Sobre llovido, mojado

La irrupción del coronavirus, amén de las desgraciadas consecuencias sobre la salud de los infectados, ha comenzado a causar estragos económicos cuyo alcance aún resulta difícil de prever, tanto a nivel global como doméstico.

La pandemia ya ha alcanzado nuestro territorio, y no sólo en términos de las víctimas de contagios.

Ante las urgencias, cada vez más acuciantes, del entramado productivo nacional, a la ya extensa lista de dificultades económicas con las que el gobierno debe lidiar, se suma este verdadero "cisne negro", cuyas consecuencias serán tan severas como las incertidumbres sobre el devenir lo permitan.

Sin prórroga

Hemos desarrollado, extensa y profundamente, el derrotero que nos llevó a la Supercrisis1 y las características que ella reviste. También hemos señalado que, de por sí solo, el cambio de signo político en la administración del Estado, en nada despejaba las dificultades, ni en el plano de la macroeconomía ni en el de cada empresa en particular.

La dramática situación que experimentan compañías de gran tamaño ejemplifica una amenaza sobre la que hemos advertido desde largo tiempo atrás: la de la interrupción del normal abastecimiento de los bienes y servicios.

De allí lo perentorio, en un año en que hay serias amenazas de interrupciones en los flujos internacionales de mercancías que complicarán el funcionamiento de numerosos complejos productivos, de presentar un esquema sostenible de resolución de los desequilibrios macroeconómicos (déficit fiscal y de sector externo), dos nudos que deben ser desatados, para poder crecer y pagar.

El resultado externo

El actual estadío positivo de la balanza comercial está asentado en la minimización de las importaciones derivada del derrumbe de la actividad, pero es insuficiente para compensar el resultado negativo del resto de los componentes de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos (servicios, turismos, dividendos, intereses, etcétera).

Por ello, sólo se registra superávit si se analizan las cifras desde la base Caja (como lo hace el BCRA en función de los flujos entrantes y salientes de moneda extranjera), no así si se observa desde el criterio del devengado, es decir contabilizando también las cuentas, reales o potenciales, sin saldar.

El déficit de divisas se manifiesta palmariamente en la vigencia de la multiplicidad de medidas que restringen su adquisición o remisión (impuesto PAIS, límite de compras, condicionalidades para giros y transferencias al exterior), que serían innecesarias en situación de equilibrio o superávit externo.

Las arcas públicas

Por otra parte, los raquíticos resultados de la recaudación tributaria del primer bimestre del año, amén de ilustrar sobre la continuidad del proceso recesivo, alejan las perspectivas de equilibrio en las cuentas fiscales, poniendo límites a la posibilidad de incrementar, e incluso de mantener, en términos reales, el gasto público.

Las proyecciones de la actual situación sobre el resultado primario, aun tomando en cuenta la virtual paralización del segmento de Obras Públicas, entre otras fuentes de erogaciones necesarias que fueron suspendidas, estarían inclusive elevando ese déficit respecto del PIB en los próximos meses2, a lo que deben sumarse las exigencias que imponen los compromisos de la deuda soberana.

Si a su vez consideramos el resultado de las jurisdicciones subnacionales, y el persistente déficit cuasifiscal del BCRA, el Déficit Fiscal Total sigue superando el 10% del PIB.

No es posible equilibrar las cuentas públicas sin aumentar la recaudación, pero ésta no puede crecer sin mayores niveles de actividad económica, ya que luego del experimento de Cambiemos, el entramado productivo local, en su inmensa mayoría, está exhausto e incapacitado de asumir mayor presión tributaria.

Nuestro hilo de Ariadna

Como si lo antedicho fuera insuficiente, también vale señalar que las políticas del Banco Central de la República Argentina son una fuente de incógnitas, en tanto no queda clara la estrategia de convergencia entre los objetivos inflacionarios y las tasas de interés de referencia, ya que, pese al notorio recorte de nivel de éstas últimas, siguen siendo excesivas frente a la política de target de precios al consumidor.

Estos tres interrogantes complejizan la situación de las empresas y, al no precisarse sus perspectivas de resolución, no es posible descartar complicaciones en la oferta agregada, que deberá ajustarse a una debilitada demanda agregada, corrección en la que seguramente las empresas "más comprometidas" no podrán mantenerse en el mercado.

La búsqueda de soluciones en el conjunto de las problemáticas y necesidades señaladas, nos orienta en un único sendero posible para la elaboración de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable: la determinación de los sectores susceptibles de realizar "un aporte dinerario, de volumen suficiente para diseñar un plan de pago aceptable para nuestros acreedores, sin comprometer a las empresas (), ni la viabilidad social de las políticas a implementar."3

Sólo el aprovechamiento de las rentas extraordinarias de nuestra economía4 podría resultar el equivalente al hilo de Ariadna de la mitología, que permitió a Teseo salir del laberinto después de matar al Minotauro: "si la Pampa Húmeda aportara la redundancia de su renta (alrededor del 50% del margen bruto) por un período de tiempo, más la contribución de otros sectores que con suficiencia pueden hacerlo (como ganadería, minería, pesca y otras exportaciones agroindustriales, por ej.), resultaría posible resolver la problemática del endeudamiento sin afectar al conjunto del entramado productivo."5

A riesgo de ser reiterativos, dicha renta redundante y/o extraordinaria, no es otra que el desmedido quantum que los productores pagan por el alquiler de la tierra a los propietarios, que llega a alcanzar un tercio de la producción lograda. Naturalmente, deben computarse como parte de las erogaciones que los primeros, a imagen y semejanza de los siervos de la gleba en el sistema feudal, deben realizar para la generación de sus bienes.

Es evidente lo simple de esta resolución técnica, así como que, para su implementación, debe adquirir suficiente fortaleza política.

Es hora de transformar, no de conformarnos, y de que el capitalismo moderno por fin ingrese en la Pampa Húmeda.

1-Caracterizamos como Supercrisis a la situación generada por el anterior gobierno a partir de la convergencia de los desequilibrios macroeconómicos que, en términos fiscales provocaron el colapso del gobierno de Alfonsín, y en el sector externo, el de De la Rúa.
2-Las transferencias realizadas desde el BCRA y el FGS de la ANSES al Tesoro Nacional bajo el concepto “Rentas de la propiedad”, no deberían considerarse como ingresos corrientes, ya que, en rigor, se trata de una descapitalización de los primeros.
3-“¿Quién debe pagar la deuda?”. BAE Negocios, 10/2/20.
4-Tanto es así que un reconocido analista del sector agropecuario, por ejemplo, ha formulado una propuesta para que la carga de la deuda pública (o parte de ella) sea resuelta mediante los derechos de exportaciones (en el orden de los U$S 5.000 millones anuales), que deberían ser compensados con bonos de Tesoro Nacional con vencimiento en el largo plazo.
5-“¿Quién debe pagar la deuda?”. BAE Negocios, 10/2/20.

*MM y Asociados

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