Muchas campañas políticas apuntan a cambios de nuestra autopercepción
La autopercepción como construcción del yo constituye un camino sinuoso de difícil descubrimiento
"En realidad, todo es cuestión de percepción; lo que ves depende de lo que crees estar viendo"
(Juegos de interior)
Kate Atkinson
El psicólogo y filósofo Williams James planteó la dificultad de conocernos a nosotros mismos. Eso actualmente se sustenta científicamente debido a la complejidad cognitiva que detenta el hecho de conocerse a sí mismo, consecuencia del impacto que generan las funciones instintivas sobre cada inconsciente adaptativo. James impartía que en vez de un yo sería mejor hablar de un "mí"; es decir, de la subjetividad que generan los millones de vivencias que condicionan las convicciones que uno tiene sobre sí mismo. A través de la resonancia magnética cerebral funcional se observan muchas áreas que condicionan la subjetividad del yo, la que incluso puede ser modificable y cambiar nuestra propia autoimagen.
La corteza cingulada anterior y el precúneo cerebrales son claves para la autopercepción corporal básica. Por otro lado, aspectos autoevaluativos sobre nuestra conciencia, como ser bueno o inteligente, muestran la activación de la corteza cerebral ventromedial prefrontal y el hipocampo. Sin embargo, cuando se evalúan aspectos emocionales, como "soy una buena persona", se activa el orbitofrontal y la amígdala, zonas relacionadas, respectivamente, con la autocensura y la emoción. Por último, la corteza prefrontal ventromedial actualiza permanentemente la autoevaluación y ante su inhibición se generan menos intervenciones sobrevaloradas de uno mismo.
Ocultar la subjetividadLa autopercepción real se encuentra, en la mayoría de las personas, distorsionada a su propio favor; es decir, las personas se autoperciben mejores de lo que son. La mayoría de nosotros, como lo plantea Emily Pronin, investigadora y especialista en estudios de la personalidad, marca una clara cuota de parcialidad de nuestra actividad.
Pronin describe que los humanos tendemos a ocultar una clara subjetividad basada en funciones inconscientes. En diferentes testeos, la investigadora constató cómo los sujetos tienden a considerse introspectivamente objetivos y bondadosos, cuando en realidad no lo son.
La autopercepción como construcción del yo constituye un camino sinuoso de difícil descubrimiento. Hace ya varias décadas, el teórico cognitivo John Flavell, de la Universidad de Stanford, describió la metacognición como un proceso que posibilita el juicio sobre uno mismo. Esta función genera una gran diferenciación entre los 18 meses y los 2 años, cuando el niño se reconoce a sí mismo en un espejo, una función que comienza a perderse entre los pacientes con Alzheimer avanzado.
No quedan ajenas a la autoapreciación las áreas del sistema nervioso de evaluación de costos (ínsula) y las zonas emocionales (sistema límbico), que influyen especialmente en el juicio que realizaremos sobre nosotros mismos.
También se ha descrito el área prefrontal anterior, con mayor tamaño en las personas de mayor metacognición. Asimismo, si este sector cuenta con mayores conexiones con la subcorteza, la persona tendrá más posibilidades críticas sobre sus fallas en la autoconciencia.
Lo que suceda con nuestra mente dependerá de la información ambiental que impacta en la expresión de nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Así, los efectos culturales en concomitancia con la expresión epigenética modifican nuestra expresión tanto estructural como funcional, corporal y cerebral. De este modo conformarán el cambio subjetivo y social transmisible entre generaciones.
Cuando construimos el criterio de realidad se aplican intrínsecamente procesos de subjetividad. Como planteó Immanuel Kant en la Crítica de la razón pura, se construyen los objetos a partir del yo mental (es decir, a partir de nuestro aparato psíquico). Este aparato mental se encuentra construido por el pensamiento, la emoción, la voluntad y la sensopercepción, pero apoyado por la experiencia y la importación de la subjetividad de los otros. Puede pensarse, entonces, que todo fenómeno de subjetividad lleva implícita la intersubjetividad para concebir la realidad.
Existen trabajos que muestran cómo las experiencias inmediatas anteriores a la introspección denotan una gran influencia sobre nosotros, como por ejemplo en nuestra corporalidad.
La introducción de nuestro propio ser está llena de temas e influencias externas con impacto a largo plazo, pero también de influencia muy reciente. Nuestra propia percepción es más subjetiva, variable y endeble de lo que pensamos.