VLRC! (¡Viva la realpolitik, carajo!)
Stalin, Laval y las lecciones acerca de que el análisis político y la toma de decisiones deben basarse más en los factores dados y en la realidad empírica que en narrativas ideológicas o en premisas éticas y morales
Corre el año 1935 y el mundo empieza a mascar el segundo conflicto bélico a escala mundial que se tragara en 1939. Iósif Stalin, el segundo hombre más poderoso de Europa (en un podio que comparte con Adolfo Hitler y Winston Churchill), anuncia un pacto franco-soviético de no agresión que firma Pierre Laval (ministro de Asuntos Exteriores francés que será fusilado por traición a la patria al final de la guerra). Laval, que dicen que era tan amigo del fascismo como de la buena mesa y el mejor vino, convence a Stalin de la necesidad de acordar un pacto entre naciones porque Alemania se estaba rearmando y había restablecido el servicio militar obligatorio.
La historia afirma que, durante una reunión regada de vodka y caviar con el que el canciller ruso Molotov y el propio Stalin solían recibirlo, Laval fue interpelado sobre las divisiones militares con las que contaba el ejército francés y su eficacia en combate. Laval, en una estrategia defensiva, le contestó vagamente al líder sovietico y, en su intento de cambiar el eje de la conversación, le pidió a Stalin que rebaje la presión que se estaba ejerciendo sobre los católicos rusos.
El canciller francés agregó que esta medida ayudaría a mejorar las relaciones de su gobierno con la Santa Sede. Según se dice, Stalin le preguntó irónicamente a Laval cuántas divisiones tenía el Papa.
La lección de realpolitik que le da Stalin a Laval debería estar en todo los manuales de ciencia política del mundo. Básicamente, alecciona acerca de que el análisis político y la toma de decisiones deben basarse más en los factores dados y en la realidad empírica que en narrativas ideológicas o en premisas éticas y morales. O dicho más fácil: la teoría (económica, política, social, etcétera) debería adaptarse a la realidad y no la realidad a la teoría.
Sin embargo, esta advertencia parece no ser contemplada por los políticos argentinos, sin importar las ideas o el partido que representen. Un buen ejemplo parece ser la baja de la inflación, la cual se ha convertido en una especie de búsqueda del Santo Grial para gran parte de los miembros del Gobierno y de aquellos que integran la Libertad Avanza.
Se dirá, acaso con razón, que los datos de la realidad corroboran que la ruta es la correcta y que el ministro de Economía, Luis Caputo, quizás, como ningún otro funcionario, "la ve". Después de todo, muchas consultoras sostienen que la inflación de marzo mostró una desaceleración y hasta que podría llegar a un dígito en marzo. Ayer, la consultora de Orlando Ferreres (OJF) estimó que el costo de vida fue de 12,2% en marzo y registró un crecimiento interanual de 288,3%.
Por su parte, desde el Palacio de Hacienda señalan que la inflación núcleo (que miran los economistas matemáticos) avanzó a un ritmo mensual de 9,2%, registrando un aumento de 299,2% anual. De este modo, la inflación general acumulada fue de 51,6% y la inflación núcleo acumuló 47% en marzo.
En OJF son optimistas y dicen que tanto educación como vivienda (principales rubros del IPC) encabezaron las subas del mes, evidenciando alzas mensuales de 37,5% y 20,6% respectivamente. Le siguieron indumentaria y salud, que presentaron una variación de 16,8% y 15,1%. Con este marco de fondo, esos dos rubros bajarán aún más en abril debido a su estacionalidad.
En cuanto a los bienes y servicios estacionales, la variación registrada fue de 13,8% mensual, mientras que los regulados subieron un 20,7% mensual. Para Ferreres y otras consultoras, como es el caso de Eco Go, que dirige Marina Dal Poggetto, la inflación se ubicaría en un 13,1%, una décima por debajo del resultado de febrero. Eco Go midió para marzo una inflación de alimentos de 11,2%, una inflación del rubro vivienda del 20,3%, afectada por las tarifas y del rubro educación del 32,1%. En tanto, para la Fundación Libertad y Progreso, el IPC arrojó un aumento de 10,6% en marzo, desacelerándose 2,6 puntos porcentuales con respecto a la medición oficial de febrero (13,2%). En rigor, el consenso de las consultoras es que la inflación de marzo se ubicaría entre un 10,5% y un 13%.
No estaría mal conjeturar que estos datos muestran que la realpolitik que persigue la actual administración nacional es más real que nunca: la inflación, el mayor de los problemas para el Gobierno, está bajando. Acaso importe menos que el poder de compra de los salarios haya caído 20% en un bimestre debido a la aceleración de los precios, que se perdieron más de 150.000 empleos durante el mismo período o que encuestadores ya señalan que para casi el 50% de los votantes de Milei "el Gobierno se pasó con el ajuste". Aunque no estaría de más ser prudente y pensar todo al revés. Simplemente porque la Santa Sede sigue en pie y las estatuas de Stalin ya fueron derribadas hace rato.