Cómo una mejor construcción puede aliviar la crisis energética argentina, según un especialista
El experto del Área de Pensamiento Estratégico de Camarco advierte que las recurrentes crisis energéticas por excesos de consumo en invierno o verano pueden solucionarse con criterios de eficiencia en la construcción de viviendas.
Los problemas de abastecimiento de electricidad eléctrica en verano o de gas natural en invierno por los que suele atravesar recurrentemente la Argentina podrían encontrar parte de la solución en la adopción de criterios de eficiencia energética en la construcción y remodelación de viviendas, donde se concentra casi la tercera parte del consumo total.
El especialista del Área de Pensamiento Estratégico (APE) de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Salvador Gil, señaló al respecto que el país aún no avanzó en ese aspecto como lo vienen haciendo en la Unión Europea o, dentro de la propia Argentina, los electrodomésticos, que por la implementación del etiquetado de eficiencia energética permitieron en los últimos años un ahorro considerable a los usuarios y al sistema en general.
En una entrevista con BAE Negocios, Gil -a su vez director de la carrera de Ingeniería en Energía en la Universidad Nacional de San Martín- trajo a colación al experiencia de ciudades de países europeos que, con condiciones climáticas equivalentes, muestran niveles de consumo energético por vivienda sustancialmente menores.
El aporte de la construcción
-En tiempos en los que la eficiencia energética está tan en boga, ¿cuál sería el aporte que podría dar la construcción en la Argentina?- Claramente, uno de los desafíos que tenemos actualmente en Argentina es cómo evitamos los picos de consumo. Tenemos una red de gas que puede abastecer perfectamente el consumo local y hasta llegar a exportar, pero hay un problema muy serio en el abastecimiento a la población, porque el sector residencial tiene unos picos de consumo que son extremadamente elevados. El consumo de gas en el sector residencial crece en los meses de invierno un factor 5 respecto de su valor en verano. Eso hace que para poder abastecer esa demanda creciente, tengamos que desabastecer a otros sectores, por ejemplo, a la industria y a la generación eléctrica, y como eso no alcanza, debamos importar.
- No es sólo un problema de oferta, sino también de demanda.- Exacto, pero tampoco podemos hacer una infraestructura enorme por tres meses de demanda, no es costo efectivo. Sería como comprar más autos porque un día viene más gente a tu casa, no lo vas a amortizar nunca. Es preferible alquilar autos y se resuelve el problema del día, que es lo que terminamos haciendo. Pero eso también tiene un costo, ya que somos dependientes del gas importado que nos llega justamente en invierno y, debido a las crecientes incertezas que hay en el abastecimiento por las guerras y por los precios, esto se nos vuelve muy caro y muy incierto.Para resolver este problema, ahí aparece la eficiencia energética, porque la razón por la que tenemos esta demanda tan grande en un periodo tan corto como el invierno es porque tenemos una mala construcción que no es lo suficientemente eficiente. Si se comparan dos viviendas de las mismas condiciones térmicas, el consumo en Europa es la mitad que en la Argentina.
-¿Y eso a qué se debe?- Muy sencillo: mejor construcción, mejores ventanas (Doble Vidridado Hermético, DVH), aislación térmica más adecuada y un mejor diseño. Son herramientas totalmente conocidas, sabemos cómo hacerlo. Lo primero que tenemos que hacer es bajar el consumo y eso lo podemos hacer por dos vías: mejorando la característica de la construcción y usando artefactos más modernos y adecuados. Por ejemplo, la calefacción a gas ya ha quedado bastante obsoleta, hoy podemos usar bombas de calor, por ejemplo, frío/calor, con las que se demanda aproximadamente cuatro o cinco veces menos energía que con gas. Eso no significa que sea más barato en la misma proporción, pero la energía es mucho menos costosa. Y en lugares como el AMBA, donde la electricidad cuesta cuatro veces más que el gas por la misma unidad de energía, al ser las nuevas tecnologías de calefacción tanto más eficientes, lo hacen todavía más barato.En ese punto, la eficiencia nos da una ventaja, permite que el usuario tenga una tarifa menor, un mejor servicio y que el país no se vea en situación de estresar su matriz energética y generar costos a la industria por dejar de producir al no tener gas. Eventualmente, si vamos a exportar, también nos evita que tengamos que cortarle el abastecimiento a nuestros clientes.
-Todo esto implica medidas de construcción y de planeamiento urbano que en la Argentina están en manos de los municipios y de las provincias. ¿Hay algún avance en ese sentido?- En estos momentos, así como cuando se compra un artefacto eléctrico o de gas se observa una etiqueta para ver el consumo, también tenemos una etiqueta de eficiencia energética para las viviendas. Ese sería el primer paso, y de hecho, algunas ciudades como Rosario ya la han adoptado. Pero la etiqueta es de carácter nacional, ha sido desarrollada en IRAM con el auspicio de la Secretaría de Energía y está vigente hace por lo menos 7 u 8 años.
-¿Por qué esta etiqueta de eficiencia energética para viviendas no tiene la difusión que sí tiene para electrodomésticos?- Se requiere que tanto las provincias como los municipios las adopten y luego tengan un sistema de monitoreo; es una decisión política de las provincias. Esto lo que hace es que a la hora de ir a comprar o alquilar una vivienda, como ocurre ya en Europa y en Estados Unidos, se tenga una idea clara de cuál puede ser el potencial consumo de energía. Al entrar ese elemento en la ecuación de compra, vas a elegir naturalmente la casa más eficiente y eso le manda también una señal al constructor. Esto lo vemos en Argentina: desde que los artefactos a gas y eléctricos se han etiquetado, el consumo por usuario de viviendas en Argentina ha disminuido sin perder calidad, una heladera antigua probablemente consuma tres veces más que una nueva. Ahora que tenemos una actualización de los precios de la energía, es otro momento para insistir sobre las herramientas que tiene el usuario para reducir el monto de su factura y administrar mejor su consumo.
-¿Qué hace falta para que ese avance que se logró con los electrodomésticos y gasodomésticos, se logre también en el sector de la construcción de las viviendas?- Las medidas están, pero evidentemente no hay conciencia o no hay decisión, no son de carácter obligatorio, la etiqueta existe como referencia, no es obligación usarla cuando uno va a una inmobiliaria. En las inmobiliarias de los países europeos, la etiqueta energética es natural a la hora de comprar un departamento; así como uno quiere saber cuánto son las expensas, de la misma manera la etiqueta de eficiencia energética va a determinar el costo de energía durante todo el año.
- ¿Hay formas de medir el ahorro que representan los aislantes térmicos o el DVH?- Más o menos la mitad del consumo, y a veces más, depende de la vivienda. Por ejemplo, comparamos una vivienda en Buenos Aires con una en el sur de España y el consumo en esta última es la mitad. En el sur la comparación es todavía más impresionante: por metro cuadrado, Bariloche consume cinco veces más que una misma vivienda en Suecia, lo cual muestra que no es un problema de condiciones climáticas, sino de cómo están construidas las viviendas.
- Desde ya habría un ahorro para el usuario, pero uno muy importante para el país en su conjunto.- Exactamente, porque nos evitaría tener que importar en los meses de invierno, lo cual ya es un ahorro importante, pero además nos permitiría no cortarle a la industria, que ese es un costo inmenso que muchas veces no lo cuantificamos. Si una industria tiene que parar 2 o 3 meses porque no tiene energía, tiene un costo inmenso que le pega a la economía. También les pega a los generadores eléctricos y no nos permite exportar y darle a nuestros vecinos. Es un juego donde todos perdemos, cuando todos podríamos ganar, y ahí está el rol de la diferencia que hace la eficiencia.