Universidades y Gobierno: un nuevo capítulo en la disputa por el presupuesto
El 23 de abril, y bajo el lema "en defensa de la educación pública", se realizó una marcha multitudinaria y federal que significó el punto más alto de la protesta de las universidades nacionales contra el gobierno encabezado por Javier Milei. Los reclamos habían comenzado meses antes e incluían la actualización del presupuesto universitario a un nivel que permitiera su normal funcionamiento y la revisión de medidas de ajuste que repercutían negativamente en áreas como tecnología y educación, así como también la mejora salarial para el personal docente y no docente.
Más allá de los números exactos de asistencia, la Marcha Universitaria Federal fue innegablemente convocante y, también, transversal: la comunidad educativa, el sindicalismo, distintos partidos políticos opositores, movimientos sociales y buena parte de la sociedad civil se unieron detrás de la consigna, logrando (en la mayoría de los casos) poner el reclamo por delante de su propio protagonismo.
La reacción inmediata por parte de los integrantes del Gobierno fue restarle importancia mediante maniobras bastante elementales: desde imágenes y citas que buscaban darle a la marcha un tinte partidario (y que en muchos casos resultaron ser fakes), pasando por la manipulación del sentido de la movilización (insistiendo en que quienes marcharon estaban en contra de las auditorías en las universidades) hasta las respuestas agresivas, como el recordado posteo del Presidente en Instagram con la imagen de un león tomando "lágrimas de zurdos" o el de la vicepresidenta en X aludiendo a la fallecida Hebe de Bonafini.
La consecuencia, también inmediata, fue el registro de un declive de la imagen positiva de Milei y un consecuente incremento de su imagen negativa, en el que el desfinanciamiento de la educación aparecía como un argumento cada vez más relevante.
Sin embargo, el segundo cuatrimestre trae consigo un nuevo conflicto: inició o, más apropiadamente, no inicio de clases debido a un paro docente y no docente de 72 horas a partir del 12 de agosto, que se complementa con una medida similar de 48 horas a partir del 20.
Además, desde Feduba indicaron que la reedición de la Marcha Federal Universitaria en la segunda semana de septiembre es una posibilidad cierta. ¿Acaso las negociaciones surgidas luego de la manifestación de abril no culminaron con una solución definitiva para el problema presupuestario de las universidades? Durante una reunión celebrada el 9 de agosto en el marco de la negociación paritaria entre los gremios universitarios (docentes y no docentes) y el Gobierno se ofrecieron aumentos salariales del 3% para agosto y del 2% para septiembre.
Por otra parte, desde el Poder Ejecutivo confirmaron que el presupuesto para gastos de funcionamiento ya había sido previamente garantizado, por lo que el desarrollo del segundo cuatrimestre no corría riesgos. Esta oferta fue rechazada por los gremios, cuyos datos (y, vale resaltar, también los publicados por el la administración nacional) demuestran que estos incrementos salariales, teniendo en cuenta el retraso previo, no alcanzan para empatar la inflación acumulada desde diciembre. Además, denuncian que el presupuesto para gastos de funcionamiento se recibe a un ritmo muy lento.
Por su parte, en el frente legislativo parecen soplar vientos más favorables para las universidades nacionales: la Cámara de Diputados otorgó el 15 de este mes media sanción a un proyecto que tiene como objetivo garantizar el presupuesto universitario y que contempla ajustes bimestrales por inflación tanto para los gastos de funcionamiento como para los salarios, además de un mecanismo específico para recomponer la pérdida registrada en los últimos diez meses. No obstante, resta el paso del proyecto por el Senado e, incluso en caso de que sea favorable, el vocero presidencial ya anunció que se evaluará el veto de toda sanción que perjudique el equilibrio fiscal, un "triunfo" del que el Ejecutivo se vanagloria contra toda evidencia.
Frente a este escenario resulta difícil vislumbrar un segundo cuatrimestre sencillo para la comunidad universitaria. Será necesaria la colaboración, una vez más, de la sociedad en su conjunto, más allá de quienes participan activa y cotidianamente en la vida universitaria, para resistir y conseguir una solución de largo plazo que garantice el correcto funcionamiento de las universidades nacionales y el trabajo para los docentes y los no docentes. Será importante también que, luego, la comunidad universitaria haga el ejercicio de retribuir el apoyo a los movimientos que se plegaron a sus reclamos, algo que no siempre sucede, o al menos no masivamente.
En tiempos en los que la inflación y la recesión dejan pocos sectores sin golpear, la unión de diversos grupos detrás de la consigna educativa es un signo esperanzador, pero también sería saludable que el tan numeroso movimiento universitario en su conjunto (y no solamente los espacios ligados a la militancia) demuestre reciprocidad con consignas tan loables y necesarias como la propia.