¿Más aumentos?

Alerta en el frente fiscal: los subsidios crecen 90% y desbordan la pauta presupuestaria

Los subsidios tuvieron en el primer bimestre un incremento real que complica el cumplimiento de la meta de superávit.

Los subsidios que el Estado nacional otorga a sectores económicos y empresas públicas vuelven a ubicarse en el centro de la atención por su incidencia en el gasto público y, por ende, en el resultado fiscal, con un incremento que no solo es inédito en la Presidencia de Javier Milei sino que amenaza con complicar el cumplimiento de un superávit primario del 2,2% del PBI comprometido con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En el primer bimestre, la partida de subsidios ascendió a $1.189.713 millones, con un incremento interanual del 151,1% en términos nominales que, al ser superior a la inflación acumulada, representó un aumento a valores constantes del 89,8% respecto de enero-febrero de 2025.

Recorrido inverso al Presupuesto

En la elaboración del Presupuesto, el Ministerio de Economía había proyectado para 2026 una reducción real del gasto en subsidios del 9,9%, de lo que se desprende que el resultado de los primeros dos meses del año presenta una brecha de casi cien puntos porcentuales respecto de la previsión original.

Las posibilidades de alcanzar esa meta no son remotas, aunque para lograrlo, el Palacio de Hacienda deberá enfrentar otro problema: una drástica reducción de los subsidios aliviaría el frente fiscal, pero con la contrapartida de un aumento en las tarifas de servicios públicos que conspiraría con el propósito de desinflación más allá del primer tramo del año.

Milei y los subsidios

Desde sus inicios, la actual gestión libertaria tuvo en la reducción de los subsidios uno de los ejes del plan para desterrar el déficit financiero crónico, además de procurar una equiparación entre las tarifas de los servicios públicos y los costos de explotación, a los efectos de mejorar las inversiones en esos sectores.

El detalle de los subsidios en el primer bimestre

Después de dos décadas en las que -con algunas excepciones entre 2014 y 2018- los subsidios tuvieron un aumento exponencial, al punto de llegar a ser en algunos años superiores a todo el déficit primario, a partir de 2024 se encaró una drástica reducción, reflejada a su vez  con aumentos en las tarifas de energía eléctrica, gas natural, agua corriente y transporte de pasajeros.

El resultado en los dos primeros años de la Presidencia de Milei la reducción de la factura de subsidios fue del 62% en términos reales, aunque en parte esa baja en el gasto correspondió a una postergación en el pago de ciertos compromisos.

Subsidios energéticos

Tarde o temprano esos compromisos pendientes deben saldarse y esa realidad se reflejó en los datos del primer bimestre: según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), el grueso del incremento del 89,8% real se concentró en los subsidios a la Energía, que subieron un 191,4%, un recorrido inverso a la caída del 14,4% en Transporte.

Un análisis más detallado de cómo se integraron los subsidios energéticos deja en evidencia que de los $964.242 millones, el 57,7% ($556.372 millones) se destinó a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), que habitualmente distribuye las compensaciones a las generadoras de electricidad.

El 29,5% de los subsidios energéticos fueron para Enarsa, en proceso de privatización, receptora en el período de $284.757 millones, frente a un primer bimestre de 2025 en el que no se le derivaron transferencias en ese concepto.

Por dónde pasará el recorte

El desborde de los subsidios, en un contexto de una inflación que por lo menos duplicaría la pauta anual de 10,1%, abre una serie de interrogantes acerca de cuáles serían las áreas en las que se pondría la lupa de los recortes adicionales que serán necesarios para mantener el superávit fiscal.

En ese sentido, debe tenerse en cuenta que la mayor parte del gasto está indexado por la movilidad previsional y, en consecuencia, no podrá ser objeto de recortes, más allá de la decisión de mantener inalterable el bono de refuerzo en $70.000.

Por otra parte, la reciente decisión de suspender el aumento de los impuestos a los Combustibles en abril choca con el propósito de valerse de esos gravámenes para mejorar una recaudación que hace ocho meses viene en caída real, al punto que se prevé que en este caso aumente un 50,6% contra un 6,2% para el total.

Más allá de los recortes en organismos y en personal, en el marco de la denominada motosierra, y los ingresos extraordinarios por privatizaciones, los subsidios aparecen como una de las vetas más preciadas. Y dentro de ese objetivo, el desborde del primer bimestre no deja demasiado margen para los diez meses restantes.

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