Las devaluaciones son siempre huérfanas
En política, especialmente en años electorales, las fotos suelen ser motivo de discusiones y codazos. Muchas veces incluso se difunden recortadas para dejar afuera a algún colega en la gestión que pueda rivalizar en el juego de la silla. Lo novedoso de esta campaña es que ahora la pelea es para no salir. Pasó con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, quien participó ayer por la mañana de la cumbre en Olivos entre el Presidente y Sergio Massa en plena disparada del dólar paralelo. La imagen oficial omitió al custodio del peso y único sobreviviente del primer equipo económico de Alberto Fernández. Él tampoco quiso aparecer.
Más que estabilizar el mercado, en realidad, la foto buscó domar la interna. Alberto Fernández ya le había ofrendado a Massa la cabeza de su jefe de asesores, Antonio Aracre, a quien en Olivos responsabilizaron por haber filtrado a la prensa las versiones de un posible reemplazo del ministro de Economía tras el demoledor índice del 7,7% de inflación que publicó el INDEC para marzo. No alcanzó. El tigrense exigió la instantánea y volvió a verse cómo chirrían los engranajes del Gobierno. ¿Quién ratificaba a quién?
El exCEO de Syngenta ya se había granjeado la enemistad de Massa, de Pesce y hasta de Mercedes Marcó del Pont. De haber impulsado en su momento el "dólar soja" como alternativa para sumar reservas, el economista se había convertido en su principal crítico interno. "No hay ninguna lógica en pagarles $300 a los sojeros pero seguir permitiendo que importen insumos a $200", repitió ante el Presidente en el fatídico almuerzo del lunes. Toda una concesión de alguien que vendió esos insumos durante más de 30 años.
Hubo otra iniciativa de Aracre, sin embargo, que terminó de irritar a Massa tanto como a Pesce su idea de desdoblar formalmente el mercado cambiario. Para compensar la aceleración de la inflación, le propuso a Fernández que decrete el pago de una suma fija de $50.000 a todos los sueldos por debajo de la canasta básica y que aumente el salario mínimo de $80.000 a $100.000. El aliado menos pensado de Máximo Kirchner, a cuyos reclamos de una recomposición de ingresos viene haciendo oídos sordos el ministro.
El problema de Massa es la estricta tutela del Fondo Monetario. Si bien todavía hace equilibrio entre sus exigencias y la última red de contención del Frente de Todos que sostiene con Cristina Kirchner, cada vez le cuesta más contentar a todos y todas. Antes del gusto que se dio esta semana al recibir a los patagónicos triunfantes Alberto Weretilneck y Rolando Figueroa (sendas victorias del publicista cordobés Mario Riorda), el ministro almorzó en la misma mesa con el salteño Gustavo Sáenz, su candidato a vicepresidente en 2015. El gobernador lo visitó discretamente para suplicarle que libere fondos para obras en la provincia. "Tengo la elección en mayo y todo frenado", le advirtió.
¿Qué le exigió la semana pasada el FMI a Massa para adelantar los desembolsos previstos para todo el año? Que se aleje lo menos posible de la meta del 1,9% del PBI de déficit primario y que el Central deje de perder reservas. En otras palabras, que convalide mayores subas de tarifas para bajar la carga de subsidios y que devalúe en el mercado oficial antes de la próxima revisión trimestral. Dos factores que empujaron el fogonazo del blue mucho más que las intrigas palaciegas que Economía aprovechó como excusa.
Diamand al revésEste lunes sale de imprenta otro libro con el que Matías Kulfas promete irritar al mismo sector que lo bombardeó hasta derribarlo del Ministerio de la Producción por "Los tres kirchnerismos", su balance crítico de la gestión de Cristina publicado en 2016. La nueva obra se titula "Un peronismo para el siglo XXI" y propone desde su portada -ilustrada por un retrato de Perón con estética de código QR- "la batalla por un desarrollo que sintonice con el mundo actual y confronte el mito del ajuste eterno".
Antes de su eyección y la de Martín Guzmán, Kulfas había empezado a delinear un plan de estabilización para enfrentar la aceleración de los precios. Incluía una devaluación compensada y acordada con el FMI. Ambos ministros venían enfrentados con Pesce desde agosto de 2020 por algo parecido a lo que ahora cuestionó Aracre: que se malgastaran reservas. No hacían foco en el tipo de cambio al que se importan los fertilizantes sino en los dólares que obtuvieron las empresas a precio oficial para cancelar sus deudas con bancos extranjeros, en la mayoría de los casos contraídas durante la gestión de Mauricio Macri.
En su libro, como en su explosiva carta de renuncia en junio pasado, Kulfas niega que bajo su gestión se haya producido un "festival de importaciones" como denunciaron sus críticos internos. Coincide con el informe de un centro de estudios que están a punto de presentar otros exfuncionarios frentetodistas, donde se destaca que el superávit comercial fue mayor al registrado en los dos períodos presidenciales anteriores y que "cerca del 90% de ese excedente se destinó al pago de deudas del sector privado y sus intereses y a solventar gastos turísticos en el exterior", a razón de mil millones por mes.
La interna es tan complicada que marea: lo que critican de la gestión de reservas los desterrados Kulfas y Guzmán se roza con lo que cuestionan los economistas que nutren de números a Máximo Kirchner, encabezados por Eduardo Basualdo, que a su vez fueron sus principales adversarios palaciegos. Al fin y al cabo, todos coinciden en que la disparada inflacionaria se debe a que faltan dólares. También concuerdan en quién se los llevó, porque todos apuntan a las empresas más grandes del país. Apenas difieren en el mecanismo que utilizaron (inflar importaciones o adelantar pagos de deuda). Ninguno hizo nada por evitarlo.
En el Gobierno se entusiasman con que el Fondo, que tampoco frenó esa sangría, ahora podría mostrarse algo más flexible por la beligerancia de Luiz Inácio Lula Da Silva contra Estados Unidos en su reciente gira por China, donde no se privó de coquetear también con la Rusia de Vladimir Putin. "Nos está dando una mano bárbara. Si faltaba algo para que los yanquis nos ayuden es que Lula se muestre así", dijo a BAE Negocios uno de quienes negocia con los tecnócratas de la calle 19. "Lo que reconocieron es que esta vez no fuimos nosotros. Fue la sequía. Podrían hacerse los boludos y no se están haciendo", destacó el funcionario.
El tema es cuánto se traslade a los precios la devaluación que pide el staff. A favor de Massa juega que, al menos parcialmente, ya devaluó al poner en marcha el dólar soja 3. El tipo de cambio oficial pasó a ser menos decisivo que antes, porque a quien importa o exporta le cobran o le pagan la divisa según a qué se dedique.
Lo problemático es a quiénes les pagan más. "Es como (Marcelo) Diamand al revés", se rió otro exministro, en alusión al clásico de los 70 que recomendaba tipos de cambio diferenciales para una estructura productiva que advertía desequilibrada a favor de la agroexportación y en contra de una industria que sugería proteger.
Del Llao Llao a Vaca MuertaLa contracara de esa devaluación en cuotas es la disparada de la canasta de alimentos (120,1% en el último año) y de la canasta básica total (113,2% en el mismo lapso), en ambos casos por encima de la inflación. Tal como informó ayer el INDEC, una familia tipo necesita $191.228 para no ser pobre. En el Gobierno admiten que la población bajo esa línea ya supera el 42%.
No es un dato que parezca conmover especialmente al foro de magnates que se reunió en el lujoso hotel Llao Llao, donde la mayoría de los encuestados se dejó seducir por Patricia Bullrich y su promesa de orden, más allá de la rusticidad de las ideas económicas que desplegó. Varios de los presentes, sin embargo, volaron después al coloquio energético de IDEA en Neuquén, donde sí pareció trazarse una hoja de ruta más concreta. Marcos Bulgheroni le puso precio: U$S 20 mil millones más de exportaciones.
Con Vaca Muerta operando a pleno se reduciría el riesgo de que el país se hunda por una sequía. Lo cual no quita que, a la hora de devaluar, bien podría usarse como excusa. Igual que a Juan José Aranguren en 2014 o que a las PASO en 2019. Las devaluaciones siempre son huérfanas.