La deuda laboral para 2019

Opinión

Hacia fines de 2017 señalé el problema de los costos laborales argentinos y su relación con la baja competitividad nacional. La sustitución de la mano de obra humana a manos de las nuevas tecnologías también surgió, al mismo tiempo que planteaba la calidad del trabajo como otro eje de desarrollo laboral. Un año después, lamentablemente, ninguno de estos temas presenta buenas perspectivas.

No bajaron los costos laborales, de hecho incrementaron su incidencia dentro de los estados de resultados a partir de aumentos de paritarias relacionados con la inflación y bajas considerables en las ventas de las empresas. En consecuencia, cada vez somos menos competitivos globalmente.

La implementación de nuevas tecnologías que potencien la productividad y bajen costo laboral por el momento es sólo un tema de agenda académica y de conferencias. En la práctica profesional, las empresas están imposibilitadas de realizar grandes inversiones en medio de tamaña recesión. Por último, la calidad del trabajo sigue en baja: no generamos empleos innovadores, ni espacios atractivos, menos aún mejoras en la precarización reinante desde hace años.

Verán que mis observaciones son pesimistas cuando analizo el 2018 en relación al 2017. Sinceramente, no creo hayamos avanzado demasiado. Tampoco siento que hayamos involucionado: estamos igual de mal. Sin embargo, se han sumado temas que me llevaron a elegir el título del artículo. Arrancaremos 2019 con una gran deuda laboral, porque arrastramos problemas de larga data que, lejos de encontrar soluciones, se acumulan generando una grave deuda laboral para con la sociedad.

Mis análisis de cara al 2019 también son pesimistas. La recesión económica continuará, aunque dependiendo quién opine será trimestral, anual o eterna. Más allá de eso, el mundo del trabajo argentino sigue sin debatir sus estructuras primarias. Tanto los marcos regulatorios, como las relaciones entre sus principales actores datan su origen en mediado del siglo XX sin renovaciones que puedan considerarse más que un maquillaje de ocasión. Actuales leyes, esquemas tributarios y representaciones sindicales eran atractivos para Argentina de 1950, pero ya no para el siglo XXI. El mundo del trabajo evolucionó internacionalmente, pero el plano local no acompañó y peor aún no dimensiona que estamos transitando una nueva revolución industrial. Creo aquí yace el análisis inicial: pasan los balances anuales y los problemas no se solucionan.

En suma a las estructuras laborales, las estrategias también merecen ser reconsideradas. Por ejemplo, las significaciones que la gente asigna al trabajo cada vez son más diversas, incluso cuando se abordan distintas generaciones. El debate sobre el trabajo como estructurador social está implícito en cada charla de trabajo, condicionando las estrategias laborales de las empresas. La ausencia de estrategias generales dificulta la generación de estrategias organizacionales toda vez que el devenir diario condiciona cada decisión del área de recursos humanos.

Por último, y en mi opinión, lo más importante del mundo del trabajo local queda resumido a una estadística inviable: 12 millones de trabajadores registrados, 7,5 millones de personas con problemas de empleo y dentro de ellas 2 millones directamente sin trabajo, 12 millones de pobres y alrededor de 20 millones de personas que cobran sueldos y/o asignaciones del Estado. Una estructura inviable por donde se la mire, rayana al colapso toda vez que pocos mantienen a muchos.

La verdadera modernización del mundo del trabajo local implicará tomar medidas cuyo objetivo sea invertir estas estadísticas. Todo lo conversado y escrito durante el año se reduce a estos números que pesan negativamente sobre el trabajo y la productividad nacional. Todo lo gestionado y pensado durante 2019 deberá pensarse para aumentar el trabajo formal y reducir precarizaciones y pobreza. Aquí más que en ningún otro análisis se ve la importancia del trabajo como principal estructurador social.

El 2019 recibirá una gran deuda laboral, aunque guardo una pequeña luz de optimismo. El G20 en Argentina puso como uno de los principales temas de agenda el futuro del trabajo. Ojalá los actores locales tomen nota y decidan cambiar el rumbo de esta historia.

*Especialista en Recursos Humanos

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