La pelea en la calle por un nuevo sentido común

Escenario político

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No debió haber sido una sorpresa la convocatoria que descerrajó el camionero Hugo Moyano para el 22 de febrero, ni la distancia de un tercio de la conducción de la CGT de esa movilización. Aún así, el Gobierno no quiere tomar riesgos de dejar "la calle" en manos de la oposición y desde las redes sociales comenzó el movimiento #17FYoVoy para buscar que los simpatizantes de Cambiemos se marchen en defensa del modelo de Mauricio Macri. Los convocantes, pragmáticos al fin, en pleno período estival llaman a reunirse en todas las "plazas y playas" del país.

La temporada de pulseadas en el espacio público arrancó este año más temprano. En 2017, recién a fines de febrero, se cristalizó la convocatoria de la CGT a una movilización que se concretó el 7 de marzo, aquella del revoleo del atril porque el triunvirato no llamó a un paro contra los despidos y por la recomposición salarial.

Ese marzo tuvo otras dos marchas fuertes el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cuando se denunciaron recortes presupuestarios para las políticas contra la violencia de género, y el aniversario del golpe de Estado, el 24 de marzo. La respuesta del oficialismo llegó el 1° de abril, un sábado al atardecer en las plazas para respaldar a Cambiemos.

Esta vez, los impulsores del apoyo al gobierno de Macri arrancan antes que las protestas, en la búsqueda de anticiparse a los discursos de la oposición. Instalan primero el "sentido común" en la polisemia de la frase: lo que "la gente" desea y una vuelta al "equipo" que tira para el mismo lado, al "vamos juntos".

Pragmáticos, el llamado del 17-F es a juntarse en todas las “plazas y playas” del país

La épica que resultó victoriosa electoralemente dos veces, volcada a la opinión pública, entendida como la capacidad de participar en la conversación, en ese mercado donde los ciudadanos eligen mensajes e ideas políticas, como decía el gran Manuel Mora y Araujo.

El Gobierno -aunque no reconzca su auspicio- sale a la calle para influir en ese intercambio y en la búsqueda de desalentar a los dubitativos. El cuadro político tiene algunos matices diferentes al de hace un año y eso le da al macrismo las ventajas que la economía le quitaría. Sin elecciones a la vista, los partidos políticos están asombrosamente medidos a pesar de la disparada de la inflación, la retracción del consumo y los escándalos ministeriales. Y la CGT, que en marzo del año pasado marchó unida, es hoy un muestrario de las pujas internas entre quienes se lanzan decididamente a la confrontación y quienes creen que "el mejor camino es el diálogo" con un oficialismo que se siente cómodo poniendo presión sobre los sindicatos.

La semana que comienza va a dar la pauta de hasta dónde el Parlamento puede condicionar las políticas oficiales, cuando se trate el megadecreto que firmó Macri en enero. Si irán a paso firme o perdidos.

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