Mundo sin fronteras (Parte I)
Desde que Bauman inestabilizó la noción de fronteras con sus Tiempos Líquidos, vivimos otros Tiempos Modernos. El debate geopolítico actual se parece más a un minué de bailarines, al no poder interpretar el Lago de los Cisnes ni realizar ningún salto acrobático sin condenarse al ridículo, que a un enfrentamiento de posturas políticas, económicas sociales o militares ajustadas a la época.
El fin de la Guerra Fría, la guerra convencional de Ucrania y la enunciación de las consecuencias que sufre Rusia por ser el damnificado de una "guerra hibrida total", según el Kremlin, ponen en la mesa una suerte de relativización de la incidencia de los insólitos porcentajes de adhesión que se miden en Suecia y en Finlandia sobre la opinion popular de incorporarse a la OTAN.
Nadie es ajeno a la guerra económica desatada para limitar al aspirante a zar. El "capitalismo sanitario" que se concibió durante la pandemia dejó reconocidos y habilitados los pasaportes internacionales emitidos por los nuevos certificadores de la ciudadanía universal. Pfizer/BioNTech, AstraZeneca y Covishield, Johnson y Johnson/Jensen, Moderna, Sinovac y Sinopharm, Covaxin y Covotax. Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, India y China son un entente mucho más poderoso que la OTAN.
Este "consejo de seguridad sanitario" avalado desde la cima técnica de la ONU (OMS) me hace recordar el quite de apoyo financiero a esa organización que impulsó Donald Trump, partenaire quinquenal del Vladimir Putin preguerra. Más poderoso ahora que el Consejo de Seguridad y el derecho de veto de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial.
La lógica geográfica de fronteras militares, Estados colchón y seguridad militar europea se encuentra más a salvo en el tejido institucional de la Unión Europea que en la ampliación del Tratado Militar del Atlántico Norte. La visita de Boris Johnson cargada de nostalgia británica puso de relieve la salida de la neutralidad de los escandinavos, ya que el Brexit los dejó afuera de la construcción de la Europa que avanza para incorporar al país, que es el que sufre encarne propia la matanza. ¡Fuera Rusia de Ucrania!