La era pos-Glasgow ha llegado: gestión ambiental y producción dejaron de ser antinomias
Años de discusiones estériles entre los productivistas y los ambientalistas, nos retrasaron en ver el bosque.
El calentamiento global no se detuvo ante las discusiones, por lo contrario, continuó avanzando progresivamente, estando en los umbrales del 1.5°C de incremento de temperatura en el planeta.
La agenda denominada gestión ambiental, allá por la Cumbre Río+20 (2012), se había convertido en Objetivos del Desarrollo Sostenible (meros discursos que expresaban deseos y no realidades).
Hoy es urgente y necesario implementar agendas de reducción y neutralización de las emisiones de los GEI (gases de efecto invernadero) de todas las actividades humanas (económicas y sociales), cuantificadas con unidad objetiva de medición: el dióxido de carbono equivalente (CO2e).
Tuvimos que llegar a Glasgow para que todos los países industrializados y en vías de industrialización, se pongan al hombro los verdaderos y reales compromisos de reducción de las emisiones (pero aún CHINDIA no ha homologado el cambio de su matriz energética).
El agro argentino y el algodonero principalmente, tiene por delante una oportunidad invalorable para ganar definitivamente mercados europeos o de oriente, de alto valor de comercio.
Nuestras producciones deberán reorientarse rápidamente hacia la confección de sus inventarios de emisión GEI, definir sus metas y aplicar el plan de reducción, con un trabajo sistémico y cooperativo de todo el ecosistema algodonero.
Cuantificación por protocolos IPCC, metas alcanzables y planes acordes a nuestra realidad ambiental, deberán ser las nuevas inversiones en las estructuras productivas (relegando maquinarias u otros activos fijos).
Cuando nuestra fibra de algodón cuente con un HVI Ica Bremen, certificaciones que acrediten bajo carbono o descarbonización total del producto, abriremos de par en par las puertas del comercio internacional más codiciado, tanto por la forma de pagar como por los mejores precios (+15% promedio).
Los avances tecnológicos en la producción primaria, deberán ir acompañados por avances en la trazabilidad y registración de los diferentes procesos que componen la cadena productiva, con el agregado de ver por las poblaciones urbanas perimetrales a los campos de algodón, puesto que la sociedad juega y muy fuerte en el posicionamiento comercial de los productos, pudiendo seleccionar negativamente aquellos fardos que provienen de campos deforestados, con trabajo infantil o informal, sin tener en cuenta el género, ni el desarrollo social circundante.
Los profesionales del agro, tendrán que medir sus actuaciones, por la huella de carbono que dejan impresa y no por la cantidad de kilogramos por hectárea que obtienen.
Un desafío actual, no es el futuro, es hoy y debemos comenzar ya.
*Especialista en agronegocios y alimentos; gerente técnico de Fundación MásValor