Una medida que pega de lleno en las pymes
Había que esterilizar los pesos que se liberaron con las Lebacs sea como fuera. Esa fue la misión que tenía ‘Toto’ Caputo, quien confiaba en que los bancos irían por motus propio a alguna de las opciones del menú de inversiones oficial y terminando forzándolos a que dejen cerca de 60.000 millones de pesos inmovilizados en el Banco Central. Si dudas la suba de encajes debería contribuir a contener la inflación, pero no sólo por el hecho de retirar los pesos de circulación sino más bien por el efecto recesivo que esto genera, con un aumento en el costo de los créditos a privados.
“Nada le va a cambiar a una pyme si el BCRA tiene la tasa en 45, en 43 o en 40%. Lo más importante es garantizarle estabilidad, sino no le van a prestar”, decía Caputo a comienzos de esta semana para tratar de explicar que la suba en la tasa de la Leliq no impactaría en el costo del financiamiento a las pymes. “No cambia ese punto más o menos. Sí va a cambiar si nosotros no hacemos las cosas bien, porque entonces ahí los bancos se retraen”, agregaba.
De la mano del call interbancario, y con menos exceso de liquidez en los bancos, la tasa de los adelantos en cuenta corriente promete subir en el corto plazo. Quizá no sea por el alza en la tasa de Leliq, que pasó del 40% al 45% anual, pero con certeza lo hará por el aumento en los encajes. Ese impacto quedó evidenciado en los primeros días de junio, cuando Caputo inició el torniquete monetario con medidas similares y el costo de esos préstamos se disparó inmediatamente del 40% anual a casi el 60%. Es una de las principales líneas que usan las pymes para financiar su caja diaria y un aumento en este costo sin dudas tiene un efecto recesivo. Hoy esta tasa se ubica en promedio el 49,3% anual. La historia, o mejor dicho la estadística de los próximos días, dirá si Caputo y su equipo hicieron las cosas bien o no.