Juegos de mesa, pasión de verano
En la playa, en las vereditas porteñas de bares o en las plazas, los tableros se despliegan más que nunca en este tiempo lento de las vacaciones. Historias y beneficios de esta actividad.
Cartas, dados y tableros son parte de las postales del verano. No sólo son un clásico de los días de lluvia en los balnearios, sino que también conquistan bares, cervecerías, plazas, cadenas de hamburguesas y centros culturales con clubes de aficionados o jugadores casuales. Si bien todo el año hay actividad, en los días de calor y vacaciones el entusiasmo se multiplica. Un pasatiempo con el que, de alguna manera, todos ganan.
Torres altas de jenga se alzan entre pintas y porciones de papas en un bar de cerveza que domina dos concurridas esquinas de Villa Crespo. "Se re copa el público. El 90% sabe que acá hay juegos y vienen a eso. Otros se encuentran con la novedad. Algunos lo ven desde el colectivo y les llama la atención", dice Dani, encargado del lugar. El público puede elegir opciones de juegos como "Quién sos", "HDP", cartas y mucho más. "La mayoría son para jugar en grupos grandes. Como tenemos promociones para cumpleaños, muchos vienen a festejar. Se arman mesas largas de 10 o 20 personas participando en distintas partidas", comenta. La propuesta lleva el juego hasta el final, hasta el momento de la cuenta: si el cliente saca generala servida, no paga. Si saca poker servido, tiene una cerveza gratis.
Mientras Dani explica, en la mesa de al lado tres amigos juegan al Uno. Es la primera vez que van al bar y la propuesta les tomó por sorpresa pero se sumaron. "Está bueno, no te lo cobran y el juego está a disposición si otro cliente no lo está usando", comenta León.
No es el único lugar para sacarse las ganas de competir. Hace algunos meses reabrió también uno de los bares de juegos más emblemáticos de los 90, que está ubicado en Barrio Norte. Una nueva hamburguesería de carnes orgánicas que abrió en San Telmo también sumó los juesgos a su propuesta. Hasta los sindicatos lanzan clubes de juegos de mesa.
En pleno auge de los videojuegos, los de mesa logran abrirse camino y muestran también las virtudes que promueven en relación al manejo social y a las emociones.
"Estas son épocas donde predominan los juegos virtuales, que son preferidos por grandes y chicos. Aunque se dicen que aislan, pueden favorecer o incluir la conexión. Pero en este tiempo, especialmente de vacaciones, surgen los viejos juegos de mesa. Mientras que en los juegos virtuales se ejercitan las habilidades sensorio-motrices y se privilegia en general la acción y la rapidez, en los juegos de mesa predomina más la reflexión, el pensar, la estrategia, el adivinar", explica la Licenciada Diana Litvinoff, psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y autora del libro "El sujeto escondido en la realidad virtual".Según señala la especialista, la gran diferencia es que en lugar de la pantalla está la mesa: los jugadores se distribuyen alrededor de la mesa y no están dispersos en el espacio de las redes. "Hay cercanía, la presencia del cuerpo, la personalidad de cada jugador y la posibilidad de que, después de la partida, se pueda compartir una pizza. Hay dos juegos, uno es el que está desplegado en la mesa y otro es el que se arma y elabora entre el grupo. El grupo enriquece, acompaña, también a veces se dan conflictos y se plantean situaciones que aportan a las experiencias de vida", agrega.
Jugar en familia puede generar dinámicas virtuosas. "Los juegos de mesa unen a la familia en momentos afectivos. Se trabaja la frustración, la paciencia, el comprender que no es llegar y ganar sino vivir el proceso. Permiten entrenar mucho el tiempo de espera sobre todo: se pone en evidencia la ansiedad de no poder entender cómo se juega y esperar el turno", indica la Dra. Claudia Amburgo de Rabinovich, médica psicoanalista de APA/IPA , Ex Secretaria del Departamento de niños y adolescentes de la APA, coautora del libro Parentalidades, Supervisora clinic en distintos Hospitales de CABA.
La experta destaca además que es importante que los padres tengan tiempo dispuesto de ocio con los niños. "Jugar en familia no es perder el tiempo. El afecto se transmite a través del tiempo que uno pasa con los hijos pero es importante que sea tiempo de calidad, sin apuro. No es sólo llevarlos en el auto a distintas actividades. Es bueno tomarse el trabajo de ver lo que se lee, lo que se juega. Los hijos valoran mucho esa dedicación. Reunirse frente a un juego da la oportunidad de conocer otros aspectos de los hijos y los padres", concluye.
El bingo, el dobble, el jenga, el Monopoly, Operación, Party&Co, Quién es Quién, Scrabble, Uno y Virus! son algunos de los juegos más populares y más vendidos. Detrás de su creación, hay historias de ingenio y casualidades.
A continuación, curiosidades de dos de ellos:
UNO: Se dice que es el segundo juego de cartas más popular del mundo. Ya tiene más de 50 años. Fue inventado en 1971 por un barbero de Ohio, Merle Robbins, quien lo disfrutó con su familia y amigos durante algunos meses y luego decidió comenzar a venderlo, motivado por todos ellos. El juego empezó a popularizarse con el boca a oreja y a ser conocido fuera de su ciudad curiosamente gracias a los tours y las convenciones de funerarios a las que asistía Andrew Smith, compañero de partidas de cartas de la familia Robbins, quien estaba en ese negocio. Un año después de su lanzamiento, en 1972, el propietario de otra funeraria decidió comprarle el juego a los Robbins, Robert Tezak. Lo hizo por 50.000 dólares y 10 céntimos de royalties por cada UNO comercializado. El mismo día que lo vendieron, Merle Robbins vendió también su barbería y se jubiló. Tenía 60 años. Hoy es uno de los mazos más buscados en cada Navidad y constantemente se lanzan distintas ediciones especiales que surgen de colaboraciones con artistas.