¿Qué hacemos con la desigualdad?
La Real Academia Española define a la desigualdad como: relación de falta de igualdad entre dos cantidades o expresiones. Lamentablemente, la evolución de la distribución del ingreso, trimestre a trimestre nos muestra con datos esta definición tan preocupante para la economía argentina.
El último informe disponible sobre la distribución personal del ingreso es el correspondiente al primer trimestre de 2023 y muestra un panorama que debe atenderse a la brevedad. En primer lugar, el ingreso medio individual es de $123.782 representando un 91,2% más que en el primer trimestre de 2022.
Este es un número que no compensa la inflación interanual que llegó al 104,3% teniendo a los alimentos como protagonistas. Asimismo, la primera desigualdad que se observa en el informe es la de género ya que el ingreso medio de las mujeres es de $103.964, es decir, un 16,0% menor que el promedio y un 27,9% menos que los varones.
Por otro lado, si no hacemos distinciones de género es preocupante la situación las personas asalariadas sin descuento jubilatorio ya que obtienen un ingreso medio de $65.657, es decir, se encuentra por debajo de la Canasta Básica Total que se encuentra en $70.523.
Por lo tanto, acá tenemos otro tipo de desigualdad: la de aquellas personas que tienen un empleo pleno de derechos y las que no (un 36,7% de los asalariados). Esto trae esta desigualdad en los ingresos en el presente y problemas igual o más graves en el futuro: son personas que no accederán a una jubilación y que no cuentan con ningún tipo de cobertura ante la pérdida del empleo.
También es interesante analizar cómo se distribuyen los ingresos entre los hogares. El décimo decil, es decir, el más pobre representa un 25,3% de los hogares mientras que el primer decil (el más rico) un 3,3%. El ingreso mediano per cápita del primer decil fue de $15.444 y del décimo $210.000 lo que lleva a que la brecha de ingresos entre ambos deciles sea de 14 veces. En línea con esto, el Coeficiente de Gini se ubicó en 0,446 por lo que estamos muy lejos de la igualdad de los ingresos entre los hogares ya que esto ocurre con valores de este coeficiente tendiendo a cero. Otro dato preocupante es que si hacemos una comparación interanual la desigualdad aumentó ya que el año pasado el coeficiente era de 0,430.
Ingresos y techo de cristalEn este análisis por deciles también se observa la desigualdad de género. Por ejemplo, en el primer decil un 65,8% son mujeres mientras que en el décimo sólamente un 38% Esto no es llamativo ya que se sabe que las mujeres perciben menos ingresos que los varones. Lo que sí se debe analizar es que en el sector más pobre las mujeres aportan el 66,2% del ingreso individual del decil y en los sectores más ricos el 33,2%.
Esto se debe a que en los hogares más humildes las mujeres son las principales beneficiarias de la asistencia social y en los hogares más ricos muchas veces las mujeres priorizan las tareas de cuidado por sobre un trabajo remunerado de más horas o de mayor jerarquía. También estas mujeres muchas veces se encuentran frente al techo de cristal por lo que no pueden acceder a un empleo de mayor remuneración.
Respecto de las personas según si poseen o no descuento jubilatorio el primer decil es el más complicado ya que un 87,2% de las personas no lo poseen. En cambio, en el decil más rico solamente un 5,3% no lo poseen. Esta problemática debe ser abordada con urgencia ya que como se señaló anteriormente, es un problema del presente pero también del futuro.
También es necesario mencionar que del total del ingreso generado un 48,4% correspondió a la Remuneración al Trabajo Asalariado (2,1 p.p. más que en el primer trimestre del año 2022) y un 38,4% al Excedente de Explotación Bruto. También se observó un aumento de los puestos de trabajo (+3,7%) y de las horas trabajadas (+3,4%). Esta es una buena noticia pero también debe ser seguida de cerca para que la distribución funcional del ingreso se mantenga en estos valores.
En conclusión, si bien en este último año hubo cierta redistribución del capital hacia el trabajo es necesario que se trabaje en algunas desigualdades que aún persisten en la economía argentina: en primer lugar la desigualdad de género ya que el ingreso promedio de la mujer está muy por debajo de los varones y en segundo lugar la desigualdad entre las personas que poseen descuento jubilatorio y los que no dado el problema de largo plazo que representa para la vida de cada una de esas personas y también de la economía en general.