Inversión

Santa Fe suma su segundo viñedo

El pueblo de Serodino, al suroeste de la provincia, es testigo del emprendimiento de Pablo Drovetta. “Fue todo mano de obra familiar, y la idea es evolucionar hacia una explotación turística”, destacó el productor.

El rubro vitivinícola es una de las pocas ganadoras a pesar de la pandemia en el país: con 900 bodegas activas, la exportación de la bebida nacional acumuló en los primeros nueve meses un crecimiento interanual del 40,57%, mientras que de enero a agosto, el mercado interno percibió una suba de 8,2%.

En este escenario, Santa Fe contabiliza su segundo viñedo con el emprendimiento del técnico agrónomo Pablo Drovetta en la localidad de Serodino, al sudoeste de la provincia. 

“El primero estuvo hace dos años en Arteaga, pero no sé si el muchacho lo plantó”, señaló el joven productor de 33 años en diálogo con BAE Negocios. 

De familia de tradición agrícola, Drovetta repasó cómo decidió dar vuelta de página sobre el rubro heredado: “Fue una cuestión medio de impulso. Tuve un viaje a una bodeguita en Entre Ríos también medio chiquita, y la verdad es que me llamó la atención. Cuando empecé a averiguar y me dijeron que se podía en la zona, me embalé y le dí para adelante”, confesó el santafecino. 

Serodino conserva la lógica de pueblo chico con sus 3.675 habitantes, sin embargo esto no fue impedimento para empezar a proyectar ser parte de la ruta de los viñedos nacionales.

“La inversión más grande es la de riego, pero ya la tenía cubierta porque mi viejo contaba con los instrumentos de otro campo que tuvo que vender”, precisó el serodinense.

De acuerdo a las estimaciones del joven productor, el desembolso "no fue tan caro" ya que demandó una fracción de $40 por planta, y con un total 400, “tampoco fue una locura”. 

 

Al repasar los tiempos de la apuesta inicial, explicó: “Todo se dio en este año. En marzo me comuniqué con una ingeniera del vivero San Nicolás de Mendoza, y les hice el pago en junio. Por la pandemia me mandaron por colectivo las plantas, y ahí empezó”.

A pesar del escenario marcado con el arribo del Covid-19, el santafesino mantiene la calma a lo incierto:  “Trato de ser optimista. Además al ser parte de la producción agrícola, tenemos que serlo así que estamos bastante acostumbrados”, destacó. 

Drovetta, con sus plantaciones de Tempranillo y Tannat, busca ir más allá de los viñedos.

“La idea final es hacer un turismo tipo rural, con paseos a caballo, unas cabañas, pero falta mucho, está muy verde todo. La ingeniera me dijo que no me adelante. Imaginate que recién ahora me enseñó el tema de la poda”, admitió el emprendedor.

 

El terruño como canal de comercialización

Siempre con el “paso a paso” como eje, el serodinense aún no dimensionó la magnitud del alcance de sus productos.

“La chica que me asesora habla de un litro por plata, lo que sería 400, pero hay que ver como sale, como es todo tan novedoso, no me puse a pensar en este aspecto”, confesó.

Drovetta explicó el porque de buscar difundir sus vinos entre sus vecinos: “Ahora que largamos el proyecto tuve un empuje bárbaro del pueblo, en donde voy me paran, me hablan, están todos como locos. Es el vino del pueblo, e incluso me dicen “che, a ver cuando me llevas a ver los viñedos”"

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