Estado de situación entre la UE y el Mercosur

Derecho económico

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Especial para BAE Negocios

La semana pasada señalamos la repetición de situaciones históricas que, en mayor o menor medida, ayudan a adelantarse a algunas decisiones o, al menos, a comprender el mecanismo de toma de decisiones que utilizan los responsables del poder público internacional en distintas oportunidades.

Lamentablemente, la escueta propuesta de mejora de la recepción de carne vacuna en las negociaciones entre la UE y el Mercosur en Bruselas, se pueden titular como la obra del Gabo: crónica (de una muerte) anunciada.

En otro relectura, podríamos señalar que la CEE, la fundacional, aquella de seis miembros, tuvo un origen directamente atado a la necesidad de Francia y Alemania de encontrar caminos para salir de la guerra y reponerse en la paz. Fue el sector del hierro y el carbón la industria estratégico elegida. Producción para la industria de la reconstrucción y limitación de la producción armamentista . Italia, Luxemburgo, Bélgica y Holanda completaron el sexteto fundacional. Brasil y Argentina, sin guerras pendientes, sólo integraron con alguna lógica el sector energético.

Tras el tira y afloje está la situación de Brasil, Bolivia y Venezuela

Ahora, permítanme un postulado imaginario. Si el procedimiento de incorporación de Bolivia estuviera terminado, el Mercosur de seis negociaría con Venezuela suspendida, y la UE con el Reino Unido en similar condición.

Lo del Reino Unido es una cuestión política no económica. El Brexit no es un gran negocio para los británicos, es un proyecto político nacionalista.

Y los cupos de carne proveniente del Mercosur, teniendo a la vista el acuerdo entre UE y Canadá, tampoco son una cuestión de la agenda del comercio interzonas; son un condicionamiento político puesto en la mesa por Francia, Holanda y Polonia.

Las delegaciones técnicas europeas y del Mercosur se entretienen en el tire y afloje sobre los límites y volúmenes del intercambio del comercio material. Claro, nada tienen ni quieren tratar sobre los inmensos paquetes digitales de datos ni sobre las cuestiones de propiedad intelectual o industrial o sobre la "Internet de las cosas" ni los domicilios de su imposición.

El diálogo de las esferas gubernamentales europeas está siguiendo otras variables: la situación judicial de Lula, la habilitación de la nueva candidatura de Evo Morales y la caricatura de Maduro. No les tembló el pulso a la hora de suspender al Reino Unido; la delegación británica no vota más en la UE. Siguen teniendo en el freezer a Turquía, ¿por qué serían más tolerantes con extraños que con los propios?

Venezuela es tema de conversación permanente. Ningún funcionario de la UE se atreve ni piensa que la solución a la herencia de Chavez es el golpismo que alienta la administración Trump. Pero es un infantilismo creer que en cada razonamiento, en cada lomo o bife de chorizo, sólo se ven cupos o empleos. En los dispositivos de gobernanza mundial que reclamaron Juan XXIII y Benedicto XV, la previsibilidad vale oro. Por eso no vota el Reino Unido. Por eso no se integra Turquía. Los británicos no pierden su condición por irse de la UE. Se los castiga por su falta de previsibilidad. Creo que la propuesta insignificante de menos de 100.000 toneladas de carne bovina para nuestra región es un placebo. Brasil y Venezuela son el problema real.

Como lo de Clinton, pero al revés. Es la política, estúpidos.

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