Massa fue el centro de los ataques y Bullrich salió a quemar las naves para reposicionarse
La temperatura se elevó durante un segundo debate plagado de chicanas
La armonía apenas duró unos minutos, cuando los candidatos condenaron los ataques terroristas en Israel. O casi, porque Myriam Bregman se diferenció y solo se compadeció de las víctimas civiles para condenar el "apartheid de Israel" en Oriente Medio. De ahí en más, el tono de todos los candidatos se encendió por encima de lo registrado una semana atrás. Sergio Massa fue el único que pretendió mantener un tono calmo, pero fue el centro de los cuestionamientos. Patricia Bullrich lo atacó hasta la sobreactuación e incluso Juan Schiaretti lo eligió al momento de pegar. Solo Javier Milei se apiadó, en algún pasaje, del candidato oficialista.
En la cita santiagueña, las miradas habían apuntado principalmente al libertario, a la espera de algún sobresalto. Sin embargo, el postulante de La Libertad Avanza logró mantener la compostura en los carriles "lógicos" de un debate presidencial. Anoche, en cambio, las expectativas estaban puestas en Bullrich, quien en el primer encuentro había dejado dudas cuando tuvo que explicar el plan económico de Juntos por el Cambio. Para la ex ministra, el debate planteaba una de las últimas oportunidades para recuperar terreno en una carrera en la que, pese al resultado de las primarias, Milei y Massa aparecen como los principales contendientes.
Y Bullrich salió a quemar las naves. Le recordó a Milei que la libre portación de armas figura en su plataforma y dijo que la venta de órganos es la otra cara de la trata de personas. El libertario pareció nervioso al contestarle y ni siquiera desmintió sus argumentos. "Dejen de robar", le gritó a Massa cuando el ministro ya había gastado todos sus derechos a réplica.
"Hablar cachengue no te va a hacer mejorar, gritar no va a hacer mejorar tu mala performance", le contestó Massa luego de recibir dos horas de ataque y en uno de los pocos momentos en que perdió el modo zen que se prometió mantener durante toda la noche.
El candidato de UxP sumó a sus propuestas la promesa de poner en marcha un sistema de créditos hipotecarios ajustado por el incremento de los salarios y reiteró su idea de crear un FBI argentino para combatir el narcotráfico.
Milei, en tanto, sonó un tanto técnico y poco explícito a la hora de presentar sus propuestas temáticas. Atacó "las ideas del señor Zaffaroni que cambiaron el rol de víctima y victimario", al hablar de seguridad, dijo que promoverá la inversión y el ahorro "mientras la casta solo promueve el consumo" y prometió un "seguro de salud universal". Sobre el final, pretendió volver a ubicarse por afuera del sistema y definió los debates como una "pantomima" de los partidos, que se sienten cómodos con el formato. Su risita burlona, además, volvió a aflorar ante cada ataque.
Bregman aseguró que implementar la reducción de la jornada laboral permitirá generar 1,2 millón de puestos de trabajo, se pronunció contra el extractivismo y reclamó la sanción de la ley de humedales, "que todos acordaron cajonear". Siempre fue la más locuaz y segura a la hora de expresarse.
Schiaretti, por su parte, no defraudó las expectativas de los argentinos, que levantaban apuestas sobre la cantidad de veces que citaría a Córdoba como ejemplo. Pidió sancionar la ley de derribo y se sumó a la idea de crear un "fondo de garantías" estilo UOCRA para reemplazar el sistema de indemnizaciones.