internacional agrava la propia, ya muy débil por todo lo conocido y porque Argentina, desde hace décadas, no tiene rumbo, no va a ningún lado, o no sabe qué hacer con su propia existencia.
El fracaso de una coalición de gobierno no significa que la otra vaya a tener éxito. Por el contrario, en las dos últimas elecciones presidenciales (2015 y 2019) el pueblo decidió castigar a los que habían gobernado en el período anterior, equivalente a elegir al menos malo. Es evidente que no hay empatía entre la clase política y el pueblo, porque sus respectivas agendas divergen en sus intereses, lo que se manifiesta en las elecciones de medio término (2021), en las cuales ambas coaliciones, conservadoras del statu quo, comenzaron a perder importantes cantidades de votos.
La única singularidad la presentó el “libertario” Milei, quien expresó una versión opositora de corte ultraliberal; una variedad subdesarrollada de la ideología Thatcheriana; quien, recordemos, dijo que “no hay sociedad, sólo hay individuos”; enmascarando así al verdadero poder dominante, que es el financiero. En los últimos 40 años podemos constatar, con objetividad, que tenemos más pobres, más inflación, más deuda, estancamiento económico, record inflacionario, el peor crecimiento del PBI/año del mundo, más desorden social, avance del narcotráfico, FFAA sin orientación clara, en resumen, más dependencia. Ya nadie quiere escuchar las profecías de Perón: “el año 2000 nos encontrará unidos o dominados”. Lamentablemente la dirigencia nacional falló en lo esencial: se ocuparon más de ellos mismos que de los destinos de la Nación. Crearon coaliciones electorales que se dedican sólo a administrar la crisis permanente. El panorama dirigencial es bastante triste y desolador.
Por un lado, pareciera que ya no hay una Argentina sino 24 Argentinas provinciales, que se ocupan, cada una, de sí mismas, concentradas en sus propias realidades y sin prestarle demasiado interés por conducir los problemas nacionales. La falta de conducción ejecutiva de los intereses generales, manifestada en contradicciones, secretismos, incoherencias, silencios, renuncias (pero no tanto), especulaciones personales de todo orden, y profundas diferencias conceptuales y estratégicas, entre los principales dirigentes nacionales, nos presenta un panorama poco alentador.
En el viaje presidencial a Rusia y China se utilizó demasiado palabrerío ideológico (inclusive errado en algunos casos), que a los mismos jerarcas de esos países poco les interesa, más preocupados en el análisis estratégico de sus propios intereses y estrategias nacionales. ¿Quiénes se ocupa entonces de defender nuestros intereses nacionales? El gobierno debería haberle pedido a China financiación para buques patrulleros para las 200 millas y recuperar 3.000 M USD/año de la pesca, y en 3 años teníamos la financiación propia de una central nuclear.
Tener una política de multilateralismo amigable y diversificado no consiste en “adquirir los que los terceros nos quieren vender”, sino en “comprar lo que necesitamos nosotros para resolver nuestros problemas de desarrollo”. Para ello se necesita tener un rumbo, un proyecto, una estrategia, que no tenemos.
Estas falencias fundamentales nos conducen a esta “inestabilidad permanente”, que, si bien afecta coyunturalmente más al oficialismo que a la oposición, ésta tampoco tiene claro el rumbo a seguir, ni tiene la mínima “unidad de concepción” para ofrecer un camino compartido o un proyecto a la nación. En JUNTOS, desde los libertarios hasta cierto progresismo socialista, sólo intentan seguir agrupados para ganar elecciones.
Los problemas argentinos son tan enormes y graves, que obligan a pensar soluciones estructurales y no solo coyunturales ó financieras. Un plan estratégico no es un simple acuerdo de precios, ni un acuerdo sindical patronal ni un plan de ajuste de gastos, en el marco de continuas urgencias electorales. Insertos en este laberinto lo más sensato es salir por arriba, planteando no una reconstrucción sino una transformación. Sin propuestas de un nuevo proyecto nacional no habrá paz en la Argentina, porque el fracaso continuado llevará a situaciones crecientemente conflictivas y así el futuro se vuelve aún más incierto y peligroso.
La grieta es un gran negocio para los que viven atornillados a los cargos, sean mayoría o minoría.
Los planes sociales no pueden seguir creciendo indefinidamente ya que el sol no puede taparse con las manos. Con o sin arreglo con el FMI la conflictividad social se incrementará y el narcotráfico tendrá mayores oportunidades para avanzar. La enorme inflación podrá licuar deudas, jubilaciones y sueldos del estado, pero no detendrá la conflictividad gremial.
El internismo extremo en que han caído las dos coaliciones están produciendo un cambio de humor en la sociedad, inclusive hasta con los propios adeptos de cada una. Se nota un creciente hastío, hartazgo, crispación y violencia emocional, que harán eclosión a partir de abril próximo. Según la Consultora 3.0 de Shila Vilker y la Consultora Grupo de Opinión Pública, de Raúl Timmerman estaríamos entrando en la fase “de la incertidumbre al pesimismo”.
Como un reiterado déjà vu, la gente puede pasar del “es lo que hay” a “busquemos otros horizontes u otros dirigentes”. Pese a este clima social, los principales dirigentes políticos siguen dedicándose a las elecciones 2023. El cristicamporismo está dando claras señales de dejarles el camino libre a la oposición para que gane la próxima elección y se haga cargo del desastre nacional, en la idea que luego la inestabilidad social aumentará aún más, lo cual es fácil imaginar, y con ello volver a derrotarlos en las urnas.
Los peronismos (y los radicales también) se refugiarían provisoriamente en elecciones provinciales adelantadas, dejando a los candidatos presidenciales ligados a su propia suerte y fortuna. La grieta es un gran negocio para los que viven atornillados a los cargos, sean mayoría o minoría. Otra alternativa es que el fuerte internismo probablemente conduzca a elecciones internas en las dos coaliciones. El camino hacia esa posibilidad, puede estar llena de fracturas pequeñas, medianas o grandes; todo es una gran incógnita. Eso permitiría imaginar que podría darse la posibilidad de un reagrupamiento cruzado de espacios políticos, conformando nuevas propuestas políticas más interesadas en empezar a dar soluciones estructurales a los problemas nacion.
Estamos transitando la crisis terminal de este ciclo, caracterizado por un exceso de ideologismo, sin planes sostenibles. Su transformación es inevitable. Falta que el pueblo decida el “tempo”, cuando ocurrirá. Habrá luz al final del túnel, pese a que muchos argentinos de buena fe, que ven esta lamentablemente situación, siguen en actitudes pasivas, porque creen que recién habría que movilizarse cuando haya un liderazgo que ilumine este nuevo rumbo. Sin embargo, los procesos de cambios auténticos (no los simulados) no suelen esperar esas situaciones ideales, sino que transitan los confusos y complejos caminos actuales, sin liderazgos claros, y tal vez hasta algo contaminados de la etapa anterior. Tenemos la esperanza que el pueblo comenzará a hacer “tronar el escarmiento”.
* analista político y geopolítico