Qué implicancias tiene el estrés del sector bancario internacional
El periodo más turbulento de la última década para el sector bancario anota su tercera semana. La preocupación por el segmento y el temor de un efecto contagio, al mismo tiempo que el de una recesión profundizada en el futuro, mantiene en vilo al mercado. Ni las noticias del apoyo financiero que los principales bancos centrales están dispuestos a ofrecer para garantizar los depósitos de los ahorristas ni la buena predisposición de los reguladores con la intención de evitar otro escenario similar a 2008, fue suficiente para apaciguar por completo las tensiones y la saga continua.
Luego de que la Reserva Federal se mostrara dispuesta a garantizar los depósitos de los clientes de aquellos bancos que enfrenten niveles altos de solicitudes de retiro en el sector financiero estadounidense, el foco pasó a Europa, y Credit Suisse fue quien quedó en la mira. La delicada situación de la entidad suiza no es novedad: años de escándalos, cambios de liderazgo y una estrategia que no logró inspirar la confianza de sus inversores, culminó con el banco reportando su mayor pérdida anual desde la crisis financiera de 2008 para el 3er trimestre.
La gota que rebalsó el vaso fueron las declaraciones del presidente de su principal accionista la semana pasada, el Banco Nacional Saudí, en una entrevista a Bloomberg TV. Al ser consultado por los niveles de liquidez del banco, este afirmó que no habría mayores inyecciones de capital en el futuro para sostener la entidad, por diversas razones, pero principalmente por una cuestión regulatoria, debido a que, de hacerlo, la entidad superaría la tenencia del 10% del capital accionario.
La solidez financiera de Credit Suisse volvió a ponerse en tela de juicio y encendió las alarmas también en el resto de la banca europea. ¿Estaba ahora también el sector financiero europeo en peligro si el banco caía? Ante la escalada en la incertidumbre, el Banco Nacional Suizo un día después aseveró que Credit Suisse disponía de un préstamo para garantizar su liquidez si deseara tomarlo, pero finalmente luego de varias negociaciones este fue adquirido por UBS Bank, y los principales índices europeos respiraron de alivio, disipándose en parte los temores de un efecto contagio en el continente.
Si nos atrevemos a afirmar que el cimbronazo inicial quedó atrás, cabe preguntarse: ¿Qué impacto tendrá lo ocurrido? En primer lugar, en el corto plazo se pudo percibir un efecto Fly to Quality en el mercado, donde, frente a este escenario de alto riesgo, los inversores rotaron desde activos High Beta, en pos de resguardarse de la volatilidad global. Esto golpeó directamente al flujo de todo el universo emergente, típicamente más sensible a eventos crediticios de esta magnitud. Puntualmente, el ETF de mercados emergentes de JPMorgan (EMB), sufrió una salida de flujos de hasta ahora -US$ 936,15mil millones desde el 13/3, cuando todo comenzó. Ese capital puede tener como destino inversiones consideradas menos riesgosas, como instrumentos de tipo Investment Grade, el dólar o incluso el oro. Al mismo tiempo, las empresas tienden a postergar sus decisiones de inversión a la espera de señales de estabilización en el mercado.
En segundo lugar, considerando el mediano plazo, hubo un drástico cambio de expectativas respecto a la política monetaria de los bancos centrales este año, particularmente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Antes de que comenzaran los primeros indicios de una crisis en el sector bancario, el mercado consideraba posible, con una probabilidad de ocurrencia del 78% que el próximo incremento de tasa podría ser de 50pbs. A partir de lo ocurrido con los bancos y en base a la respuesta que ha dado la entidad ante la fragilidad del sistema desde entonces, el mercado descartó por completo esa posibilidad y ahora le asigna un 83,4% de ocurrencia a un aumento de 25pbs, en tanto que la probabilidad de dejar la tasa sin cambios se ubica en 13%.En este contexto Powell, el presidente de la Fed, y sus miembros deben decidir qué camino tomar frente a la fragilidad del sector bancario en lo que respecta a la política de tasas de interés. La entidad se enfrenta a dos alternativas: i) continuar adelante con el sendero de tasas planificado e intentar transmitir confianza, como lo hizo su par europeo el BCE, dando la señal de que no existe hoy un riesgo sistémico en el sector bancario, o ii) elevar las tasas, pero más lentamente, incrementándolas 25pbs, y deteniéndose antes de tiempo para evitar generar más turbulencias. De esta manera, el nuevo trade- off de la Fed se presenta como riesgo de una inflación persistente vs. riesgo de un mayor cimbronazo en el sistema financiero.
Finalmente, y con la visión puesta en el largo plazo, la compra de Credit Suisse por parte de UBS Bank es una señal de consolidación y le devuelve parte de la estabilidad al mercado, mientras que podría argumentarse también que la concentración de esta cartera no contribuye a fomentar la competencia y eficiencia del sector en Europa.
Adicionalmente, el estrés puesto sobre los bancos estas dos semanas podría resultar en una contracción del crédito hacia adelante, e implicar incluso un incremento en el costo de los préstamos. Esto tendría su consecuente reducción en el consumo e impactaría en las perspectivas de crecimiento en el futuro. Respecto a este punto, la Fed publicará, como lo hacen cada trimestre, un conjunto de proyecciones económicas para los años venideros. Estas incluyen desde PBI hasta inflación, desempleo y también proyección de tasas de interés, ¿veremos cambios en los valores esperados a partir de los sucesos de las últimas semanas?
*Analista de PPI