Entrevista

Arturo Pérez Reverte, escritor: "No puedo ver el mundo con la ilusión de un inocente"

El escritor español Arturo Pérez Reverte regresó al personaje que más lo conoce: el capitán Alatriste. Y también se público una recopilación de sus crónicas de su época de periodista de guerra.

El escritor español Arturo Pérez Reverte le dio vida por octava vez al capitán Alatriste después de 14 años. Es una colección creada por el autor junto a su hija Carlota y continuada después por este en solitario a partir de la segunda entrega.

Nació del enojo del escritor al revisar un libro de texto de su hija, en el que el Siglo de Oro español apenas ocupaba una página. Ante este vacío académico, el autor decidió crear un personaje para acercar a los jóvenes a esa época. Las novelas editadas desde 1996  son protagonizadas por Diego Alatriste y Tenorio en el siglo XVII.

"Tenía presión de los lectores. Había algunos que hasta me insultaban. Que cómo había dejado a Alatriste abandonado, que les había prometido y no terminaba. Había una cierta hostilidad por parte de algunos lectores fanáticos. Hay gente que lo lleva tatuado en los brazos. Hay una verdadera secta Alatristesca. Porque se cumplía el 30 aniversario del primer libro de la serie y era una fecha redonda. Porque yo también sentía que me apetecía ver si era capaz de recuperarlo. Cuando dejas un personaje en una novela, te alejas de él, es posible que después no seas capaz de retomarlo. Era una especie de desafío personal, de volver otra vez a ese mundo", dice a BAE Negocios Pérez Reverte durante su visita a Buenos Aires.

-¿Cómo lo hizo?-Volví a leer, volví a mirar. Me releí toda la serie. Yo nunca vuelvo a leer los libros que he escrito. Y me sentí a gusto. Y decidí dedicar un año a vivir ese mundo otra vez. Quería que Los Mosqueteros y Alatriste se encontraran. Hubo un montón de factores, pero sobre todo fue que dije: 'me hago mayor, ya no sé cuántas novelas me quedan'. Pero cuando hablo de ser mayor no lo digo con drama. Lo digo con orgullo. He llegado vivo hasta aquí. Y en ese libro verás que no ha sido fácil.

-¿Cambió el personaje?-No cambió el personaje. Lo que pasa es que el personaje, como yo, se hizo mayor. Es un Alatriste más oscuro, con menos esperanzas, con menos ilusiones. Está más seguro de lo que está seguro, pero son muy pocas cosas. Yo pensaba que cuando uno es joven tiene incertidumbres y cuando uno es mayor tiene certezas. Y descubrí que es al revés. Cuanto mayor eres, menos certezas tienes, menos fe. Es raro encontrar una persona mayor que sea fanática. Ocurre, pero es raro. Porque justamente la vida te va quitando esas certidumbres. Entonces Alatriste se beneficia de eso. Participa de mi mirada. Es muy yo. Yo no soy Alatriste, pero la mirada que yo tengo es la que le presto a él. Entonces su mirada ha envejecido. Y se nota.

-¿Y cómo lo define?-Es un hombre que ha perdido. Le han quitado la fe en las grandes palabras: Dios, patria, honor, bandera, monarquía, religión. Todo eso ha ido al carajo. Y entonces se pregunta 'cómo tengo que seguir viviendo. Tengo que hacerme una ética'. ¿Cuáles son? El valor, la lealtad, la amistad, la dignidad. Se construye una ética personal. Él es profundamente fiel a su ética personal.

-¿Es su personaje más querido?-No sé si es el más querido, pero este quizás sea el que mejor comprendo. El que mejor conozco. Quizás también el que mejor me conoce a mí. Es como ese amigo con quien tomas una copa sin necesidad de hablar. Te pones en la barra, tomas una copa, y cada uno está en lo suyo, pero sabes que está al lado. Que hay una relación antigua. Los silencios nos unen. También la dignidad, la lealtad, esos valores. Él los practica, yo intento practicarlos. Yo no tengo que buscarme la vida matando y todo el día en combate. Pero me gusta pensar que sería capaz de hacerlo. Me gusta pensar que soy fiel a lo que Alatriste le es fiel. Es más, me gusta pensar que Alatriste le es fiel a eso porque yo lo soy. Porque en realidad la tragedia de él es la mía. Yo he sido despojado por la vida de un montón de cosas. Me educaron para un mundo ideal. Yo fui un niño afortunado. Fui a un buen colegio. Los guardias eran honrados. Los curas eran buenos y santos. Los políticos eran honestos. La gente era honorable. Pero la vida no era esa. Esa demolición de mi educación de niño o de adolescente me dejó también desnudo como él. Entonces he tenido que recuperar un montón de cosas que son esas que te he mencionado. Alatriste no existiría sin mí. Somos demasiado próximos. Nos conocemos demasiado bien.

-¿Se pueden leer de manera independiente?-No es que el lector tiene que leer los ocho. Como han pasado 30 años esto ha hecho que muchos lectores que no habían leído Alatriste se han puesto a leer los otros. Mucho lector joven me ha venido con el libro. De hecho, en colegios hacen lecturas, trabajos sobre él.

-¿Había algún tema especial que quería tocar en este libro?-No, yo quería confrontar Alatriste con Los Mosqueteros. Quería que se juntaran. Porque Los Mosqueteros para mí fue un libro desde niño muy importante. Llevarlo a mi héroe, que se enfrente con ellos y que se relacionen, me gustaba la idea.

-¿Por qué dice que es un héroe oscuro?-El héroe normal es políticamente correcto. Este no lo es. Está en el contexto de la época también. Mi desafío es decirle al lector: 'mira, este mundo no es aquel. Tú, si miras aquel mundo con estos ojos, con ojos de hora, te horrorizas. Ven conmigo y muévete por ese mundo como si fueras de ahí'. Ese es mi desafío. Esta novela pretende eso. Que el lector vea el mundo de Alatriste con la mirada de entonces, no la de ahora.

-Cubrió muchas guerras como periodista, ¿eso que le da a Alatriste?-Mi mirada. Veo el mundo como la vida me enseñó a mirar. Yo no puedo ver el mundo con la ilusión de un inocente, yo no puedo verlo con la bondad de un inocente. Esa mirada que me dejó la vida, ese creer poco en el ser humano, yo creo que es un hijo de puta, y que solo a veces no lo es, esa mi definición. Alatriste se nutre de eso, por eso tiene algo que le gusta a la gente. Alatriste no es una ficción literaria. No es que yo me voy a hacer un pirata o una espadachín, aunque hay cosas que están muy construidas, lo que notas es que es imaginación. En Alatriste el lector se da cuenta que es verdad lo que piensa, lo que mira, viene de la realidad, viene de mi realidad. Ese contagio de mi propia mirada es lo que hace que el lector vea a Alatriste como auténtico. Esa es la fuerza de Alatriste, se beneficia de mi experiencia personal.

-¿Y qué va a encontrar el lector en este libro?-Aventuras, estocadas, lances, amistad, amores. Va a encontrar un libro en el cual ocurren cosas.

-Se recopilaron sus crónicas de cuando fue corresponsal de guerra-El libro está dividido. Hay una primera etapa, mis años de aprendizaje, mis años de trabajo en el diario, mis años de madurez y después los artículos que hago semanales. 

-¿Cómo ve a los cronistas de guerra actuales?-Es que el mundo ha cambiado. No se pueden cubrir las guerras igual. Antes las cubríamos una docena, una veintena, de todo el mundo y nos conocíamos todos. Era la tribu. En los mismos sitios, en los mismos hoteles, estaban los amigos, nos mataban uno, nos llegaba otro. Pero ese tipo de trabajo ya no existe. Las guerras ya no se cubren así. Ahora las cubren con las cámaras, con el teléfono móvil. El reportero que cubre la guerra ya es cada vez más raro. No lo dejan mover. También hay una cosa los bandos han aprendido que la prensa puede ser perjudicial para ellos. Entonces ya no te permiten trabajar con ellos. No es como antes. Llegabas, te movías, ibas por un país, te movías, hablabas con la gente, te unías a un grupo de soldados. Ahora no se puede hacer eso. No te dejan. Entonces, bueno, pues se ha vuelto muy diferente. Ahora está todo muy técnico. Por ejemplo yo saqué una foto el 4 de diciembre del 77. Tardé dos meses en publicar esta foto. Lo que tardé en volver era la civilización. Ahora, esta foto, al día siguiente estaría. La habrían tomado con un teléfono móvil. Pero, o sea, mi trabajo de entonces ahora no sería inútil.

-¿Corrían mucho riesgo?-También ahora. Son los drones. Después es muy caro, una guerra es muy cara. Mandar a una persona y un equipo trabajando,  moviéndose con el satélite y tal. Es decir, un ejemplo, Ucrania. ¿Para qué voy a mandar un equipo al frente en Ucrania si un soldado con el casco está grabando a los rusos que mata?  

-¿Extraña ese trabajo?-Yo era un profesional, yo no iba allí por aventura, yo iba por trabajo. Mi trabajo era contar lo que veía. Ahora, no podría estar tres meses en la selva, o estar sin comer, o con fiebre en un hotel y que corran encima las cucarachas ahí tirado con fiebre sin aspirina siquiera. Yo no podría hacer eso ahora. En la guerra del Golfo me di cuenta. En la primera guerra del Golfo en el año 90 me di cuenta de que estaba cambiando la tecnología, los satélites, los ejércitos no permitían que los periodistas fueran al frente. Estaba todo muy controlado. Y en los Balcanes me di cuenta también. Y dije, 'esto está cambiando, viene un mundo diferente, yo no voy a adaptarme a ese mundo porque yo soy de otra generación. Entonces, no quiero ser el viejo gruñón, me voy'. Me fui, me dediqué a escribir novelas. 

-¿Y el remordimiento? -También, claro. Yo tengo remordimientos. Tengo muchos. Yo he hecho cosas de las que no estoy orgulloso como periodista. Para conseguir transmitir he hecho muchas cosas. En Sarajevo íbamos a velocidad porque te disparaban a toda hostia. Poníamos la música muy alta para no oír los tiros. Había una familia diciendo que paremos para ayudarnos. No nos detuvimos. Entonces esas cosas que te quedan en la cabeza.

-¿Y cómo manejaban eso?-Unos iban con una mujer, otros se emborrachaban, yo leía. Los libros, a mi me ayudaban. Yo llegaba al hotel y me ponía a leer. Los libros me ayudan a comprender. Yo todo lo había visto. El amor, la muerte, el dolor, el sufrimiento, todo lo había leído. Quizás ese momento no me volvió loco, ni me traumatizó, ni me perturbó, por los libros. Todavía sigo viajando con libros. Mi gabinete psicológico es mi biblioteca. Los libros fueron útiles en la guerra, por la guerra. Y ahora en la vejez, por la vejez. 

-¿Como ve a la Europa actual?-Está muerta. Europa ha sido durante muchísimo tiempo un referente internacional, político, social, ético, cultural. La Ilustración, es decir, todas las ideas de libertad, todas las ideas de democracia, todas vienen de Europa. El mundo es mejor en cuanto a derechos humanos porque Europa lo predicó. Durante un tiempo pareció que eso era una victoria moral, que eso era una verdad irrebatible. La libertad, la democracia, la cultura, todas vinieron de Europa. Pero ahora, por razones históricas, complejas, el mundo está en guerra contra la Ilustración. Está en guerra contra Europa. Todo aquello que Europa representa intelectualmente. También los nuevos amos del mundo, la tecnología, también, por la democracia, la libertad, les impide ejercer el poder absoluto. Tropiezan con lo que la vieja Europa estableció como ideología en el mundo. Entonces está todo el mundo queriendo demoler, demoliendo lo que hubo. Y Europa está, es decir, bastante vieja, cobarde, fragmentada, cómoda, agotada para defenderse.

-¿Cómo encontró Buenos Aires?-Ese Buenos Aires culto, honorable, elegante en el sentido intelectual y físico, existe todavía. A pesar de la crisis. A pesar de todo. Todavía, si uno rasca, se reencuentra todavía esas maneras de dignidad y de cultura tan argentinas. Y eso me hace sentir muy bien.

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