La reforma de la reforma
Por qué Argentina sigue teniendo índices negativos de competitividad y qué opciones tiene para modificarlos
A partir de julio del año pasado comenzaron los debates en comisiones parlamentarias, y en consecuencia en ámbitos especializados como este diario, sobre la reforma laboral. Un sistema de relaciones laborales antiguo, desgastado y lejos de estar a la altura de los nuevos tiempos fue puesto en jaque por la realidad nacional siendo en apariencia la actualización de su marco regulatorio la solución al problema.
Destaqué por esos días que no lo era: había que repensar los costos laborales contemplando todo aquello que la empresa invierte en un trabajador, cuantías que están muy por encima de los aportes y contribuciones tradicionales. También en aquellos artículos mencionaba que el mundo había cambiado ya que la cuarta revolución industrial y las diferencias de competitividad con otros países de la región encendían alarmas por demás preocupantes.
Los principales pilares del plan reformista de tan sólo diez meses atrás quedaron en la nada; no hubo cambios profundos por lo que las empresas mantienen altos costos laborales, marcos regulatorios inapropiados y Argentina sigue siendo un país con competitividad laboral negativa. Sin embargo, esta novela sumó un nuevo capítulo la semana pasada: un nuevo proyecto de reforma laboral empezó a discutirse en el Parlamento.
La principal novedad radica en el intento de disminuir el costo indemnizatorio al excluirse de la base de cálculo el aguinaldo, los premios, bonificaciones y compensaciones de gastos ¿El objetivo? Bajar litigiosidad y disminuir costo laboral. Entiendo esto es un grave error por varios motivos. El primero de ellos, las empresas necesitan bajar el costo laboral "corriente" es decir, el asumido mensualmente de manera habitual por su nómina permanente. La disminución de costos indemnizatorios es una erogación extraordinaria al momento de desvincular, lo cual no debiera tener prioridad de reforma por parte del Gobierno ya que el objetivo no es flexibilizar desvinculaciones sino promover empleos de calidad y permanentes. En otras palabras, y al igual que hace diez meses, corresponde repensar los costos laborales habituales y no los costos de desvinculación.
En segundo lugar, el "timing político" para debatir reformas laborales no podría ser peor. El dólar no frena su escalada, el gobierno merma su imagen, los mercados miran de costado al país, los cambios en las tasas de interés estadounidenses preocupan y la intervención del FMI en la economía hacen pensar que las ideas del historiador Arnold Toynbee eran ciertas: la historia es cíclica, todo vuelve a suceder. En tercer y último lugar, los hechos hablan por sí solos. Una pauta deseada del 15% en paritarias ya encuentra en gremios como UOM y Aceiteros 18,5% y 19% respectivamente. Y Camioneros anuncia una intención de 23%.
Evidentemente la reforma de la reforma no sirve. Los efectos terminan siendo peores que los problemas que intentan resolverse, más aún cuando ni siquiera se tratan los aspectos cualitativos de dichos fenómenos y todo se reduce a intentos desesperados de atenuar con paños fríos la agonía de un enfermo terminal.
Esta historia sumó un nuevo capítulo, pero el escenario nos deja ver que vendrán capítulos por demás variopintos. Por ejemplo ¿habrá condiciones del FMI en términos laborales? Los habrá en la economía, aunque no sabemos aún medidas directas o impactos indirectos de las condiciones ¿Cómo reaccionarán definitivamente los distintos perfiles del mundo del trabajo ante los cambios generados por tipos de cambio y alzas de tasas una vez que baje la tensión? Empresarios trasladan a precios las subas, los trabajadores permanentes miran de reojo su continuidad, los tercerizados rezan por no ser los primeros damnificados de ajustes de nómina y los desempleados aumentan su frustración al ver cada vez más lejos su reinserción laboral.
El sistema de relaciones laborales en Argentina sigue teniendo una prioridad secundaria en la agenda. No es prioritario para el actual Gobierno, tampoco lo es para la una sociedad que no dimensiona los peligros de continuar deteriorando su principal estructurador social. Ya sea de manera directa o indirecta, el mundo del trabajo local recibe malas noticias día a día.
La reforma de la reforma no es un capítulo en sí mismo, prefiero pensarlo como un intermedio de descanso entre funciones ¿Cuál será el próximo capítulo? Ojalá sea un acuerdo político entre todos los actores intervinientes digno de los tiempos que nos tocan vivir y no una repetición de un capítulo anterior: despidos masivos y aumento de la precarización.
*Especial para BAE Negocios